Isabel Rosas

 

A partir del COVID-19: una partícula minúscula a nuestra vista e infinitamente potente en cuanto amenaza para la vida, nos desestabiliza emocionalmente pero también nos sacude de nuestro egoísmo. Tanto el espacio público como el espacio doméstico adquieren escenarios paradójicos. Por un lado el espacio público se vacía del hombre y por otro el espacio doméstico se invade de su existencia al punto del estrés más sorprendente.

Desconocido en su terreno

Desconocido en su terreno ¿Por qué el ser humano se desconoce en su propio refugio?, sería la primer incógnita. Lo segundo es la notoria desesperación por salir e invadir nuevamente el espacio abierto de encuentro. Aquí, habrá que reflexionar si el espacio público tomará las providencias necesarias para reivindicarse y legitimarse desde las perspectivas ideales de encuentro ciudadano de unión, de pertenencia y de aceptar que la ciudad es una extensión de ese espacio doméstico (al que llaman casa y no hogar) el cual ahora nos protege  y ahora mismo también para muchos es opresión.

La condición humana se acepta completamente vulnerable. Por primera vez en mucho tiempo, el hombre se reconoce humano, es decir, no un dios dueño de la tierra y libre para manipular a la naturaleza a su antojo; como afirma Lipovestsky: “el individuo es el rey y maneja su existencia a la carta”. Con cierta conmoción acepta las decisiones de la naturaleza que reclama su territorio, el que bondadosamente nos procura para coexistir, pero la recurrencia a pensar en el futuro (como única defensa) no lo abandona: esto es el dinero.

 Valores de conciencia social: ¿Para qué nos pasó?

¡Y claro! Vivimos en un mundo donde se sobrevive a conciencia, a partir del intercambio monetario y de servicios. Dejando en segundo plano lo esencial de su humanidad, los valores de conciencia en lo social y en lo individual.

Perentoriamente, este será un punto de inflexión para que la educación del futuro inmediato sea una enseñanza centrada en la condición humana y no en las ciencias y las técnicas como principales objetivos epistemológicos.

El universo y su naturaleza terrestre nos está situando dramáticamente para reconocer el objeto de nuestra existencia y hacer conciencia de ello; preguntarnos en vez de quejarnos: ¿por qué está pasando esto? ¿Qué estamos haciendo para entenderlo? ¿Qué vamos a hacer para que no nos vuelva a suceder? pero sobre todo para plantearnos y tratar de hallar por todo los medios posibles la respuesta a: ¿para qué nos pasó?

Fragilidad

Quizá haya la esperanza de que  el hombre asuma la fragilidad de su humanidad, ahora que se experimenta el alejamiento social forzoso¸. Ante lo que se puede intuir, sin embargo, que lo que le aqueja es sólo su falta de control y  el de ser dueño de todo aquello que es objeto de sus deseos en un sentido de poder.

A pesar de todo lo que pueda pasar, la ignorancia no se detendrá, puesto que el conocimiento no solo es progresivo sino que, por tristeza, el que alude a las humanidades (filosofía, arte, cultura, civismo, historia) nunca forma parte del todo que podría salvar al hombre de su constante egoísmo.

Isabel Rosas Martín del Campo es arquitecta, tiene una maestría en escritura creativa, actualmente estudia un doctorado en filosofía del pensamiento complejo. Su consigna es el estudio profundo del ser humano dentro del espacio arquitectónico como existencia. Es catedrática universitaria, capacitadora certificada, docente certificada para la asignatura de temas de arquitectura y es conferencista en Neuroarquitectura. Vive en Cancún desde hace veintiocho años.

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(*) Isabel Rosas Martín del Campo es arquitecta, tiene una maestría en escritura creativa y actualmente estudia un doctorado en filosofía del pensamiento complejo. Su consigna es el estudio profundo del ser humano dentro del espacio arquitectónico como existencia. Es catedrática universitaria, capacitadora certificada, docente certificada para la asignatura de temas de arquitectura y es conferencista en Neuroarquitectura.

Vive en Cancún desde hace veintiocho años.

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2 COMENTARIOS

  1. Me parece genial esta mirada tridimensional del ser humano al cual no le son suficientes sus espacios cotidianos para la sobrevivencia, siempre inconforme con su propio ser, se ha vuelto un auténtico desconocido para si mismo y por otro lado es su búsqueda de trascendencia se ha deshumanizado al grado de no reconocerse en la intimidad. Excelente punto de vista de la arquitectura de la vida desde una perspectiva exquisitamente femenina. Gracias por la lectura

  2. Estimado Cirino, un placer leerte. Me parece muy acertado cuando acusas la tridimensionalidad que define al ser humano, puesto que es así desde donde estudia su constructo: su fisiología, su psicología y su sociología. Sin lugar a dudas es precisamente esta triada lo que construye al ser humano en que se está perfilando cuando no se encuentra ya en ningún lugar listo para continuar evolucionando a través de una trascendencia que busca el bien común sino solo para continuar involucionando a través de una individualidad que raya en su propia inhumanidad. Saludos y gracias por tus comentarios tan acertados.

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