Constantino Kafavis
ESPERANDO A LOS BÁRBAROS
—¿Qué esperamos congregados en el foro?
—A los bárbaros que hoy llegan.
—¿Por qué esta inacción en el senado?
¿Por qué están ahí sentados sin legislar los senadores?
—Porque hoy llegarán los bárbaros.
—¿Qué leyes van a hacer los senadores?
—Ya legislarán, cuando lleguen, los bárbaros.
—¿Por qué nuestro emperador madrugó tanto
y en su trono,
a la puerta mayor de la ciudad,
está sentado, solemne y ciñendo su corona?
—Porque hoy llegarán los bárbaros
y el emperador dará a su jefe un pergamino
con muchos títulos y dignidades escritos.
—¿Por qué nuestros cónsules y pretores
salieron hoy con rojas togas bordadas,
por qué llevan brazaletes con tantas amatistas
y anillos engastados y esmeraldas rutilantes,
por qué empuñan preciosos báculos
en plata y oro magníficamente cincelados?
—Porque hoy llegarán los bárbaros
y espectáculos así los deslumbran.
—¿Por qué no acuden,
como siempre,
los ilustres oradores a decir sus discursos?
—Porque hoy llegarán los bárbaros
y a ellos les fastidian la elocuencia y los discursos.
—¿Por qué empieza este desconcierto, esta confusión?
(¡Qué graves se han vuelto los rostros!)
¿Por qué calles y plazas aprisa se vacían
y todos vuelven a casa compungidos?
—Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
contando que los bárbaros no existen.
—¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esa gente, al fin y al cabo, era una solución.
POR LAS TABERNAS
Por las tabernas y burdeles de Beirut mal vivo.
No quise quedarme en Alejandría.
Me ha dejado Tamidis,
se marchó con el hijo del prefecto
para tener una villa junto al Nilo,
una mansión en la ciudad.
No estaría bien que me quedara en Alejandría.
Por las tabernas y burdeles de Beirut mal vivo.
En un vulgar libertinaje,
llevo una mala vida.
Lo único que me salva,
como una belleza inagotable,
lo mismo que un perfume que perdura en el cuerpo,
es que fue mío por dos años Tamidis,
el joven más maravilloso.
Fue mío
sin yo tener una casa o una villa junto el Nilo.
ÍTACA
Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca,
ruega que tu camino sea largo
y rico en aventuras y descubrimientos.
No temas a lestrigones,
a cíclopes o al fiero Poseidón;
no los encontrarás en tu camino
si mantienes en alto tu ideal,
si tu cuerpo y tu alma
se conservan puros.
Nunca verás a los lestrigones,
a los cíclopes o a Poseidón,
si de ti no provienen,
si tu alma no los imagina.
Ruega que tu camino sea largo,
que sean muchas las mañanas de verano,
cuando, con placer, llegues a puertos
que descubras por primera vez.
Ancla en mercados fenicios
y compra cosas bellas:
madreperla, coral, ámbar, ébano
y voluptuosos perfumes.
Compra todos los aromas sensuales,
ve a las ciudades egipcias
y aprende de los sabios.
Siempre ten a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu meta,
pero no apresures el viaje.
Es mejor que dure mucho,
ancla cuando ya estés viejo,
pleno con la experiencia del viaje.
No esperes la riqueza de Ítaca.
Ítaca te ha dado un bello viaje,
sin ella nunca lo hubieras emprendido,
pero no tiene más que ofrecerte,
y si la encuentras pobre,
Ítaca no te defraudó.
Con la sabiduría ganada,
con tanta experiencia,
habrás comprendido al fin
lo que significan las ítacas.
Constantino Kavafis (Alejandría, Egipto,1863–1933). Es una de las figuras literarias más importantes del siglo xx y uno de los mayores exponentes del renacimiento de la lengua griega moderna. Entre sus libros se hallan Cien Poemas, Kavafis íntegro y A la luz del día.
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Entonces hay cosas nuevas por conocer, me encantó Esperando a los bárbaros y esto, q es lo primero q leo, de Kavafis. Gracias por compartir.