
Isabel Rosas Martín del Campo
El 15 de abril fue el Día Mundial del Arte, lo cual me alegra, aunque nunca he estado de acuerdo con los días establecidos, porque todos los días deberíamos de estar conscientes del poder creativo que tenemos como seres únicos poseedores de un intelecto derivado, a su vez, de esta capacidad que tenemos de extraer nuestras abstracciones, conceptualizarlas y convertirlas en existencia.
El arte, desde luego, es una sombra que nos acompaña lo queramos o no desde nuestra existencia en el mundo que hemos remodelado a nuestro antojo. Lo importante sería que nos detuviéramos a reflexionar en las palabras de Theodor Adorno, un pensador clave de los paradigmas del siglo XX que delinearon, los dramáticos cambios de la sociedad de nuestro siglo. Él nos dice: “el arte en sí mismo es un enigma”, porque tendemos a pensar que, al ser una expresión del que produjo la obra, eso lo convierte en evidencia, cuando es justamente lo contrario. Por eso, justo en lo profundo de su significación —puesto que solo es una interpretación de la realidad de quien lo produce— es donde se encuentra su enigma.

El enigma de la obra
Una obra de arte al ser mostrada, contemplada e interpretada por nuestra propia visión, al mismo tiempo, la convertimos en otro enigma más. Y así hasta la infinitud como un efecto dominó. Esto es lo extraordinario del arte; por eso el arte no muere con la muerte de su creador. Porque el arte no tiene tiempo, no pertenece a su época ni a su autor sino a la época de todos, porque cada que es visto y sentido vuelve a nacer en cada uno un nuevo enigma por descubrir.

El arte es descubrimiento, es origen y no tiene fin. Una obra finita solo es una idea básica, novedosa pero pobre; nos recuerda Locke en su filosofía de las ideas. El arte nunca será finito. En la gentileza de su originalidad esta su infinitud. Puedo traer para reafirmar esta idea, como el mismo escritor Francois Mauriac afirma, que el único éxito en el arte (literatura en su caso) es que el autor desaparezca y su obra permanezca.
Por eso, también, Kant nos refiere que el arte es en sí mismo es conocimiento. Cada vez que es habitado por el espíritu del hombre va dejando en su organismo y en su mente una parte de su expresión para aprender a través de la propia artisticidad que ofrece.
El arte nos obliga a pensar a plantearnos cuestionamientos que amplifican el conocimiento a partir de encontrar las respuestas a los por qué, a los quién, a los para qué, a los cómo, a los dónde, etcétera.
Y en el encuentro de estas respuestas deviene el asombro, otra capacidad inusitada del hombre para encontrarse siempre descubriendo. El arte, por ende es descubrimiento, es asombro si fuera evidencia no sería arte de ninguna manera.

Estética compositiva
Se cavila abiertamente que la obra de arte debe ofrecer una estética compositiva, desde luego que sí, siempre y cuando no se confunda nunca este principio con la belleza y la fealdad como juicio. Tenemos que comprender muy bien que el arte es estética, es música, es poesía y es ciencia y es estos cuatro conceptos a la vez.

Entendámoslo de esta forma: estética que viene de ais-thesis que es “sensación”, poesía es poi-esis que es origen (de no ser a ser), música que es sonido y silencio y ciencia que es técnica y es método. Por eso hay que erradicar la idea de que el arte en cualesquiera de sus expresiones: música, poesía, literatura, danza, pintura, cine y, desde luego arquitectura solo es composición estética.
El verdadero arte dentro de su creación es todas las artes en una, e
s ahí donde se encuentra su enigma y esa manera de llegar a todos quienes reciben su artisticidad. Repartiendo su mensaje comunicacional (o sea su enigma) para todos los tipos de recepciones estéticas: los visuales, los flemáticos, los quinestésicos o los auditivos.
Todas las emociones del hombre
Deseo terminar este mensaje que alude al Día Internacional del Arte, dejando claro que el Arte es una manifestación donde la sublimidad de su acto creativo no solo deja cabida al sentimiento de la alegría. El arte es una manifestación donde se encuentran todas las emociones del hombre. Como decía Wittgenstein —un pensador que trabajó mucho en la filosofía de las matemáticas y de la mente—: hay que erradicar la creencia de que el arte está en este mundo para alegrarnos.
El arte existe no para alegrarnos sino para hacernos sensibles a nuestra existencia y a nuestra imperiosa necesidad de gritar todo lo que sentimos a través de nuestra obra transformada en acto creativo cuyo afán es incorruptible y tiene una verdad que busca la inteligibilidad del mundo para manifestarla. Donde se van a develar siempre realidades muy individuales que, al mismo tiempo, se generalizan cuando se encuentra un punto dialógico que universaliza lo inefable del mundo.

Finalmente, quiero terminar acotando que entendiendo bien estas palabras podemos deducir que no todo acto creativo del hombre se eleva a la connotación de definirse como arte. La creación de arte va más allá de manufacturar algo. Sin embargo, también es importante saber que el hombre por la naturaleza de su inteligibilidad no queda exiguo de poder encontrar en cualquier momento esa intuición y esa indagación que le permitirá develarse y… ¡eureka! Haber creado arte.
Feliz día Mundial del Arte.
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(*) Isabel Rosas Martín del Campo es arquitecta, tiene una maestría en escritura creativa y actualmente estudia un doctorado en filosofía del pensamiento complejo. Su consigna es el estudio profundo del ser humano dentro del espacio arquitectónico como existencia. Es catedrática universitaria, capacitadora certificada, docente certificada para la asignatura de temas de arquitectura y es conferencista en Neuroarquitectura.
Vive en Cancún desde hace veintiocho años.






















En efecto el hombre es la única especie sobre el planeta capaz de dejar una huella, que trasciende a su existencia, obra que será apreciada por generaciones posteriores y a través de ella comprender la cultura y motivaciones de vida, finalmente el espíritu humano se comunica por medio del arte
Saludos nuevamente, estimado Cirino. Cómo siempre, acertados tus comentarios. Qué sería la vida, la realidad y la existencia si al hombre no se le hubiese ocurrido hacer Arte. Pienso que fue un acto inevitable, puesto que el Arte es inmanente al hombre. Saludos