El origen de los cambios en Morena de Quintana Roo, con la exclusión de la corriente que encabezó la senadora Marybel Villegas Canché.

 

 

Por Luciano Núñez

 

En política suele utilizarse la expresión: “La iglesia en manos de Lutero”. Se refiere al hecho de que una organización o institución quede en manos de quien no representa (y sobre todo, no interpreta) sus intereses.

Los movimientos en la dirigencia de Morena de Quintana Roo lanzaron un claro mensaje en el partido que creó el presidente Andrés Manuel López Obrador: borrar vestigios de lo que quedaba del movimiento que encabezó la senadora Marybel Villegas Canché. Sólo queda de ello los desplegados de medios de comunicación conservadores que comulgan con la línea editorial de Proceso, Reforma y El Universal: Anti AMLO y en contra de Morena.

Martín Lutero fue cristiano, es decir, seguidor de Cristo; un fraile y teólogo que tradujo la Biblia al alemán, pero la interpretó de otra manera: basado no en los pecados, sino en la fe de la iglesia. “El justo por la fe vivirá” (Carta a los Romanos 1:16 y 17). Por su dura y argumentada crítica a la iglesia católica es considerado el mayor protestante de junto a Calvino en el Siglo XVI.

Morena tiene sus liturgias

Para entender qué pasó en Morena en Quintana Roo, vale remontarse un poco a la historia. En el partido confluyen fieles fundadores y los advenedizos, sobre todo, después de la estrepitosa caída del PRI.

En esa legión llegó la senadora Villegas Canché, que antes estuvo en el PRD y pasó por casi todos los partidos. Eso sí: siempre ha tenido buenos números en las encuestas, pero ha hecho aguas en sus pilares ideológicos que pueden ser del color con el que venga pintada la oportunidad. En ese sentido, la ideología no ha muerto. Y hay quien todavía sabe ver un valor en ello.

Se coló en Morena y logró ser senadora con un alto porcentaje de votos. Hasta ahí la asociación venía bien. Fue designada en la Junta de Coordinación Política y todo marchaba sobre rieles con miras a su objetivo de 2022, apoyada por Ricardo Monreal.

Por lógica, el partido le otorgó un espacio basado en esos resultados para integrar la dirigencia del partido. La reunión fue tensa y participaron ―meses atrás—los grupos más solventes del partido. Pugnó y le tocó la secretaría general del partido, un espacio no menor por el que pasan casi todos los asuntos de la vida partidaria.

Se levantó de la mesa sin dar el nombre para apuntarlo después —a mano alzada con lápiz—: era el nombre de su esposo, Jorge Parra. No fue visto con buenos ojos por los fundadores, pero había que ver para creer en esa iglesia que tiene un solo líder: AMLO.

Desde ese espacio Parra decidió lanzar campaña abierta contra Mara Lezama y el Partido Verde, incluso, desde su propio celular. Ningún partido puede resistir tal provocación, como tampoco la de declarar como falsas la declaraciones del delegado, Oscar Cantón Zetina y, menos, calificar de líder pequeñito al que lo preside, Mario Delgado. Si bien la parcialidad no existe, no se trata de proclamarla y operar bajo intereses propios a costa de la dirigencia que le fue conferida, al menos eso dice la más simple lógica. Entendiéndose que quien sumó al Partido Verde a esa alianza es nada menos que el creador de Morena. En su visión el país no se trata de causas particulares, sino diversas en las que confluyen muchos actores y grupos e intereses, si se quiere.

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Aldana, el fundador

El partido decidió cortar el asunto de raíz para designar a Humberto Aldana como nuevo dirigente en Quintana Roo, un militante fundador que es reconocido y respetado hacia el interior. “Tiene criterio propio e ideología firme”, dicen los que lo conocen.

Sin dudas el partido en Quintana Roo ha dado un giro hacia las bases y la plena identificación con AMLO y sus causas con el proyecto de nación. En ese sentido, el “marybelismo” ha quedado fuera por vocación propia. Si no había tal convicción, como la tenía Lutero, había que crear o participar en otra iglesia donde los mandamientos fueran los que mejor representen sus causas o sus intereses.

¿Perderá votos el partido?: las proyecciones dicen que no. Incluso, la figura de Mara Lezama en Cancún representa a un Morena más amplio, con cercanía a la iniciativa privada, como Marcelo Ebrard, pero con el carisma suficiente para empatar con AMLO en las clases populares.

Como se decía anteriormente, de esa resistencia queda la panfletaria campaña de la derecha en algunos medios de comunicación conservadores, con argumentos que proclaman a Felipe Calderón y a Enrique Peña Nieto como los salvadores de un naufragio que nos hundiría a todos. Hasta ahora, el país ha refrendado con los niveles de aprobación a AMLO.

Ningún presidente en América puede presentar sus números: Ni (el impresentable) Jair Bolsonaro (Brasil), Alberto Fernández (Argentina), ni siquiera Justin Trudeau de Canadá.

Si se trata de las almas, la salvación tiene caminos diversos.

El pueblo elegirá con qué santo le ha ido mejor.

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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.

Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.

Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad. 

Actualmente es director general de Grupo Pirámide.

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