A continuación, presentamos, en exclusiva para Vértice, versiones de Sinae Dasein de cinco poemas de “Averno”, uno de los poemarios más importantes en la obra de la poeta norteamericana Louise Glück, ganadora en 2020 del Premio Nobel de Literatura.
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Nota de traductor: A la entrada del Averno, uno de los libros de Louise Glück, encontramos, como en la Commedia de Dante, una inscripción amenazadora que será el eje de todo el libro:
LAS MIGRACIONES NOCTURNAS
Este es el momento cuando vuelves a mirar
las bayas rojas del serbal ―ceniza de la montaña―
y en el oscuro cielo
las migraciones nocturnas de las aves.
Me duele pensar
que los muertos no volverán a verlas―
esas cosas de las que dependemos,
se desvanecerán.
¿Qué hará entonces el alma para confortarse?
Me digo a mí misma que no necesitaremos
más esos placeres;
quizás no-ser sea más que suficiente
y tan difícil como es de imaginar.
El serbal, mountain ash, es un árbol o arbusto, de la familia de las rosáceas, que se lo ha relacionado con ciertos mitos o leyendas nórdicas, germánicas y celtas: señalando la o las entradas que conducirían al reino de los muertos. Así como las almas deben pagar a Caronte para cruzar el río infernal, los caminantes o migrantes deben coger los frutos ctónicos para atravesar el umbral que los guiará hacia las entrañas del Averno. Del mismo modo, el lector degustará esas bayas textuales, de efervescencia mortuoria, a lo largo del libro en el cual Perséfone, Glück, es el personaje principal.
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PERSEFONE LA ERRANTE
En la primera versión, Perséfone
es arrebatada de su madre
y la diosa de la tierra
castiga a la tierra—esto
concuerda con lo que conocemos como comportamiento humano,
que estos seres sienten una profunda satisfacción
al hacer daño, en especial
causarlo de forma inconsciente:
podríamos llamar a esto
creación negativa.
La primera estancia de Perséfone
en el infierno continua generando
acaloradas discusiones entre los eruditos que debaten
sobre los sentimientos de la virgen:
colaboró en su propia violación,
o fue drogada, raptada contra su voluntad,
como les sucede hoy en día a las mujeres.
Como bien se sabe, el retorno de lo amado
no restauró la pérdida de lo amado: Perséfone
volvió a casa
manchada con jugo rojo como
un personaje de Hawthorne—
no estoy segura si podré
mantener esta palabra: ¿es la tierra
la “casa” de Perséfone? ¿Se puede decir
que está como en “casa”,
en el lecho del dios? ¿No está
su casa en ninguna parte? ¿Es
por naturaleza, errante, es decir,
una replica
existencial de su propia madre, menos
desgarrada por ideas de causalidad?
Te está permitido no gustarle
a nadie, sabes. Los personajes
no son personas.
Son aspectos de dilemas o conflictos.
Así como el alma está dividida
―yo, superyó, ello―,
los tres niveles del mundo que conocemos,
―una especie de diagrama― separan
el cielo de la tierra del infierno.
Debes preguntarte:
¿dónde está nevando?
Blanca nieve del olvido,
de la profanación—
está nevando sobre la tierra; el gélido viento dice que
Perséfone tiene relaciones sexuales en el infierno.
Ella no sabe, a diferencia de nosotros,
lo que es el invierno: solo que es su causa.
Está tendida en el lecho de Hades.
¿Qué es lo que piensa?
¿Está asustada? ¿O algo
le ha borrado la noción de pensamiento?
Ella sabe que las madres
están al mando de la tierra , esto es
bastante cierto. También sabe
que ya no es, lo que se dice,
una niña. Con respecto
al encarcelamiento, ella cree
que ha sido prisionera desde su infancia.
Las terribles reuniones que le aguardan
la mantendrán ocupada por el resto de su vida.
Cuando la avidez por expiación
es crónica, voraz, no puedes elegir
tu modo de vida. No vives;
tampoco te está permitido morir.
Vagas entre la tierra y la muerte
que , al fin y al cabo,
son extrañamente similares. Los eruditos dicen
que no tiene sentido saber lo que quieres
cuando las fuerzas que contienden por ti
podrían matarte.
Blanca nieve del olvido,
blanca nieve de la salvación.
Dicen que
el alma humana está escindida
que no fue creada para pertenecer
por completo a la existencia. La tierra
nos pide negar esta escisión, una amenaza,
una insinuación oculta—
como ya lo hemos visto
en el relato de Perséfone
que deberíamos leer
como el enfrentamiento entre la madre y el amante—
la hija es solo carne de cañón.
Cuando encara a la muerte, ella nunca ha visto
la pradera sin margaritas.
De repente ya no entona
sus cantos virginales
sobre la belleza y fecundidad
de su madre. Donde
está la escisión, está la grieta.
Canto de la tierra,
canto de la mítica visión de la vida eterna—
Alma mía:
despedazada estás por el deseo
de intentar pertenecer a la tierra—
¿Qué harás tú,
cuando sea tu turno en el campo con el dios?
***
UN MITO DE INOCENCIA
Un verano ella se adentra en el campo,
deteniéndose por un momento, como siempre, en el estanque,
para contemplarse a sí misma, para ver
si percibe algún cambio. Ella descubre,
encuentra a la misma persona, el terrible manto
de ser una hija aún aferrándose a ella.
El sol, en el agua, está más cerca de lo que aparenta.
Ese es mi tío que me espía de nuevo, piensa―
todo en la naturaleza es, de algún modo, parte de su familia.
Nunca estoy sola, piensa,
transformando el pensamiento en una oración.
Entonces aparece la muerte, como una respuesta a su plegaria.
Nadie más entiende
cuan hermoso era él. Pero Perséfone recuerda,
incluso, que también la abrazó, justo ahí,
mientras su tío observaba. Recuerda
la luz del sol reflejándose sobre sus brazos desnudos.
Este es el último momento que recuerda con claridad.
Entonces el dios de la oscuridad se la llevó.
También recuerda, con menos claridad,
la aterradora intuición que a partir de este momento
no podría vivir de nuevo sin él.
La joven que desapareció del estanque
nunca regresará. Volverá una mujer
buscando a la joven que fue.
Se levanta sobre el estanque, repitiendo, exclamando,
fui raptada, pero sus palabras ―que le parecen
falsas―, no expresan su sentir.
Entonces dice, no fui raptada,
yo misma me ofrecí, busqué
escapar de mi cuerpo. Incuso, a veces,
quise esto. Pero la ignorancia
no puede poseer conocimiento. La ignorancia
quiere algo imaginario, algo que solo ella cree que existe.
Todos y cada uno de los sustantivos―
ella los pronuncia uno tras otro, alternándolos.
La muerte, esposo, dios, extraño.
Todos se escuchan tan simples, tan convencionales.
Debí haber sido, piensa, una chica ordinaria.
Ya no puede recordarse a sí misma como esa persona
pero sigue pensando que el estanque recordará
y le explicará el sentido de su plegaria
y así comprender
si esta fue respondida o no.
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UN MITO DE DEVOCIÓN
Cuando Hades decidió que amaba a esta chica
construyó para ella un duplicado de la tierra,
todo era exacto, debajo de la pradera,
pero, además, añadió una cama.
Todo era exacto, incluyendo la luz del sol,
pues sería muy duro para una joven
pasar rápidamente de la claridad a la oscuridad total.
Gradualmente, pensó, introduciría la noche,
primero como el delicado movimiento de la sombra de las hojas. .
Después la luna, las estrellas. Después sin luna ni estrellas.
Dejar que Perséfone se acostumbre a ella lentamente.
Al final, pensó, la encontrará reconfortante.
Una réplica de la tierra
excepto que aquí había amor.
Todo el mundo quiere amor, ¿no es así?
Esperó muchos años,
construyendo un mundo, observando a
Perséfone en la pradera.
Perséfone, la que huele, la que saborea.
Si tienes un apetito, pensó,
los tienes todos.
Acaso no todos quieren sentir por la noche
el cuerpo del amante, ―brújula, estrella polar―
escuchar su suave aliento decir
estoy vivo, lo que significa que tú también
estás vivo porque me escuchas,
estás aquí conmigo. Y cuando uno de los dos se da la vuelta,
el otro también lo hace—
Eso es lo que sintió, el señor de la oscuridad,
mirando el mundo que
construyó para Perséfone. Nunca pensó
que ahí no habría nada para oler,
y mucho menos para comer.
¿Culpa? ¿Terror? ¿Miedo al amor?
Estas cuestiones no podría imaginarlas;
ningún amante las imagina.
Él sueña, se pregunta cómo llamar a este lugar.
Primero piensa: El nuevo infierno. Después: El jardín.
Finalmente decide llamarlo
La infancia de Perséfone.
Una tenue luz se levanta sobre la extensión de la pradera,
por detrás de la cama. La toma entre sus brazos.
Quiere decirle te amo, nada puede lastimarte
pero piensa
que es una mentira, entonces dice
estas muerta, nada puede lastimarte
lo cual le parece
un comienzo más prometedor, más real.
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PERSEFONE LA ERRANTE
En la segunda versión, Perséfone
está muerta. Muere, su madre se lamenta—
problemas de sexualidad
no nos incumben aquí.
Envuelta por la pena, Deméter
circunda la tierra. No esperamos saber
lo que está haciendo Perséfone.
Ella está muerta, los muertos son un misterio.
Tenemos aquí
a la madre y un enigma: esta es
precisamente la experiencia
de una madre cuando
mira el rostro de la niña. Piensa:
recuerdo cuando no existías. La niña
es un rompecabezas; después, la opinión de la hija es
que siempre ha existido, al igual
que siempre ha existido la madre
en su forma actual. Su madre
es como una figura en la parada del autobús,
un público para la llegada del autobús. Antes de eso,
ella fue el autobús, un hogar temporal, una comodidad. Perséfone, protegida,
mira a través de la ventana de la carroza.
¿Qué es lo que ve? Una mañana
al inicio de la primavera, en Abril. Ahora
toda su vida está comenzando—desafortunadamente,
será una vida corta. Solo conocerá, de verdad,
a dos adultos: la muerte y su madre.
Pero dos son
el doble de lo que su madre posee:
ella solo tiene
una niña, una hija.
Como divinidad, pudo haber tenido
miles de niños.
Comenzamos a ver aquí
la profunda violencia de la tierra
cuya hostilidad sugiere
que no desea
continuar como fuente de vida.
¿Y porqué esta hipótesis
nunca es discutida? Porque
no está en la historia; solo
crea la historia.
Después de la muerte de la hija y llena de dolor,
la madre vaga por la tierra.
Ella está preparando su caso;
al igual que un político
ella recuerda todo y admite
casi nada.
Por ejemplo: el nacimiento
de su hija fue insoportable, su belleza,
insoportable: así lo recuerda.
Evoca la inocencia
de Perséfone, su ternura—
¿Qué es lo que planea, buscando a su hija?
Está mandando
una advertencia cuyo mensaje implícito es:
¿qué estás haciendo afuera de mi cuerpo?
Hazte esta pregunta:
¿porqué el cuerpo de la madre es seguro?
La respuesta es que
esta no es la pregunta correcta, ya que
el cuerpo de la hija
no existe, salvo
como una extensión del cuerpo de la madre
que necesita ser
reincorporado a él a cualquier costo.
Cuando un dios está sumido en el dolor significa
que destruirá a otros (como en la guerra)
mientras que al mismo tiempo se negocia
para revertir los acuerdos alcanzados (como en la guerra);
si Zeus la trae de vuelta,
acabará el invierno.
Terminará el invierno, regresará la primavera.
El irritante vientecillo
que tanto amo, las idiotas flores amarillas—
Regresará la primavera, un sueño
que se apoya en una falsedad:
que los muertos regresan.
Perséfone
se habituó a la muerte. Ahora, su madre
la arranca de ahí sin cesar.
Debes preguntarte:
¿las flores son reales? Si
Perséfone “regresa” será por
una de dos razones:
si no estaba muerta entonces
solo ha sido empleada
para dar soporte a una ficción—
Creo que puedo recordar
haber estado muerta. Muchas veces, durante el invierno,
me acerqué a Zeus. Dime, debería preguntarle,
¿cómo puedo sobrellevar la Tierra?
Y él respondería:
en poco tiempo volverás a estar aquí.
Mientras tanto
olvidarás todo:
aquellos campos de hielo serán
las praderas del Elíseo.
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Traducción | Tres poemas de Gastão Cruz [versiones de Sinae Dasein]
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Sinae Dasein ha asistido a varios talleres literarios y publicado la mayor parte de sus poemas en la revista Tropo a la uña y Cracken. Formó parte del equipo que fundó la revista de difusión electrónica Salvo el crepúsculo. Ganador del primer concurso de poesía en la ciudad de Cancún, “Fiesta de la paz” con su primer libro, Larvae.


