El secretario general de Bacalar, Guillermo Arturo Tun Ruiz, vive momentos aciagos desde su ingreso al cuerpo cabildar. Su cabeza pende de un hilo en la piedra de los sacrificios, dicen desde el “más acá”, por el descontrol que no ha sabido manejar con regidores propios y extraños. Justamente por eso, los concejales piden su cabeza para destrabar lo anegado del asunto. Como estratega de la política interna del municipio, no supo (o no quiso) leer la rebelión de los regidores en amotinamiento; y dejó en franca línea de fuego al presidente municipal, Alexander Zetina, que  tuvo que salir a hacerle frente al bloque opositor. Como principal responsable de hacer acuerdos, intentó la danza de la lluvia, pero salió buen creador de truenos y tormentas, acusan los semidioses. El Oráculo ha hablado…

 

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