Por Abraham Gorostieta
Playa del Carmen, Quintana Roo.- Los camiones de recolección de basura pasan dos veces en Playa del Carmen. Una vez en la mañana y otra en la noche. Es un poco ridículo, los botes de basura que se vaciaron en las mañanas, continúan vacíos en la noche.
Solidaridad es el municipio que mayor crecimiento poblacional y económico registra la OCDE en toda América Latina pero también es uno de los municipios donde se registra una mayor concentración de pobreza, esto según datos de México ¿cómo vamos? que dirige Laura Poy.
En una de las vueltas que hace el camión recolector de basura logro interceptar a don Erasmo García, uno de los trabajadores de limpieza que día a día recogen la basura de todos los hogares.
Con una sonrisa que se percibe en sus gestos detrás de un tapabocas, señala que «eso del coronavirus está cabrón». Dice que no tiene miedo de contagiarse pero se sabe expuesto todos los días. Lavarse las manos en su trabajo es un lujo que no puede darse. «No me da miedo enfermarme, lo que me da miedo es no tener para comer», asegura mientras carga y arrastra bolsas de basura de los distintos botes que hay en las banquetas.
Es un hombre de 48 años de edad. Macizo y entrón. Sudado, el sol es inclemente, con el antebrazo se limpia las decenas de gotas saladas que le brotan de la frente.
En Solidaridad no se acostumbra a separar la basura y por lo tanto todo va revuelto en las bolsas. En el camión se ve bolsas grandes con botellas de plástico PET y bolsas que contienen latas de aluminio. Montones de cartones acomodados en pacas. Ellos separan la basura que pueden usar.
Don Erasmo trabaja entre ocho y diez horas al día. Por medio de lo que puede escuchar a ratos, muy pocos, se ha ido enterando del coronavirus. Su esposa tiene diabetes y son padres de tres hijos, uno de ellos, el mayor de 19 años ya se casó.
Su vida no se ha modificado con la alerta sanitaria. «Tenemos que trabajar para comer. No trabajo, no hay comida». El miedo pasa a segundo término «pues si nos enfermamos ni modo. Yo no puedo dejar de trabajar».
¿No le da miedo la crisis económica que viene don Erasmo?, le pregunto incrédulo ante su gallardía.
Me mira desconcertado, como si yo le hablara en otro idioma. «¿Crisis económica?», me contesta. Truena los labios y agrega: «Desde que nací yo vivo en la crisis económica». Da un salto al camión y sigue en su trabajo.
Hasta la ultima evaluación de la secretaria de Economía en 2018, la economía de Quintana Roo crecía al 5.2 por ciento anual, mucho más de los dos puntos por encima del crecimiento de México en ese entonces. Sin embargo, este estado es uno de los que más deuda pública tienen. La deuda del gobierno de Quintana Roo representa un 8.1% de la riqueza que el estado produce y el municipio más endeudado del país es Solidaridad.
Don Erasmo es uno de tantos empleados que son vitales en estos tiempos de pandemia. Sin los trabajadores de limpieza y recolección de basura, la pasaremos mal. Y ahí va, con un cubrebocas sucio, sin poder lavarse las manos y expuesto todos los días a todo tipo de contagios. Llega a su casa. Saluda a su esposa y que sea lo que el destino les depare.




















