A la familia de Fernanda, la pandemia por el Covid-19, le ha golpeado muy fuerte, porque le pegó directo al bolsillo. Ella tiene un negocio de malteadas y no hay clientes, su marido trabaja en el sector turismo pero tampoco tiene ingresos. Y encima, las deudas por agua potable, asfixian su precaria economía.
A partir de abril, dejó de tener ingresos y las deudas del agua potable comenzaron a acumularse hasta llegar el recibo a mil 993 pesos en julio pasado. En forma posterior, recibió un requerimiento de pago de la concesionaria Aguakan en la que la invitaban a pagar mediante un convenio de pago o habría corte.
Por la falta de recursos, solicitaron un préstamo y con mil pesos en la bolsa, el marido de Fernanda fue a firmar un convenio de pago con Aguakan y le restaban 993 pesos, que iría pagando en forma posterior junto con el monto mensual correspondiente.
Desconoce si podrá estar en condiciones de pagar a Aguakan el adeudo restante como las respectivas mensualidades porque con sus ingresos, apenas si reúne para la comida diaria y el pago de la energía eléctrica.
De sus tres hijos, la mayor tuvo que dejar de estudiar, le faltaba un trimestre para terminar la carrera en Psicología, pero no reunía el dinero para pagar las mensualidades pendientes.
Fernanda no es la única a la que le enviaron un requerimiento de pago, a otras de sus vecinas de la 510, en donde ella vive, también lo recibieron, pese a que en algunos casos, el adeudo es de 370 pesos –de dos mensualidades acumuladas- y les advierten que si no pagan, les cortarán el suministro de agua.





















