Por Grupo Pirámide

Desde hace años que se han incrustado en la democracia tanto la compra de votos como la publicidad falsa o engañosa (fake) en redes sociales.

Son dos prácticas igualmente dañinas que lastiman el verdadero sentido de la democracia: decidir. Tener la libertad de escoger qué es lo que queremos para nuestros destinos políticos territoriales: el nacional, estatal y municipal.

Hace años fue popular el juego de las monedas y la democracia.

En el experimento social son entregadas diez monedas a igual número de personas. Luego aparece un mediador que ofrece dinero a cambio de cada una. La mitad acepta, algunas con cierta resistencia, aunque sepan que de esa manera pierden la capacidad de decidir, de seguir participando.

Luego entonces, quien compró las cinco monedas ya tiene la mitad de la decisión comprada y casi ganada. Y de los cinco que restan, al menos cuatro deciden no votar, como es el porcentaje de abstencionismo en cada elección: alrededor del 40 por ciento.

Entonces, gana con facilidad la elección quien compró los cinco votos.

En cuando a la publicidad engañosa o fake, que se ha popularizado tanto en Estados Unidos y terminó en un largo juicio, quienes elaboran y publicitan este tipo de contenidos saben que hay un porcentaje de votantes al que inclina su decisión, es decir, este tipo de información logra su cometido de convencer a un sector con mentiras.

Así como en el juego de la moneda, hay dinero de por medio y quien gana, desde luego, es el dueño de la plataforma: Facebook, Twitter, Instagram o Google.

Es por ambas prácticas que sólo el salir a votar puede hacer frente a este embate que ha incrustado la desconfianza y el desánimo en la población.

No sólo es salir a votar, sino explicar a quienes tenemos en nuestro entorno de qué se trata este ejercicio, las implicancias que tiene y el valor de una elección.

La única defensa es votar.

 

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