Con música de Vangelis de fondo, las sacerdotisas mayas se inspiraron en ese marco sonoro para arrojar un poco de luz en el asunto de la Ley de Protección a Periodistas, que fue utilizada por Borge para intentar ocultar los atropellos a la prensa que se vivieron durante su mandato.

Bajo el telón sonoro les fue revelado a “ellas” desde “el más acá”, que el interés supremo de un grupo de periodistas no es precisamente velar por sus colegas, ni siquiera aplicar la cláusula de conciencia ni generar condiciones de seguridad: el interés supremo es volver a disponer de guaruras, los cuales, asignaría el Comité que está reglamentado en la “Ley Borge”.

Además, el Mecanismo que implementa esta ley -que primeramente fue rechazada por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, CNDH, porque violaba garantías básicas-, genera un presupuesto para pagar acciones como timbres de pánico, sistemas de vigilancia y extracción de periodistas de un lugar a otro.

Reconocidos columnistas han reiterado que, “lo que pasó…pasó”, y que ahora es otro boleto, como si los atropellos se hubieran extinguido de un soplido con el viento del cambio de gobierno. Las sacerdotisas perdonan, pero no olvidan.

Los verdaderos periodistas no necesitan guaruras para trabajar; generalmente no tienen seguro médico y, como a Javier Valdez, cuando les toca, ni aunque se quiten. Para eso existe una legislación federal que podría ser el marco de la nueva Ley.

Ahora, el mismo grupo de poder que operó durante el quinquenio pasado, que viajó por el mundo y obtuvo privilegios de todo tipo, intenta volver a ese pasado de contar con guaruras niñeros que hacen compras en Oxxo y traen pomos. Ya el gobernador Carlos Joaquín González se pronunció por abrogar y, pese a esto, se ha mostrado renuentes a aceptar esta línea política, como si “el espíritu del más allá”, insistiera en torcer este inevitable destino de la Ley Borge.

El Oráculo Maya, ha hablado…

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