El jueves 23, Día Internacional del Libro, presentaré a las 18 horas, en playa Langosta, de Zona Hotelera de Cancún, mi nuevo libro: “Mi sal, el remo y la tormenta”, que narra mi experiencia en la Canoa Maya, travesía que realizaban los nativos para ofrendar y conectarse en la naturaleza.
Luciano Núñez
Entre julio y agosto de 2025 participé en la Canoa Maya: un recorrido que une las ciudades de Cancún e Isla Mujeres. Esa travesía reproduce el antiguo peregrinaje que los mayas hacían para ofrendar y conectarse con la naturaleza.

Lo hice junto a decenas de canoeros, con y sin experiencia, de distintas edades, nacionalidades y condición social, con quienes compartí el cansancio extremo, el miedo y el asombro.
No se trata sólo de remar. Es primero un viaje interior con uno mismo y, a lo largo del tiempo, con los demás.
Con este texto no busco describir una hazaña deportiva, sino dejar constancia de un aprendizaje de humildad y solidaridad que a mí me ayudó y espero que a ustedes también.
Es un intento por calmar el ruido, sanar heridas, entender el cuerpo y el ritmo del agua.
Ojalá estas palabras sirvan como una pequeña ofrenda para esa experiencia que amé atravesar en manada, aullando en la tribu.
Seguir remando
Lo anterior forma parte del libro que presentaré el jueves, 23, Día Internacional del Libro, en playa Langosta de Cancún, donde estaré acompañado de mis amigos escritores, autoridades y público en general. En especial, mi editor de Argentina, Diego Jemio, quien también formó parte de la novela Magníficens Cancún.

Cada libro nace de una chispa insondable que todavía no entiendo, un destello que se abre paso en total soledad, para después, comenzar a transitar un camino de transparencia y apertura que se completa cuando los lectores son parte de esta experiencia tan personal y estremecedora. Nunca imaginé que una actividad recreativa pudiera transformarme tanto y menos que abriera las compuertas para que, en cada regreso de aquella primera experiencia, mi mano fuera un torrente que no cesaba de escribir. Me imagino esos días como si hubiese encontrado un hilo del que jalar y el ovillo del que salieran las palabras, unas veces estaban en la mente, en el corazón, en los ojos, en mis pulmones y en un espíritu colectivo que formó parte de esta gran experiencia que todavía transito, porque he seguido con esta práctica que me conecta al mundo de una manera única.
Me gustaría que mis lectores de mi faceta periodística y de análisis, pudieran acompañarme para que conozcan mi obra literaria que tiene mucho que ver con la primera. Son dos caras de una misma moneda en la que, la realidad y la ficción, se entremezclan para conformar aquello tan enigmático que llamamos realidad.
Remar es un verbo hermoso, porque en sí mismo es una metáfora de la vida. Remar implica un escuerzo, placer, técnica, avanzar o quedarse, destino, remolinos, encuentro.
Agradezco a Canoa Maya de Cancún, a Tony, Carvajal, Nico, Liz, Gonza, Chino y todos los maestros y maestras que allí salieron al paso para enseñarme y avanzar juntos hacia los amaneceres más espléndidos que haya visto en mi vida. Llegar a Isla Mujeres y regresar a Cancún, unirlas como históricamente ha sido desde tiempos milenarios, es una pequeña pero significativa proeza que atesoraré para siempre.
Les espero para compartir y seguir remando juntos.

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