Por Ignacio Alonso Velasco
La inexistencia de un “modelo de gestión intermunicipal consistente” entre las entidades federativas que integran la Península de Yucatán, está generando ineficiencia y falta de respuestas oportunas para lograr el desarrollo sostenible de esta área rural y turística del estado mexicano, lo que, a su vez, está generando situaciones de “ausencia de estado” o de “intervención desordenada” del mismo.
Por ello, en esta columna de opinión propongo poner en práctica la gobernanza territorial por medio del asociacionismo municipal como solución a las consecuencias negativas que se derivan de la disputa territorial sobre la población asentada en el territorio bajo indefinición jurisdiccional.
La ciencia económica, apoyada por la geografía y la sociología, ha llegado a la conclusión de que unas áreas intermedias, ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas (entre quince mil y sesenta mil kilómetros cuadrados, poco más o menos), y gozando de cierta homogeneidad interna, son los espacios óptimos para planear y promover el desarrollo. Hay que tener en cuenta que el área en conflicto entre los tres Estados de la Península de Yucatán, objeto de estudio en esta investigación, es de 10 mil 200 Kilómetros.
Hay un consenso general que admite que las regiones se definen naturalmente por la concurrencia de factores (geografía, historia, economía, costumbres, raza, idioma, etc.), en contraste con las divisiones artificialmente trazadas por la política, por la administración o por la técnica.
En las localidades pueden predominar intereses distintos a los de los grupos dominantes nacionales. Por tanto, los grupos locales pueden utilizar el aparato de Estado local y regional para promover sus propias políticas en oposición a las del aparato de Estado central.
El desarrollo desigual obliga inevitablemente al Estado a organizar su territorio por medio de alguna autonomía local. La abolición de la administración local y regional nunca resuelve la tensión de las relaciones entre el centro y las localidades.
Este desequilibrio económico en el interior de los Estados ha conferido especial urgencia a la revalorización de la región como el marco adecuado para el planteamiento de unos problemas cuya solución sin demora es requerida por una mentalidad que reacciona ante el subdesarrollo. Es evidente que en el Estado de Quintana Roo, las poblaciones más pobres y rezagadas se encuentran alejadas de la costa y de polos turísticos como Cancún, Playa del Carmen o Tulum. Están en el interior de la Península de Yucatán, que es donde se localiza la región bajo conflicto entre Quintana Roo, Campeche y Yucatán.




















