Foto: El Economista

La construcción del Tren Maya se ha centrado en estos días sobre el impacto ecológico de la obra sobre la selva en Quintana Roo y el que podría tener sobre el acuífero maya conocido como Sac Actún, la reserva de agua dulce más grande en México y el sistema de ríos, cuevas y cenotes subterráneos más extenso del mundo.

El pasado lunes, ambientalistas, investigadores, espeleólogas, biólogos, arqueólogas, activistas y artistas reiteraron frente a Palacio Nacional que el megaproyecto no cuenta con estudios de impacto ambiental, que la anunciada reforestación no cumple con criterios de biodiversidad y endogeneidad; es decir que se pretende introducir especies que no pertenecen al ecosistema; que los pasos de fauna no son los adecuados porque fragmentan la selva y aíslan a los animales y que en los trabajos de salvamento arqueológico “se están destruyendo los vestigios y sacándolos de su contexto, porque no hay tiempo para su estudio y protección”.

Ante ello, el arqueólogo Manuel Eduardo Pérez Rivas, profesor-investigador de la Dirección de Salvamento Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y responsable académico del proyecto de salvamento en la ruta del Tren Maya, reconoce que en cualquier obra que se realice “siempre hay un potencial de afectación”, pero rechazó que en el caso del Tren Maya se estén destruyendo los vestigios arqueológicos o que se pongan en riesgo los restos de asentamientos prehispánicos.

Agregó que se integró un laboratorio de análisis geoespacial, y “estamos usando alta tecnología para hacer una labor de exploración muy minuciosa y metódica, un mejor registro y diagnóstico de las áreas que pueden ser intervenidas y protegidas”, asegura.

Detalló que en 950 kilómetros que ha acompañado el INAH (tramos del 1 al 4), se han realizado labores de prospección y salvamento implementando métodos de teledetección óptica como el LiDAR (Light Detection and Ranging) y drones para detectar áreas de concentración de vestigios arqueológicos.

Los registros obtenidos han dado pie a “por lo menos 15 variantes de obra” entre los tramos 1 y 4, asegura; es decir, cambios en el trazo o desvíos de la ruta cuando se encuentran con un yacimiento arqueológico y en otros casos se han tomado medidas técnicas de protección de los monumentos.

Manuel Pérez Rivas reporta que a la fecha se han excavado 2,773 sitios con el propósito de recuperar objetos para su salvaguardia y obtener información, y muchos de ellos se mantendrán inalterados protegidos por una geomalla y enterrados para futuras investigaciones”.

Revela que producto de estas tareas de salvamento entre los tramos 1 y 4 han quedado registrados y categorizados 23,184 monumentos inmuebles, desde casitas pequeñas hasta basamentos piramidales; 1,292 bienes muebles, entre metates, elementos arquitectónicos, objetos líticos, y 835 elementos naturales asociados a los contextos, como cuevas, cenotes, entre otros.

Con información de El Economista.

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