Javier Alvarado

LA MUERTE Y SU BARCO

La muerte regresa a tientas con su barco.

Escupe sus negros esclavos, sus piezas de mercadería.

Regresa desde los sueños en forma de galeón o de canoa.

Es en nosotros que vive con su llanto sumergido.

 

A veces me pregunto a quién llaman mis padres

desde la senilidad con sus tantas voces,

¿por qué se repiten mis abuelos en los mismos hábitos

de hablar con la nada

o de esparcir sus fotografías

en el garabato de la niebla?

 

Aún no se esconden las cosas presentes y los veo

jugar con los nietos, que permanecerán cantando para siempre

cuando hay brea sobre estos puertos,

o gaviotas confusas que se posan en los mástiles y en las cuerdas

a diatribar con los gallotes.

 

No hay más misterios nivelados que observar el mar

y su llanto sumergido,

esos dioses gemebundos

que bostezan despacio o que se llenan la boca con fabulaciones

de foca o de ballena.

 

Es este miedo a respirar las sales que ya conozco,

a visitar esos puertos donde se quedó mi cuerpo de tritón

o de almirante,

escribir los mismos poemas

que circularon con las estrellas de la espuma

o recordar esa balada que va en la boca de los longorongos

que gritan sus orgasmos repletos de fiebre;

vegetar en mi espejo que se vuelve un caracol henchido

o una furia oceánica que se repite como un triste maremoto.

 

Por eso atestiguo el recolectar con mi caña de pescar estas imágenes,

estas verdades que tiemblan y se agitan en el fondo

de todas las nadas como peces que resguardan la tranquilidad del aire

o como burbujas secas que se quedan vacilando

en mis manos como medusas.

 

La muerte me llevará a todos los puertos

e irá doblando mis pantalones y mis restos de equipaje.

 

Seré más oscuro o luminoso cuando recorra

las huestes y las epopeyas de otros mares, seré joven o viejo

o quizás oblicuo como todo resplandor que nace.

 

A veces creo que cada día

la muerte nos prepara para entrar en su barco.

Javier Alvarado (Ciudad de Panamá, Panamá, 1982). Es autor de, entre otros poemarios, Tiempos de vida y muerte, Poemas para caminar bajo un paraguas y El mar que me habita. Con su libro Viaje solar de un tren hacia la noche de Matachín, obtuvo el XV Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, convocado desde Chetumal.

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