Además de la pandemia, Mara Lezama pudo controlar grandes asuntos de Cancún, como la Seguridad Pública y la recolección de basura.
Gobernar Cancún nunca ha sido fácil. Su componente social: una licuadora de nacionalidades y estados de México, la hace una ciudad con muchas aristas complejas.
A Mara Lezama le ha tocado gobernar durante dos años sumamente adversos: primero el sargazo; y luego, la pandemia, a los que se han sumado los añejos problemas como el servicio de la basura y la Seguridad Pública.
Lejos ha quedado la imagen de risueña conductora y, ante estos retos, ha aflorado en ella una personalidad desconocida de firmes decisiones ante retos de gran calado: como el negar la construcción en Playa Delfines a Solaris; o dar marcha atrás al negocio de pocos de los contenedores inteligentes.
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Su gobierno ha sabido transitar al mundo digital con ECUN, plataforma capitaneada por Hugo Alday, pieza clave en su gobierno; y la inversión en obra pública comienza a verse y percibirse tras su segundo año de gobierno, sobre todo, en Puerto Juárez, una zona históricamente olvidada y de gran valor para Cancún.
Errores y aciertos
Su error más grande ha sido el abrir las puertas de su gobierno a grupos que, con el tiempo, mostraron sus verdaderas intenciones. Muchos han caído y otros deberán irse.
No fue menor el enfrentamiento con el gobernador por la excesiva violencia ejercida en nombre del Mando Único, al que, con gran acierto, Solidaridad nunca quiso ingresar.
Con el control de la Seguridad, la autonomía de la recolección de la basura y la “barrida” en Tránsito, donde se descubrió un nido de corrupción, posicionan a Mara Lezama para la reelección como pieza fuerte de Morena, y claro está, de frente a la gubernatura para el año 2022.




















