
El acuerdo al que llegó el alcalde Diego Castañón con los concesionarios de playas es que, en vez de pagar por el ingreso, la ciudadanía vaya “sin nada” a consumir en sus negocios.
Con el uso de recursos públicos el gobierno promueve a los “beach” clubs que ante las airadas críticas, ahora dejan pasar a los locales a cambio de que consuman.

Luciano Núñez
El concepto de la “nada” de Diego Castañón, alcalde de Tulum, le disputa el trono al del cantante Cristian Castro, que tanto circula en redes sociales. “La nada es estar pandémico”, sentenció el vocalista del mechón rubio.
La nada ha sido abordada por filósofos de todas las épocas, pasando por Nietzsche, Heidegger, así como Jean-Paul Sartre, con el existencialismo y la corriente del nihilismo en sus puntos más populares.
En su cruzada por abrir las playas a la ciudadanía (la intención sí es buena, la mecánica no), ya sea el mismo alcalde o uno de sus connotados asesores, plantearon crear un concepto y un acuerdo “ganar-ganar» con el sector empresarial para solucionar el caótico problema del ingreso a las playas, que han motivado miles de quejas nacionales e internacionales. Aclaración: La zona de playas es federal y, por ella, pueden circular libremente todas las personas sin restricciones; el problema es que los hoteles y concesiones se han apropiado prácticamente de los accesos, lo cual, generó tantas críticas en Tulum.
El problema de fondo con el programa de Castañón es que no sólo está difuso sino contradictorio, el ese novedoso concepto de la “nada” con sello tuluminati.
Sin entrada pero con consumo obligatorio
A ver, el alcalde dice que es sin costo el acceso a las playas. Lo dice clarito en su tono regiomontano. Sin embargo, luego aclara que las personas no pueden ir a esas playas con alimentos ni bebidas, ni con hieleras ni con sombrillas: “con nada”, aclara. Y viene el remate. “Si quieren consumir tienen que consumir aquí, en este gran lugar que es (nombre del beach club, que aquí se omite por obvias razones)”.
¿No que no era sin costo? O acaso ¿la “nada” para él significa, en su glosario íntimo: consumo? Y el consumo es dinero. Siguiendo su lógica de argumentación la “nada” viene siendo dinero. Dinero que abre las puertas de las playas. Podría ser el hilo de un tratado interesante: “el dinero es la nada, o la nada es el dinero».
Ya sea a él o a su equipo no alcanzan a entender que sí hay costo para la ciudadanía: o sino le preguntamos a Cristian Castro. Le faltó decir, ya para ser muy rayano en lo absurdo: traigan su cartera cargada para dárselas a los concesionarios de los “beach clubs”.
¿Y el primero los pobres?
Vamos con un poco más a detalle.
¿A qué empresa no le gustaría que llegara una autoridad: federal, estatal o municipal, con todo su equipo de cámaras, edición de video y tiempo pago por el gobierno para promover su negocio?
El alcalde de Tulum, que ya es figura central de memes y otros chanzas, ha decidido solucionar el problema del ingreso a las playas poniendo al último a los pobres y primero a los empresarios/as. Es decir, no entiende en primer lugar el uso de los recursos públicos, lo cual, es grave para ser una autoridad (aunque la oposición todavía no se ha dado cuenta); y por el otro, lado, no entiende ni siquiera el más básico de los postulados de la 4T: “primero los pobres”.
Honradez en el manejo de recursos
Veamos: El artículo 134 Constitucional dice que los los recursos económicos que dispongan la Federación, las entidades federativas, los Municipios y las demarcaciones territoriales se administrarán con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que estén destinados.
El tiempo que se destina a esta promoción de concesiones, el uso de cámaras y edición, van a costa del ayuntamiento. Es uso de recursos públicos. Que no son “nada”: son fruto de los impuestos que le toca administrar al municipio, afortunadamente por un tiempo.
En cuanto al “primero los pobres”, no admite explicación que una familia que apenas puede comprar lo básico para pasar un fin de semana tenga que consumir y rentar camastros para poder mirar el mar, de los pocos placeres gratuitos que nos brinda la prodigiosa naturaleza de México.
Usos y costumbres
En pocas palabras, con su concepto de la “nada”, Castañón quiere erradicar algo tan poderoso que es el uso y costumbre. Que no se trata de una ley escrita en piedra, sino un andamiaje de la cultura que tiene que ver con rituales como preparar el fin de semana los alimentos, disponer de sillas para adultos mayores y compartir en familia, eje central de toda sociedad. El alcalde pretende que la ciudadanía acceda a las playas, pero principalmente quiere que gasten, y que gasten con empresas amigas a las que, desde luego, se promueve con recursos públicos. A eso se reduce su “nada”.
Como la oposición lisa y llanamente no existe, la está haciendo el regidor Eugenio Barbachano, quien ya trascendió por arremeter contra Bernabé Antonio Miranda Miranda, ex tesorero municipal, por el presunto desvío de 23 millones de pesos; y ahora criticó con dureza la poca funcionalidad, tanto del Aeropuerto Internacional de Tulum como el Tren Maya. “No están jalando”, criticó.
Así, mientras “la nada” de Castañon lo es todo para las miles de familias, Tulum sigue su derrotero en caída libre con crisis inmobiliaria, de servicios públicos, violencia generalizada y bajón de turismo. Total la nada es consumir para que los tulumnenses puedan ver y sentir la playa.
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