Por Luciano Núñez

 

Si llegar al poder es todo un salto, también lo es el saber dejarlo o sucederlo. Todos los inicios de gobierno tienen un halo de esperanza que los protege durante un tiempo: según los cálculos no mayor al año. Luego la ciudadanía espera resultados del nuevo gestor que ya empieza a dejar atrás el impulso esperanzador. Llega la mitad del gobierno y las cosas se ponen más álgidas: no sólo los electores claman resultados, sino que la oposición empieza a hacer ver los errores. Después, si el plan no ha resultado hasta la mitad del camino, todo suele ser un dramático declive en el que los problemas estallan como campo minado: los números no cierran (deuda pública), la sensación de seguridad está por los suelos y el ánimo general corroe los días.

Antes que suceda todo esto, cada gobernante tiene un plan de salida que suele ser la sucesión o la entrega de mando. ¿Qué significa? Que el gobernante (presidente, gobernador o presidente municipal), prepara el campo para dejar a alguien que pueda cuidar esos baches que suelen producirse en un camino tan intrincado como lo es la política. O bien, entregarlo todo.

 Tres problemas suelen aparecer entre los más relevantes en este camino.  

1 – El sucesor debe ser del círculo rojo de confianza. Pero, ¿qué es la confianza en un ámbito en el que ya no se ven valores? De ahí que cada gobernante, como manda el viejo manual priísta, suelta a por lo menos cinco posibles hombres y mujeres a tejer una candidatura. Los pone a prueba. Los alienta y desalienta. Va midiendo cómo actúan ante las crisis que se enfrentan.

2 – Formar un candidato es cuestión de tiempo. Un candidato no se forja de la noche a la mañana. Van aprendiendo poco a poco el arte de poder hablar en público, argumentar, saber tratar a la gente de su entorno, tener poder de convocatoria y hacer empatía con los futuros electores. Todo eso lleva tiempo y, si el declive del gobierno ha empezado y no hay candidatos, hay algo que se ha estado dejando de hacer para el plan de sucesión; o bien, la idea es entregar lisa y llanamente del poder.

3 – Las condiciones políticas generales, diría el filósofo español José Ortega y Gasset, “las circunstancias”. Han sido pocos los gobernantes que han podido hacer una entrega-recepción a sus propios pupilos, pero los hay. No quiere decir que con ello se acaben los problemas, pero será más llevadero el asunto si la entrega de mando es a quien ha salido de la misma cantera. Unas veces las condiciones generales lo han permitido; en otras, todo ha terminado en un verdadero caos. En esta era de MORENA, las circunstancias son más que difíciles para la oposición con niveles de aprobación de 70 por ciento para el presidente que ha elegido concentrarlo todo. El dinero y el poder.

En Quintana Roo el tiempo ha alcanzado tanto al gobierno Estatal y los municipales; ambos enfrentan la última etapa, en la que deberán definir si entregan o suceden.

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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.

Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

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