Cristian Poot
PLEGARIA TELÚRICA
A Quintana Roo en sus 50 años
No es sólo la tierra,
aunque la tierra colme todo con su canto,
plegaria que permea todos los silencios.
Son también las manos que se complementan
en el inocente encuentro.
Son las palabras-ojo de agua
que resguardan la promesa inacabada de ser una salamandra.
Es preciso apartarse de la tierra para contemplarla,
cerrar los ojos, sofocarse en la erosión de uno mismo,
caer la noche, amanecer, estar solo;
contemplar las fotografías de las abuelas,
pensar en el verdor cotidiano de sus días;
mirar el asfalto cuyos frutos son los señalamientos de tránsito,
comprobar que sentirse verdaderamente solo
es no tener moneda en el bolsillo.
No es sólo la tierra,
aunque esta resguarde mi ombligo después de renacer,
enterrada por mis padres dentro del solar.
Plegaria telúrica cotidiana para los que se levantan temprano
y sueñan con sus manos la milpa,
en la zona maya de Morelos, Carrillo Puerto y Lázaro Cárdenas.
Asíncrona burbuja de plegaria
para las personas que esperan colectivo a todas horas
y sueñan con su sonrisa hospitalidades babilónicas,
en paraísos sin Dios: Cancún, Playa del Carmen, Puerto Morelos,
Tulum y dos islas.
Canto al agua y sus matices de azul
de ancianos estromatolitos bacalarenses
cuya esperanza es la misericordia
de quienes devastan un Jardín para venderlo.
Un rezo telúrico presentado por oficio
en una Capital de tardes magenta sepultada en legajos
y oficinas que gotean cortisol.
No es sólo la tierra,
aunque la tierra colme todo con su canto,
plegaria que permea trenes y muertes violentas;
mujeres, ancianos, niños, milpas, solares,
viviendas hacinadas de interés social,
antros, playas, selvas, lagunas e iglesias
y sus santos rosarios.
No es solo la tierra, también es el mar,
el mar y el oleaje de edificios donde ocurre el milagro:
una mujer que siembra flores y frutos detrás de su pequeña
casa,
infinita prodigalidad.
No es solo la tierra,
ni el caracol en su escudo.
Es también el árbol de la vida en el centro de la plataforma de
la danza,
lienzos y amarras de tabaco:
la danza como gratitud y plegaria.
Y las raíces de ese árbol, cúspide del inframundo,
en que la danza eterna inicia.
Cristian Poot (Felipe Carrillo Puerto, México, 1992). Autor de los poemarios Nostalgia de pájaros, Infancia remota y Solares.
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