
Por Hugo Alday Nieto
Hace ya veinte años que me hice cancunense. Veinte años en los que he podido ser testigo de la resistencia de una tierra buena pero difícil de adoptar para muchos y que para otros ha sido una tierra llena de bendiciones y de grandes enseñanzas. Aquí, es donde he vivido la mayor parte de mi vida y donde, sin duda, pienso vivir aún muchos años más.
En este primer ciclo de cincuenta años, solo estamos contando la existencia de Cancún a partir de un proyecto gubernamental lo que sin duda es a todas luces un error monumental, ya que si nos remontamos al origen de esta tierra mágica en la cosmovisión maya tendríamos que celebrar un “sin-cuenta” de este maravilloso lugar.

Sin embargo, en lo personal yo celebro y agradezco mucho a Cancún, por haberme dado la oportunidad de conocer en este lugar a Patricia, la mujer que es hoy por hoy es parte fundamental de mi vida. También, por haberle dado la oportunidad a mis hijos Patricio, Leandro y Aitor de nacer en esta tierra y llevar en su registro a Cancún, como lugar de nacimiento.
Cancún me ha dado amigos y junto con ellos, he podido ver florecer a la charrería, nuestro deporte nacional hasta vernos coronados a nivel nacional. Lo mismo ha pasado con el futbol, con el triatlón, con los deportes acuáticos, y por obvias razones con la industria turística y del entretenimiento.
Esta tierra mágica se ha forjado de personajes exitosos en todos los niveles, de los cuales muchos han partido como Sigfrido Paz o Pedro Pueyo. Sin embargo, su empuje y su magia se queda aquí entre sus familiares, amigos y colaboradores más cercanos que sin duda alguna continuarán sus sueños.

Cancún, ha sobrevivido desastres naturales y hoy enfrenta su segunda pandemia en una década de la que, sin temor a equivocarme, saldremos avante. Como lo hemos salido de críticas situaciones que han puesto en juego la estabilidad ecológica y económica de esta ciudad con el encarnizado turismo polítivo-electoral de los últimos 30 años, así como del terrible Borgismo que nos puso en jaque a muchos de los que hoy seguimos aquí buscando un Cancún mejor cada día.
En lo personal me siento satisfecho de haber puesto mi granito de arena en la defensa de la marca CANCUN, así como de su registro en más de treinta países para generar campañas turísticas en todo el orbe. Hoy, sigo haciendo lo propio desde la trinchera de los desarrollos y asentamientos irregulares que, por causa de unos cuantos, le ha generado tanto daño a nuestro entorno. El caso es, que los que amamos a esta tierra siempre tendremos razones de sobra para luchar por ella.
Así pues, este día los conmino a hacer un alto y reflexionar sobre lo que hemos aportado a nuestro Cancún. Y por un instante, sin importar si tenemos cubre bocas, si estamos cargando despensas, si estamos aislados haciendo trabajo o escuela en casa, si estamos en el medico, o atendiendo a alguna persona necesitada; pongamos nuestro pensamiento en esta tierra, agradezcamos y pensemos en algo que podamos hacer por ella.
Esa sería la mejor manera de conmemorar este primer tostón.

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*Abogado, maestro en Derecho empresarial por la U. Del Mayab. Maestro en Propiedad Intelectual e Industrial y Derecho de la Competencia por la U. De Alicante, España. Experto en Arbitraje de Marcas y Nombres de Dominio por la OMPI, en Ginebra, Suiza.




















