Nicolás Durán
CANCIÓN PARA LA TREGUA
Retorna al fin la calma a nuestros cuerpos:
la pirotecnia sexual ha terminado
en la blanca amplitud del lecho,
en el alma de las rosas en tus labios
y la sombra ambarina de tu aliento.
Duermes,
mas es tu pecho
el suspiro prolongado
entona aún acordes de deseo,
devaneo de un fuego que fenece
con suavidad de pétalo dormido.
Las cumbres coronadas de tus senos
como nieves bermejas se derriten.
Sus puntas desafiantes son ahora
rosadas germinales del deseo…
Mis manos de su fuego son alarde.
Bajo las níveas mantas se adivina
la refulgente joya adormecida,
mojado vibrar de oro que descansa
en la baja planicie de tu vientre.
Tu sexo es un rubí, aletargado,
canción para la tregua mientras duermes
y en torno nuestro danzan luminosos,
brotando de la fuerza de la gema,
el amor de dos cuerpos encontrados,
hoguéricos fantasmas que se pierden.
ESTADO DE SITIO
¿Legiones de olvido a la memoria?
… Sitio a una ciudad
que se defiende en humo
y que de humo
reconstruye sus sueños.
¿Derribar los muros de los sueños?
… Un llover de pájaros oscuros
en la negra simiente de la noche.
Combates de sombras contra sombras.
Niebla y olvido confundidos
en la transparente piel de la memoria.
AGUA
Agua,
estás hecha de agua,
de aéreas transparencias líquidas,
de sueños de nieve.
Cuando la nube se sueña germinal,
candelabro de lloviznas,
fulges por las noches.
Te abrevo en la vigilia.
Sabes al cristal de la pupila
que mira siempre la claridad.
Nicolás Durán (Ciudad de México, 1960). Vive en Cancún. Es autor de los libros D.F., zona de desastre, y Esta noche Stanley duerme. Poemas suyos figuran en antologías. Preside el Premio Internacional Caribe-Isla Mujeres de Poesía y la editorial Cuadernos de la Gaceta.
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