Datos de pobreza de la Secretaría del Bienestar, del año 2023, dicen que las carencias son ahora mayores en el histórico municipio, símbolo de la Guerra de Castas.

José Maria Morelos conserva números de 2017, con 80 por ciento de pobreza y 25 de pobreza extrema.

Luciano NúñezPor Luciano Núñez

Años atrás escribía una columna que se llamaba Pok-Ta-Pok. El cinco de enero de 2017 redacté una que se titulaba: “De vez en cuando nace un barrilete cósmico”. En ella, analizaba el estruendo que fue el discurso de un niñito —en el Congreso Infantil de Quintana Roo— y que retumbó fuerte en el país: Ángel Jacinto Noh Tun.

Narré que el pequeño había hecho la jugada del año porque puso en el mapa al que era, en ese entonces, el municipio más empobrecido de Quintana Roo, según datos de una institución de prestigio, como lo es Coneval.

8 años después

Revisando estadísticas, números: de eso se trata este trabajo, unas veces noble y otras amargo, encontré que 8 años después los indicadores más alarmantes en cuanto a pobreza los arroja ahora el municipio de Felipe Carrillo Puerto, gobernado por la morenista Mary Hernández, alcaldesa que ha sido señalada por escándalos que la involucran en suntuosas fiestas y viajes, que no se alinean con el lema: «primero los pobres”.

Los datos comenzaron a dispararse en 2020, cuando los indicadores decían que, con 79.84 por ciento, Felipe Carrillo Puerto era el segundo en pobreza de adultos mayores y primero en pobreza extrema, con 31 por ciento, muy por encima de José María Morelos, con 25 por ciento.

“Una persona que encuentra en situación de pobreza multidimensional, cuando no tiene garantizado al menos uno de los derechos para el desarrollo social, y sus ingresos son insuficientes para adquirir los bienes o servicios que requiere para satisfacer sus necesidades”, según precisa la misma Coneval.

Datos de 2023

Los datos más actuales, de 2023, dicen algo aún peor: el Informe Anual sobre situación de pobreza de la Secretaría del Bienestar, dice que en Felipe Carrillo Puerto, 81.1 por ciento de los habitantes es pobre, con 31.7 por ciento de personas en pobreza extrema.

El mismo informe, del mismo año, pero de José María Morelos, afirma que ese municipio tiene 80 por ciento de pobres, con 25 por ciento en pobreza extrema. ¿Qué ha ocurrido?

La explicación más simple es que la pobreza se mudó o, más bien, la mudaron. Es decir, la falta de oportunidades de empleo, de un pago digno, de acceso a los servicios públicos, ha ido empeorando conforme pasan los últimos años.

Hace años viajé mucho por este municipio y encontraba siempre en las casas una cosecha, una milpa, unas gallinas, y también, me decían que los jóvenes se estaban yendo, obligados a emigrar para trabajar en la hotelería. ¿Qué ofrece hoy en día la hotelería?: sueldos raquíticos, cese de trabajo en épocas difíciles y un largo etcétera.

Sin jóvenes un pueblo empobrece de manera abrumadora. Es entonces cuando pienso en ese Ángel de lengua filosa, una memoria prodigiosa y la seguridad de un estadista. Ese muchachito que será hoy un hombre, que vivía en una casa  precaria de palitos y barro, junto a seis hermanos y sus padres.

Allá en Xcabil, un humilde pueblo con poco más de 10 calles, donde primero había que gambetear la pobreza para llegar a la escuela y pensar. “Pese a todo, de vez en cuando esa voz emerge para meter un gol imposible y despertar las conciencias”, había escrito en mi análisis.

El “culpable»

También debo recordar que aquella vez señalaron a su maestro: Raúl Báez Castillo. Lo acusaban de poner las palabras en la boca del niño.“Acepto que soy responsable de su formación ética y cívica, pero el entiende de lo que habla», admitía el docente.

Para Ángel, la corrupción representaba el apoyo negado a sus padres, cuando su madre no tuvo más que empeñar una soguilla (cadena de oro), que era el mayor patrimonio y ahorro de la familia.

“De vez en cuando duele esa pobreza, para dejar de sentirnos tan cómodos rodeados de tantas cosas y más cosas”, decía en aquel Pok-Ta-Pok. “De vez en cuando un barrilete cósmico hace una jugada que deja un haz de luz que no se apaga. De vez en cuando alguien arma una jugada que nos pone de pie y nos ancla en el presente y nos recuerda “el robo descarado e impune” que asoló a Quintana Roo, cuyos efectos persisten.

Hace 8 años escribí que José María Morelos, según Coneval, tenía casi 40 por ciento de sus 1500 habitantes tenía carencias alimentarias: leve, moderada y severa. Y el 80 por ciento tiene carencias a servicios básicos en vivienda. Y 12 mil personas (34 por ciento) viven con hacinamiento.

Ese 80 por ciento no se ha movido; lo alarmante es que ahora Felipe Carrillo Puerto lo ha superado. Nos hace falta un Ángel que ponga en el mapa lo que está ocurriendo con esta lastimosa competencia de carencias. Nos hace falta un barrilete cósmico.

 

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