Por Jaguar Negro 

Desde este espacio Grupo Pirámide ha venido señalando que Tulum se ha convertido en el municipio más violento de Quintana Roo. Los datos muy actualizados los aporta el Observatorio Nacional Ciudadano en su portal, que ofrece estadísticas del mapa delictivo de todo el país.

Desde que Playa del Carmen dejó de ser el centro de las fiestas electrónicas, tras el colapso con la balacera en el Blue Parrot (2017), la movida electrónica se apostó en Tulum, donde la selva ofrece tanto lugares paradisíacos como anónimos para la celebración de estos eventos, algunos de ellos de dimensiones internacionales.

El problema es que, también se dijo desde este espacio, el municipio no ha dado cuenta de los ingresos que ello generaría para las arcas si se transparentaran los recursos. Algo que no ha sucedido. Nadie sabe bajo qué costo el municipio ofrece los espacios que generan ganancias millonarias.

La venta de todo tipo de sustancias ha generado —lógicamente— un foco delictivo que se revela en las estadísticas de los últimos años: En 2017 era Playa del Carmen el foco de la violencia en Quintana Roo, seguido por Othón P. Blanco. Tres años después, para 2020, el foco rojo se desplaza para Tulum.

Días atrás la Fiscalía del Estado detectó un sistema de cámaras de vigilancia, al parecer, montados por los grupos delictivos. Y el atentado de ayer, con acabó con la vida del secretario de Seguridad Pública, José Roberto Rodríguez, confirma que la situación está al rojo vivo.

El alcalde de Tulum, Diego Castañón, enfocado en su campaña para ser diputado federal, no ha dado cuenta hasta ahora bajo qué costo se realizan las mega-fiestas, qué ingresos general, con las consecuencias que han traído para el destino, asolado por la violencia desbocada y la falta de planeación urbana.

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