CAPÍTULO V
Secuencia familiar en luto
Jorge Ugalde
Vivir el proceso de muerte de un padre de familia no es sencillo. Se trastocan todas las secuencias familiares, desde las más elementales hasta las más complejas. De lo emocional a lo económico. Quedan bombardeadas la base y la estructura familiar. La tormenta baja de intensidad con el tiempo y a la larga llegan la resignación y la posibilidad de entender el aprendizaje que hay detrás de la pérdida.
Mucha gente asistió al velorio de mi padre. Fue una persona querida en los ámbitos donde se desenvolvió.
Fue necesario darle una pastilla a mi madre para tranquilizarla porque si no, hubiera muerto de dolor al ver a su esposo en un ataúd. Días después, nos preguntó qué había pasado. No recordaba nada.
El velorio de mi padre es de los pocos sucesos que no tengo registrado en mi memoria. Tengo algunas reminiscencias muy vagas. Recuerdo que Laura fue al velorio acompañada por su mamá. Llegó por la noche y estuvo hasta la madrugada. Al día siguiente, lunes, enterramos a mi padre y dio inicio el camino complejo del duelo. Fue una etapa complicada en mi casa. Mi mamá no tuvo consuelo por muchos meses y años. Mientras, mi hermana y yo aprendimos a sostener a mi madre sin tener muy claro quién nos sostenía a nosotros.
Nadie de la familia de Laura sabía de la relación de noviazgo que teníamos. Meses antes había dicho que no debían enterarse porque sus hermanos eran celosos y su mamá muy especial. Pero, curiosamente, por Laura nos vimos muchas veces en su casa.
Pronto me di cuenta de que los hermanos no eran celosos y que la mamá sí era especial. Estaba bajo tratamiento psiquiátrico y en muchas ocasiones se notaba ausente o se quedaba dormida mientras platicábamos. Laura sólo se reía y decía: « ¡Ma, ya te quedaste dormida!»
El martes, por el cansancio y la depresión, me fui a la escuela en el coche que dejó mi papá. No me sentía bien y decidí ir a casa de Laura. Me recibió su mamá y comentó que su hija había salido. Me invitó a pasar a la sala para platicar. Ese día la noté más lucida que otros días y, en un momento de la charla, me dijo:
—¡Ay Jorge, si usted supiera la verdad de mi hija!
Eso me puso en alerta y contesté:
—¿Verdad de qué?
—Es que no sé si deba decírselo. Se lo digo si promete que no le dirá nada a mi hija.
—No se preocupe. No diré nada —alcancé a contestar, pero en mi interior había un enorme deseo de salir corriendo de ahí.
La señora lo soltó sin miramiento:
—Mi hija es casada. Después de que salió de la secundaria se fue de la casa. Se fue con un hombre mucho más grande que ella.
La señora, al ver mi rostro de incredulidad, se incorporó y fue por un álbum de fotografías.
En mis adentros, pensé: «Esta señora me quiere alejar de su hija porque considera que no soy buen partido para ella.»
Mi mente se nubló y sólo alcancé a poner atención en pocos detalles.
El tipo tenía un negocio cerca de ahí y vi su rostro en una foto en blanco y negro.
La señora achacó esta situación al tipo. Dijo que había presionado a su hija, aprovechando que era una adolescente. Iba a seguir comentando, cuando sonó el teléfono y contestó:
—Hola, hija. Aquí está Jorge. Te lo paso.
Fui donde estaba el teléfono.
—Hola. ¿Qué haces ahí? ¿No deberías estar en la escuela?
—No me sentía bien para estar en clase y preferí pasar a verte.
—Paso por ti en unos minutos.
—Mejor nos vemos en la escuela. Traigo el coche de mi papá. Nos vemos en el estacionamiento.
—Ok.
Colgué el auricular y le dije a la señora que me iba.
—¡Ay, Jorge! Por favor, no le diga nada a mi hija.
—No se preocupe. Agradezco su confianza.
Al dirigirme a la escuela, vi en un alto la camioneta de Laura. Pensé que era ella, pero al darle alcance quedé pasmado al ver que era el tipo de la foto que me había enseñado la señora. Seguí la camioneta hasta que se metió en un taller mecánico.
Llegué al estacionamiento de la escuela y Laura ya estaba esperando.
—¿Qué tienes?
—Estoy triste.
—Es normal. Ayer enterraste a tu papá.
Me abrazó y me besó.
—Cuándo venía para acá vi tu camioneta, pensé que eras tú, pero la llevaba otra persona —solté para ver la reacción en su rostro.
—Se descompuso y la llevé al taller. Seguramente era el mecánico que salió a probarla, por eso traje el otro coche que uso poco —dijo sin inmutarse.
Agaché la cabeza y guardé silencio.
En dos días mi vida cambió drásticamente: enterré a mi padre y la relación con Laura parecía entrar en el sinuoso callejón de lo condenable.
Jorge Ugalde (Ciudad de México, 1963). Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana. Es productor de enlaces a distancia, productor y editor de videos, asesor en Marketing Digital, Community Manager, y profesor del taller de escritura en el Programa Cultura Viva Comunitaria 2023 de la Alcaldía de Gustavo A. Madero.
.La novela Amor mortinato se encuentra disponible en: https://www.amazon.com.mx/Mortinato-Jorge-Francisco-Ugalde-Garc%C3%ADa-ebook/dp/B08X4F2DFW
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