Por Luciano Núñez

 

Tomo inspiración en la obra teatral (llevada al cine) de Tennessee Williams, Un tranvía llamado deseo, para analizar el caótico tránsito institucional que ha sido la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) que, como la protagonista, Blanche, tiene delirios de grandeza en un mundo inventado.

El planteo general de la JUCOPO, que se desarrolló durante el trienio de Eduardo Martínez Arcila en su paso por la Gran Comisión, no era malo; pero por lo visto nada funcional para Quintana Roo. El objetivo era restar el poder hegemónico de la Gran Comisión en el control de recursos y agenda legislativa, que no ha resultado por dos asuntos: por la calidad de los diputados (y las luchas internas de partido); y la intromisión del Ejecutivo en el Legislativo en esta todavía endeble democracia quintanarroense.

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Revisemos

El primer año del nuevo esquema en el Congreso le correspondió a Morena. Es hasta penoso recordar la sangría interna que se vivió en el partido de AMLO para determinar qué grupo se quedaría la presidencia de la JUCOPO, todo esto, claro está, con costo al erario público.

Primero entró en funciones Edgar Gasca, comandado por la senadora Marybel Villegas, quienes  ingresaron pateando la puerta de las instalaciones; y una retahíla de juicios posteriores le dieron el control a Reyna Durán, que acabó en el PAN. Apenas por unos meses pudo enderezar ese difícil momento político que duró semanas, y ya le tocó el turno al Partido Verde, con Gustavo Miranda. Al joven político lidió semanas con una jubilada mal liquidada, y meses con la toma de las instalaciones por los grupos feministas; además del cierre por pandemia y, de nuevo a entregar el poder al PAN en unos meses.

¿Cuál es el problema?: cada gestión hace uso de su “mini” Gran Comisión para poner a nuevos directores, administradores en el manejo de recursos, como si cada año hubiera que empezar de nuevo.

Un desastre inédito

Un ex integrante de la Gran Comisión, le confirma a esta columna que la JUCOPO no ha servido para generar gobernabilidad al interior de las fracciones parlamentarias y, la prueba de ello, han sido las reyertas entre bancadas y al interior de éstas por encabezar este órgano.

Menos ha servido para instrumentar acciones más transparentes en el manejo de los recursos, por el contrario, cada vez más turbio y con crecimiento acelerado de nómina, oscuros acuerdos con el sindicato para otorgar bases a personas allegadas y el otorgamiento discrecional de contratos, además de los demostrados gastos en apoyos ficticios, “un desastre y con un presupuesto mayor al de cualquier legislatura anterior”, se lamenta el ex legislador.

Otro congresista consultado dice rotundamente que nunca entendieron los diputados el nuevo concepto de JUCOPO. “La idea era romper el control absoluto de los dineros y la agenda, según la ley orgánica, eso nunca se cumplió, ni en lo administrativo ni en lo financiero, sigue siendo una Gran Comisión disfrazada”, dice, porque afirma que los órganos administrativos no son acordados con las bancadas y los recursos se manejan discrecionalmente y con opacidad.

Para búsquedas de un botín

Eduardo Galaviz, del Observatorio Legislativo.

Para Eduardo Galaviz, del Observatorio Legislativo, la JUCOPO directamente no funcionó. Además del gasto excesivo en comparación con otras legislaturas, el nuevo esquema de JUCOPO está seriamente cuestionado. “Se estimaba que con ese cambio pudieran tener más participación las diferentes fracciones de partidos, pero ya al estar en la final, este cambio, que debió haber sido para bien, no sirvió más que para la búsqueda de un botín entre las fracciones representadas. Gustavo Miranda incrementó de nómina y contratos sin tener licitación, y con los desencuentros entre las fracciones, no ha funcionado el cambio”.

En unos meses tomará el control el PAN, partido que instrumentó la JUCOPO y algunos de sus representantes incuban la idea de que el próximo gobernador lo sea por dos años, colgados sobre la propuesta del PT.

La ambición de nuestros diputados

La JUCOPO ha ayudado, eso sí, a develar la ambición desmedida de nuestros políticos, las pugnas internas y las ansias de poder, como nunca antes; el mayor mérito de un esquema político que todavía está lejos de los mejores deseos para Quintana Roo.

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* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.

Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.

Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad. 

Actualmente es director general de Grupo Pirámide.

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