Conocí personalmente a Rosario Robles en el año 2003, cuando ella era presidenta nacional del PRD, y yo el coordinador del Grupo Parlamentario del PRD en el Congreso del Estado de Quintana Roo.
Hubo empatía entre ambos, pues ella decía que admiraba a mi maestro Heberto Castillo, al Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT) y a todos los que militamos en ese heroico partido, en las décadas de los ochenta y noventa.
En su calidad de presidenta nacional de nuestro partido, le di un informe de las Iniciativas de Ley que presentamos como parte de nuestra Agenda Legislativa, y al ver que privilegiamos las de alto contenido social, me pidió que hiciéramos conferencia de prensa para que la avalara el CEN a través de ella.
Al término de ésta, llegó un grupo de panistas a gritarle insultos por haber apoyado la ley en favor del aborto legal en la Ciudad de México, cuando ella era la Jefa de Gobierno. La vi muy asustada, y le pedí a un mesero del restaurante donde estábamos, que nos permitiera salir por la cocina hacia la parte de atrás, y así pudimos esquivar a los feroces ultraderechistas que pretendían lanzarle jitomates y huevos podridos.
Ya que íbamos en la camioneta, se relajó y hasta hizo chistes de la situación. Yo manejaba y ella iba a mi lado de copiloto, y en ese momento, recibió una llamada en su celular, que le pasó Georgina, su secretaria particular:
-Es Charly-, le dijo su secretaria.
-Hola amor, no te preocupes, sólo fue un susto, aquí el compañero Héctor, nuestro diputado, nos apoyó y salimos bien librados- contestó Rosario Robles. Y siguió comentándole al tal Charly, otros asuntos para mí incomprensibles.
Ese día nos fuimos de gira a Playa del Carmen y Kantunilkin, y ya de noche al regreso, volvió a llamarle el misterioso Charly. Cuando terminó me atreví a preguntarle si el famoso Charly, era Carlos Ímaz, Delegado de Tlalpan, en esa época, y esposo de Claudia Sheinbaum, y me dijo que no.
Llegando a Cancún, las dejé en su hotel, y al día siguiente continuó con reuniones en Cancún e Isla Mujeres, y como andaban conmigo en la camioneta, escuché que recibió al menos 3 llamadas más de «su amor» desconocido para mí.
En marzo del 2004, me enteré como todos en México, que su «amorcito» era ni más ni menos que Carlos Ahumada Kurtz. Lo demás, ya es parte de la historia negra de la hoy huésped distinguida del Reclusorio Femenil de Santa Martha Acatitla.
Posteriormente, me tocó estar presente en el juicio que le hizo el partido en Morelia Michoacán, donde fue expulsada por traidora, por participar en la corrupción de los vídeo escándalos, y por el complot ya comprobado, en contra de nuestro compañero Andrés Manuel López Obrador.
Su ambición la perdió, y ahora está donde merece, por aliarse al sistema prianista corrupto y podrido, que decía combatir.
* Héctor Ortega es miembro fundador de Morena en Quintana Roo, excoordinador de diputados del PRD y un político ligado a la izquierda en el estado.



















