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Reseña | Magnificens Cancún: una novela de impecable trama y diálogos que atrapan | Jorge González Durán

Jorge González Durán

Magnificens Cancún es una novela de impecable trama y diálogos que atrapan para no soltarla, está hecha de atajos deslumbrantes para llegar a un final inesperado, un final cargado de desolación y melancolía. Construye a Bruno, un personaje de pies a cabeza, entrañable.

Describe, casi con detalle, la atmósfera política y periodística de Tucumán, con una irremediable atmósfera de decadencia. De El Under, de la norteña provincia argentina, a El Caribe, de Cancún, en el Caribe mexicano, hay seis mil kilómetros de un largo desierto humano, de ciudades, ríos y lagunas y mares tan ajenos a nosotros como nosotros a sus afanes. Y sin embargo, las afinidades son perceptibles.

Bruno, insustituible personaje, hizo una notable carrera periodística en su provincia natal, pero en plena juventud fue expulsado por la mezquindad, la traición y la falta de horizontes. No le fue difícil decidir que Cancún era el lugar indicado para vivir y quizá fincar un nuevo destino. Esto de nuevo destino suena cursi y grandilocuente, pero los migrantes piensan en eso, piensan en eso y en cualquier cosas menos en regresar de donde los expulsó una ingrata historia que en la mayoría de los casos prefieren no olvidar para contarla a sus hijos y nietos.

Bruno —agudo observador, intuitivo, buen redactor, especialmente bueno para narrar historias de corrupción, marginalidades y abandonos sociales— pronto llegó a tener un buen caudal de fuentes —imprescindibles para un buen reportero— y en unas semanas tenía en su agenda a los principales políticos de Quintana Roo. Sus notas casi siempre eran de primera plana.

La novela nos toma de la mano para llevarnos a los intrincados y casi siempre sórdidos espacios del poder.

El protagonista se sumergió en la historia local de su tierra adoptiva. Entendió muy bien que esta tierra es pródiga no por el turismo, sino por su historia tan llena de episodios fundadores, como el naufragio de Gonzalo Guerrero y la llamada Guerra de Castas.

La novela nos toma de la mano para llevarnos a los intrincados y casi siempre sórdidos espacios del poder. Al final de cuentas, tanto en Tucumán como en Cancún, los dueños de los periódicos son esos truculentos personajes que no elaboran ningún reportaje, pero que ordenan a quién se pone en la picota y a quién se absuelve.

En el transcurso de este alucinante viaje por las páginas de Magnificens Cancún, yo me pregunté muchas veces si Bruno era feliz, y llegué a la conclusión de que lo fue en muy contadas ocasiones. Una de ellas fue cuando realizó un inopinado viaja a Tucumán sólo para darle un beso, con la mesa de un café de por medio, al único amor que quizá tuvo: Estela. Dejo así este nombre, solo. Un beso leve, casi tímido, pero que colmó su alma. Ella, cuando lo vio, tuvo esta reflexión: “No había duda en que la gente cambia, pero en algún punto, en algún pequeño espacio, algo queda incólume al paso del tiempo.”

La otra fue cuando viajó a la cárcel de Cancún para visitar a su amiga Cristina, con la que había tenido una fugaz, pero intensa relación. Él hubiera sido capaz de cualquier cosa con tal de verla libre y segura, pero ella tenía otro plan.

Decide ir, lo supimos desde el principio, a un retiro para encontrar una paz espiritual que le estaba vedado. No se queda a dormir en el retiro y se va a la playa. Después de contemplar una irrepetible puesta de sol sobre la laguna Nichupté, Bruno siente que “el momento ha llegado”, pero la novela no puede terminar así. Hay muchos cabos sueltos que Bruno tiene que revelar, como el móvil del asesinato del hombre más cercano al gobernador de entonces, y los tejemanejes de los poderosos de la prensa con el poder. Nada de que “sintió que llega el momento”.

Jorge González Durán (Chocholá, México, 1950). Periodista y escritor. Dirige el programa Desde el Café, de Radio Caribe, en Cancún. Es autor de los libros Aquí los congregó la aurora, Memoria de la guerra vieja, La rebelión de los mayas y el Quintana Roo chiclero, y Los rebeldes mayas de Chan Santa Cruz.

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