Por Jaguar Negro
Cancún, Quintana Roo. El pasado domingo Reyna Tamayo se quedó como nueva dirigente del PAN al derrotar a Eugenia Solís, ex diputada y parte del grupo político de Eduardo Martínez Arcila, y puso fin a varios años de esa hegemonía que dejó saldos muy negativos para el partido azul.
Lo que recibe es un partido que acumula derrotas electorales, después de haber ganado la gubernatura en 2016 con Carlos Joaquín, divisiones y un cúmulo de sinsabores que hicieron que hoy sea una fuerza muy disminuida, muy por debajo de Morena, el Partido Verde, e incluso, que Movimiento Ciudadano que viene en alza.
En el haber sólo están dos municipios, Isla Mujeres y Solidaridad
El primero con una Atenea Gómez a punto de pasarse al Partido Verde (de moda), según los trascendidos; y Lili Campos, que se ha convertido en el único referente sólido del PAN, y quien buscará la reelección contra la diputada Estefanía Mercado, del Partido Verde.
Para ello, su gobierno ha desplegado una serie de programas y obras que abonan para lograrlo.
Ha mejorado notablemente la Quinta Avenida en cuanto a seguridad y eliminó parquímetros en zonas que, más que nada, entorpecían la circulación y la economía local.
Tamayo tendrá sobre sus espaldas el reto no menor de hacer crecer un partido que ha sido, sin dudas, vulnerado por neo-panistas-morenistas, quienes en el proceso electoral pasado se colaron a hacer campaña con la el partido guinda, y ahora, forman parte de la nueva estructura del PAN.
Bajo este panorama, no se augura más que un futuro con más derrotas y subordinado totalmente a Morena.
Pasarán muchos años para que el partido azul, que supo tener hombres y mujeres de firmes convicciones y construyeron el partido en Quintana Roo, pueda revertir la calamidad de dirigentes que no dejaron más que ruinas y cuentas oscuras.




















