
La falta de voluntad política y los intereses económicos frenan las soluciones a la crisis ambiental del planeta. Pese a que existen conocimientos científicos, recursos financieros y acuerdos internacionales para enfrentarla, advirtió la exsecretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales y Pesca (Semarnap) de 1994 al 2000, Julia Carabias Lillo.
Este jueves presentó en Cancún la conferencia magistral “Cambio Climático, pérdida de biodiversidad y bienestar social”, señaló que el problema no radica en la falta de tecnología o de información, sino en la resistencia a implementar medidas de sostenibilidad y en la influencia de grupos de poder que obstaculizan los cambios necesarios.
En el marco del XVI Coloquio Nacional del Seminario de Cultura Mexicana, explicó que siete de los nueve límites planetarios identificados por el Instituto de Resiliencia de Estocolmo ya fueron rebasados, lo que refleja el deterioro de los sistemas naturales que permiten la vida en la Tierra.
Entre los principales problemas destacó el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la presión sobre los recursos de agua dulce.
El hombre, el causante
Advirtió que, a diferencia de los cambios climáticos ocurridos en el pasado por causas naturales y durante periodos prolongados, el calentamiento actual avanza en cuestión de décadas y es provocado principalmente por las actividades humanas. En particular, por el consumo de energía, los sistemas de producción de alimentos y el cambio de uso de suelo.
De acuerdo con su exposición, alrededor de 73 por ciento de las emisiones responsables del cambio climático están relacionadas con la producción y el consumo de energía. Mientras que cerca de 20 por ciento se vincula con la agricultura, la ganadería y el cambio de uso de suelo.
Sugiere cambios en la producción alimentaria
También cuestionó el modelo de producción alimentaria, al señalar que grandes extensiones de tierra se destinan a la ganadería, lo que contribuye a la deforestación y a las emisiones de metano. Mientras la sobreexplotación de especies y la destrucción de hábitats aceleran la pérdida de biodiversidad.
Distribución desigual de beneficios
La bióloga dedicada a la investigación científica sostuvo que la crisis ambiental y social están relacionadas con un modelo económico basado en la extracción de recursos, el consumo excesivo y una distribución desigual de los beneficios del crecimiento.
Señaló que el aumento de la actividad económica no ha garantizado una prosperidad compartida ni ha evitado el deterioro ambiental.

Cinco cambios
Ante este panorama, planteó cinco líneas de acción: Transformar los sistemas alimentarios hacia prácticas sostenibles; ampliar las inversiones en energías limpias y renovables; impulsar una economía circular; desarrollar ciudades resilientes; y fortalecer la conservación de los ecosistemas.
Entre las medidas propuestas mencionó reducir el desperdicio de alimentos, moderar el consumo de carne y lácteos, fomentar la agricultura y la ganadería regenerativas, facilitar la reparación de productos para evitar que se conviertan rápidamente en residuos y disminuir gradualmente la dependencia de los combustibles fósiles.
Asimismo, consideró necesario fortalecer la aplicación de las leyes ambientales, actualizar las instituciones y garantizar que la sociedad participe en las decisiones públicas.
La conservación debe generar empleos
Subrayó que la conservación de la biodiversidad también debe generar ingresos y empleos para las comunidades propietarias de los ecosistemas, mediante actividades como el ecoturismo, la pesca responsable y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.
La ponente concluyó que las alternativas para enfrentar la crisis ambiental existen. Pero su aplicación requiere voluntad política, cambios en los patrones de producción y consumo, y decisiones que antepongan la sostenibilidad a los intereses económicos que mantienen las actuales tendencias de deterioro.
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