
Por Jaguar Negro
El protagonismo es un acto sumamente arriesgado, más aún si se esboza sobre tablas flojas y resbaladizas. Tremendo es el resbalón que se comió el líder del Congreso de Quintana Roo, Humberto Aldana con el caso Aguakán, a quien pretendió expulsar del estado como único protagonista de la fallida película.
Nos acaban de informar que la concesionaria Desarrollos Hidráulicos, conocida comercialmente como Aguakán, logró de la justicia federal la suspensión definitiva (Núm expediente: 1323/2023), dado que tiene una concesión hasta 2053 otorgada por la legislatura, cuando el PRI gobernaba Quintana Roo.
Fallida cruzada del candidato
Así, el juzgado echó por tierra la cruzada en solitario que emprendió el diputado Aldana, que además, será candidato de Morena por la diputación federal.
A través de los medios de comunicación afines, Aldana justificó la acción con argumentos tan pedestres que conoce cualquier vecino de a pie, al que no le llega el agua al tinaco, mas nunca supo explicar a fondo los pilares sobre los que se sostenía dicha demanda, que de proceder afectaría a miles de mexicanos que invirtieron en esta concesionaria, a través de acciones en la bolsa de valores.
En el camino quedó la prácticamente expulsión de Julián Ricalde de la Comisión y el haber realizado la sesión en lo oscurito, a horas de que termine el año, para luego dar declaraciones a medios “amigos”.
Por el contrario, durante esos días Aguakán ganó el discurso en la calle con un duro pronunciamiento público y una narrativa que dejó, en pequeño, muy pequeño lugar al fallido actor político de esta película clase B.
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