Ayer Novak Djokovic ganó su grand slam 23 con mucha inteligencia y aplicando estrategias de juego, frente a jugadores veinteañeros que corren por toda la cancha y sacan a alta velocidad.
AMLO tomó las riendas como estratega de Morena para definir qué le tocará a cada “corcholata” que no gane la encuesta para evitar las rupturas. En tanto, en Quintana Roo, grupúsculos abonan a la división y confrontación, eso sí, con bots o periodistas reconocidos, incluso en el ámbito nacional, por elaborar ingeniosos fake news.
Por Luciano Núñez
Novak Djokovic ganó ayer el Roland Garros, y con él, su grand slam 23. Es el jugador que rompió casi todos los records. y lo hizo con 36 años, pero sobre todo, con una estrategia milimétrica, física y mental.
A un velocísimo Carlos Alcaraz lo hizo correr toda la cancha en la semifinal, y la final, contra el noruego Casper Ruud, aplicó psicología demoledora de inicio a final. Y tiene resto para seguir ganando porque no hay nadie que juegue a su nivel. Es el último de los cuatro grandes de las últimas dos décadas que queda en pie, sólido como una roca. Admitió ayer que lo forjaron sus oponente: nada menos que Roger Federer y Rafael Nadal.
Compiten y todos ganan

Lo que sucede en Morena se parece a un partido de Novak. Cuando parecía que en Morena se avecinaba una ruptura, acaso la única chance de la oposición para tener posibilidades, llegó el líder, Andrés Manuel López Obrador, a poner la mano sobre la mesa para decidir cómo se repartirá el poder de los próximos seis años, es decir, cómo se jugarán los partidos de grand slam de la política: 4 aspirantes a la candidatura y cuatro espacios de poder para cada uno, desde ya el arranque del juego, asegurados. Todos se llevan un trofeo a casa. Quien gane será, con seguridad, presidente/a de la república; otros dos, coordinadores del Congreso de la Unión: senado y diputados, en tanto, el otro espacio será un lugar privilegiado en el gabinete. Fin del asunto.
Habrá encuesta única con cuatro espejos, no permitirán descalificaciones ni dineros públicos ni cargos que generen un desbalance en la contienda interna.
Ahora, la pregunta es: ¿Qué hará la dirigencia de Morena y la líder moral del partido, que es la gobernadora Mara Lezama, para que no se generen rupturas en Quintana Roo? Quizás una idea lógica sea la de tomar nota de los partidos de Djokovic o la distribución de poder que hizo, ya antes de las elecciones, el creador del partido: AMLO.
La pregunta tiene que ver, fundamentalmente, con la posibilidad de que las candidaturas locales de 2024 no dejen inconformes o, a quienes quieren reelección, o a quienes disputan candidaturas de gran impacto político social como lo es Benito Juárez, Cancún.
Sería algo así como un pacto salomónico en el que, cada parte en disputa se queda con algo, como si fuese una nueva edición del viejo PRI de la “dictadura perfecta”, en la que tanto el oficialismo como la oposición estaban en el mismo canal del ganar-ganar. Dicen que no vale tanto una idea sino el saberla recrear.
Margen amplio de maniobra
Hoy por hoy, AMLO es el presidente con los mayores niveles de popularidad y calificación positiva del mundo, tiene margen para mover fichas y armar las jugadas desde el tablero general. Y es un presidente que tiene mucho que ver con lo que pasa en Quintana Roo. Ha venido al menos 15 veces desde que la gobernadora asumió, a finales de septiembre. Es decir, así como no deja el partido a la deriva: siempre se reprocha que dejó el PRD y quedó casi en la extinción, no ha dado un paso distante de Morena: se ha mantenido cercano, e incluso, dictando señales desde su poderosa Mañanera.
En el caso de que algún inconforme quisiera salirse de la 4T, no tiene el tamaño suficiente para medirse con la popularidad ni la estructura presidencialista de AMLO. Ni el ámbito nacional ni local. Y si seguimos ese hilo hacia Quintana Roo, la gobernadora ha tenido el apoyo inédito del presidente, como se dijo en la Naderías Totales pasada, que no se había dado en los últimos 25 años. Ese respaldo se traduce en obras y programas que ya están en marcha.
Oposición inexistente
La oposición no sólo es inexistente en Quintana Roo, sino que en los municipios vota a favor de Morena, como en Benito Juárez, con el caso de la dirigente Reyna Tamayo. Es lo que dejó la paupérrima herencia de Eduardo Martínez Arcina, quien desapareció cuestionado por el reparto de ayudas sociales y dejó el PAN al borde de la extinción, para luego desaparecer del mapa. Es como si el oponente de Djokovic fuese, además, ayudado por el cuerpo técnico de su adversario. Así está la oposición.
El problema en el Morena de Quintana Roo es de índole interna: grupúsculos han jugado un partidos diferentes al que plantea AMLO: quieren un partido dividido entre quienes repartieron Regeneración y los que presentan propuestas y analizan; entre quienes piensan que se hace política con asistir a destapes y tomarse selfies, y los abren la cancha para sumar; entre quienes colocan consignas de unidad, cuando en realidad, proponen la división. Este grupúsculo ha encontrado en la obediencia y la sumisión la fórmula perfecta para escalar, como han escalado quienes ya han caído en desgracia en el partido que ha nutrido a Morena: el PRI. Para ello, han buscado apoyo o, en el anonimato de los bots, o periodistas de reconocida y fructífera trayectoria en la manufactura de fake news.
Es Claudia gana terreno
En lo que respecta a las corcholatas, varios dirigentes locales, como Renán Sánchez Tajonar, presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado, Francisco Elizondo, Guillermo Brahms, así como el último post de la alcaldesa de Cancún, Ana Paty Peralta, han dado muestras de su clara inclinación por la precandidatura de la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum (por ahora arriba en todas las encuestas) así como la gran mayoría de militantes y dirigentes del Partido Verde; en tanto, los «Ebraristas» evidencian hasta ahora una falta de cohesión y estrategia, además de rostros desangelados en Quintana Roo.
De ahora en más, los coordinadores de Morena, diputados federales y gobernadores no deberían promover a ninguna corcholata, en lo que será la precampaña presidencial, so pena de que el estratega intervenga para ordenar el partido, que comenzó bien, con mucha alegría; sin embargo, ninguna campaña se salva de los golpes bajo la mesa y las jugadas que pongan a sudar a la y los aspirantes. Y la teoría de Novak no es que gana el que corre más, sino el que corre lo suficiente y en el sentido correcto, 23 grand slam avalan su teoría.
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* Luciano Núñez Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado en géneros periodísticos en La Salle, Cancún, e Historia de Quintana Roo en la Universidad del Caribe y Sociedad Andrés Quintana Roo.
Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven, Tan Lejos y Otra Vez en Casa y la novela Magnificens Cancún, editada por Miguel Ángel Porrúa.
Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad, Playa del Carmen.
Actualmente es director general de Grupo Pirámide y Vértice.
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