Las asociaciones civiles y sectores de las cámaras empresariales han tenido que impedir los excesos de un congreso que intentó, por varios frentes, cometer ilegalidades y extensiones de poder.
Es uno de los congresos más caros e improductivos del país.

Por Luciano Núñez
En el clásico Back to the future (Volver al futuro), de Robert Zemeckis, Marty McFly y el doctor Emmett Brown deben volver al pasado para corregir una escena de vida que afectará el futuro.
Se trata de una de las trilogías más exitosas de todos los tiempos, por los saltos temporales de un guión que juega también con las teorías de la velocidad de la luz y -en varios aspectos- la ética y la filosofía.
En el transcurso de esos viajes surgen, claro está, problemas graves que tienen que ver con el sentido moral del uso que le dan a esta tecnología y las consecuencias de cada acto humano: por más ínfimo que sea, genera consecuencias en la construcción de un futuro.
Queramos o no, todo lo que hacemos sigue una marcha que nunca se detiene.
Las discusiones políticas del actual Congreso del Estado se han centrado, en un buen y vasto tramo, en cuestiones de ilegalidad, de trampas, de excesos y aberraciones legaloides.
Ha sido esta legislatura una muestra de lo más bajo de la política, casi al mismo nivel que la anterior.
Pongámoslo en hechos concretos:

Quisieron tomar protesta con una ley obsoleta y para ello entraron forzando la puerta de un poder del estado. Hubo una feroz lucha por la coordinación en Morena y semanas de tiempo invertido en ello, claro está, pagado por nuestros impuestos.
Vino el experimento del “blockchaing” y la encriptación de contenidos, la toma de las instalaciones por grupos feministas. Nuestros diputados votaron contra la ley y la Suprema Corte les enmendó la plana. Y acaso el mayor debate fue el intento de reelección por 12 años, eso sí, con beneficio para los actuales diputados.
Ahora bien, la dura resistencia de los grupos civiles impidió esta absurda ilegalidad de legalidad básica, la más básica, y ahora la discusión se ha centrado en otra ilegalidad que pretendían o pretenden cometer: imponer a una compañera diputada en la Comisión Estatal de Derechos Humanos.
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En este caso, los diputados regresaron de un plumazo la ley al pasado, como en la película para dejar la ley como estaba en el siglo pasado, cuando el gobernador imponía al titular -que era otro funcionario de ornato- que raras veces emitía una opinión o atendía a una víctima. Sólo estaba centrado el asunto en las plazas y rentas de oficinas.
Ocuparía varias columnas en dar cuenta de la cantidad de aberraciones que se han tenido que impedir, como la ley que presentó la perredista Iris Mora, que generó amplio rechazo o la misma ley que presentó José de la Peña para aumentar el impuesto al Saneamiento Ambiental.
Todo depende de los partidos y sus líderes

La tecnología no permite volver atrás y corregir este Congreso del Estado, tal como hacen McFly y Brown. Sería un caos un mundo en el que se pudieran corregir tantos equívocos que cometemos como seres humanos que somos.
Pero podemos pensar, sobre todo en este momento clave, en qué tipo de Congreso queremos para los próximos tres años. Y eso depende únicamente de los partidos.
¿Por qué? No se puede pedir a la ciudadanía que vote mejor cuando la oferta es una imposición de las cúpulas partidistas y grupos de poder. Si llega un diputado que, a duras penas puede leer en tribuna, es porque un partido lo ha premiado con una candidatura, o lo que es peor, con una diputación plurinominal, de esas que nadie vota.
También están los que por un maletín compran un espacio por el que esperan retorno de inversión en tres años.
La discusión política estará condenada siempre a corregir la plana, impedir ilegalidades, corruptelas con entrega de dineros y contrataciones chuecas, si de origen los partidos no nos elevan el nivel de diputados. Un estado que tiene un dinamismo económico y migratorio tan importante como Quintana Roo se merece una mejor representación. Querer un poquito más a esta casa de todos.
Discusiones estériles
Si el pago de favores es la moneda para imponer a un espacio en el Congreso, seguiremos naufragando en discusiones estériles que no conducen a ninguna parte como las que he citado, por decir las más representativas.
Definiciones cruciales

Estamos justo en la coyuntura en la cual los partidos están definiendo a sus posibles candidatos para la próxima legislatura. Hay nombres que llaman poderosamente la atención por su pasado y por conductas, que hacen impensable que hoy formen parte de las posibilidades políticas. ¿Es ésta la oferta que nos merecemos?
Por fortuna la sociedad quintanarroense ha crecido en su aspecto crítico y democrático, en cuanto a que algunos temas se han salvado gracias a eso: la resistencia bien argumentada, sentada en la base del bien común y no la de la maleta. Hay algo más grande que se llama Estado.
No se ha creado una máquina como el DeLorean que nos permita ir a enmendar un error que puede afectar a los demás, pero se puede construir desde ahora un Congreso del Estado que nos ayude a enfrentar mejor el futuro. O siempre estaremos condenados a discutir el pasado o cómo salvar el presente.
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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.
Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.
Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad, Playa del Carmen.
Actualmente es director general de Grupo Pirámide y Vértice.
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