Sergio Cordero

La colección de cuentos Lluvia de noche y otras acanalladas narraciones de Carlos Vadillo Buenfil (Campeche, 1966) no es un libro de tramas, sino de personajes y ambientes. Lo importante no es el diseño de causa-efecto de las acciones, que tiende a los finales abiertos más que a los cierres contundentes o sorpresivos. Lo que despierta el interés del lector es la manera en cómo el autor, excelente retratista, delinea la figura y el entorno de los personajes con un estilo minuciosamente cuidado en el que conviven sin conflicto un habla coloquial no exenta de regionalismos, una tersa elegancia prosódica e imágenes con un alto grado de plasticidad.

Las tramas, insisto, no sorprenden, aunque así lo sugieran algunos de sus puntos de partida. En el cuento que da título al libro, un topógrafo debe ir a trabajar a un apartado pueblo en el que no hay hoteles ni mesones ni lugar alguno donde pueda hospedarse, por lo que no le queda otra que refugiarse en una suntuosa tumba del cementerio. En “La flor de shkanlol”, se relata el caso del fantasma de un parroquiano asesinado en una cantina, quien se bebe las botellas sin necesidad de abrirlas, en venganza porque el dueño del antro encubrió el crimen. En “Ciertos malandrines”, el hijo de una familia acomodada tiene unos vecinos conflictivos y, aunque le han prohibido frecuentarlos, insiste en visitar a la hija menor de ellos, de quien está enamorado, pero no logra salvarla del marasmo familiar en el que ella vive. “Poeta laureado” presenta una divertida sátira sobre el típico poeta de provincia a quien, en su afán por ganar prestigio y reconocimiento, no le importa recurrir a cuanto truco sucio o intriga tortuosa tenga a su alcance. Para lograr sus propósitos, cuenta con un cómplice, quien roba el cuadernillo donde un poeta rival escribe sus poemas y descaradamente lo plagia. No sabe que, al final, terminará siendo víctima de su vanidad. En “Un reptil”, una hermosa muchacha, para la que su padre planea una exitosa carrera de modelo, se ve reflejada en la mujer tortuga que se exhibe como atracción en un pequeño circo y a quien la muchacha ayuda a escapar de su cautiverio.

Según Vadillo, la última narración del volumen, “En los labios de los vivos”, no formaba parte originalmente de la colección de cuentos, pero decidió incluirla porque, a su juicio, coincidía con la temática general del conjunto. Un grupo de muchachos en bicicleta, guiados por Diego, el mejor amigo del narrador, van en busca de una extraña cruz ubicada en un lugar de difícil acceso en la periferia de la ciudad. Al encontrar la improvisada capilla donde la cruz se encuentra, los muchachos deben enfrentarse a su cuidador, un viejo que les cuenta la historia de una mujer a quien llamaban “La Muda”, quien, para salvar de la muerte a su hijo, decide dejar la prostitución y convertirse en monja.

Opino que el cuento es bueno y que es afín a la temática del libro, pero hay un cierto cambio de tono, establecido por la óptica del joven narrador, que lo vuelve menos caricaturesco de los otros cuentos y le da un tinte un poco más sombrío.

En la presentación de su libro, en la pasada Feria del Libro de Monterrey, Carlos Vadillo explicó que calificó a sus narraciones de “canallescas” aludiendo a cierta perversidad en la índole de los personajes. Yo, en cambio, aplicaría a sus historias un concepto un poco distinto: la marginalidad. Sobre todo, la marginalidad como refugio, cuando los paradigmas de “lo normal”, exigidos por la sociedad, agobian al ser humano y lo obligan a buscar soluciones heterodoxas o incluso bizarras.

Hay mucho del aire de las antiguas fábulas, de esos “ejemplos” como los de El conde Lucanor, en los cuentos de este escritor del sur del país, heredero de la tradición cuentística dejada por autores como Juan de la Cabada y Eraclio Zepeda.

Sergio Cordero (Guadalajara, México, 1961). Poeta, narrador, crítico literario, dramaturgo, traductor y editor. Son algunos de sus libros Vivir al margen, Escrito en el noreste y otros textos sobre literatura regional, De hallazgos e invenciones, Oscura lucidez, Enemigo interior y Los ojos de Anya.

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