Nazim Hikmet

ANGINA DE PECHO

La mitad de mi corazón está aquí, doctor,

pero la otra mitad se encuentra en China,

en el ejército que baja hacia el río Amarillo.

Cada mañana,

cada mañana con el alba,

mi corazón es fusilado en Grecia,

y cuando el sueño rinde a los presos,

cuando se alejan de la enfermería los pasos últimos,

mi corazón se va, doctor,

se va hacia una vieja casa de madera, allá en Estambul.

Además, doctor,

hace más de diez años

que no tengo nada entre mis dedos

para ofrecer a mis hermanos;

tan sólo una manzana,

una roja manzana: mi corazón.

Por todas estas cosas, doctor,

y no por culpa de la arteriosclerosis,

ni de la nicotina, ni de la cárcel,

tengo esta angina de pecho.

Desde mi cama,

contemplo la noche tras los barrotes,

y a pesar de todos estos muros

que me aplastan el pecho,

mi corazón palpita con la estrella más remota.

LA NIÑA MUERTA

Soy yo quien llama a vuestra puerta,

a todas las puertas, a todas las puertas,

pero vosotros no podéis contemplarme.

Es imposible ver a una niña muerta.

 

Hace diez años largos

morí en Hiroshima,

pero sigo teniendo siete años.

Los niños muertos dejan de crecer.

 

Al principio se inflamaron mis cabellos.

Mis manos y mis ojos ardieron después.

Me convertí en un puñado de cenizas

que el viento dispersó.

 

Nada, nada os pido para mí.

No podríais mimarme, aunque quisierais.

Una niña que ha ardido cual si fuera papel

no come caramelos.

 

Yo llamo y llamo a cada puerta:

“Dadme, dadme una firma

para que los niños no sean asesinados.”

DOS AMORES

En un corazón no caben dos amores,

mentira,

puede ser.

 

En la ciudad de las lluvias frías

es de noche y estoy tumbado

en la habitación de un hotel,

mis ojos están clavados en lo alto,

pasan nubes por el techo

pesadas como los camiones

que corren por el asfalto húmedo

y a la derecha, a lo lejos,

en una construcción blanca,

tal vez de cien pisos,

brilla una aguja de oro.

Pasan nubes por el techo,

nubes cargadas de soles

como caiques de sandías.

Me siento en el alféizar de la ventana,

el reflejo del agua acaricia mi rostro.

¿Estoy a la orilla de un río

o a la orilla del mar?

 

¿Qué hay en aquella bandeja,

en aquella bandeja rosada:

fresas o moras?

¿Estoy en un campo de narcisos

o en un bosque de hayas nevadas?

Las mujeres que amo ríen y lloran

en dos lenguas.

Nazim Hikmet (Salónica, Turquía, 1902-Moscú, Unión Soviética,1963). Poeta, dramaturgo, novelista y traductor turco, considerado el poeta más universal de su lengua. Son algunos de sus libros Duro oficio el exilio, La miel de la esperanza y La nube enamorada.

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