Cuatro poemas de lenguaje transparente y emociones profundas.

Jorge González Durán

La miro de soslayo

Resisto la alevosa polifonía

de su llegada,

la siento como un eclipse de luna,

una herida leve en la madera.

 

Su temblor asciende

en breve liturgia

a la galaxia donde se exilian

transgresores de oscuros códigos,

nómadas de venturosos linajes

con la utopía a cuestas

y la pesadumbre de los viajeros

hacia el fatigado paisaje de la ternura.

 

Ella llega con la premura

del viento de otoño

para deshojar atardeceres.

 

Yo la miro de soslayo,

y me alejo.

La casa de mi abuela

Busco la casa de mi abuela

en una palabra de miel.

Perdida en el tiempo,

está cobijada en la sombra

de los árboles del patio.

En una de sus noches,

ha de habitar todavía

con su molinillo de madera

para batir el chocolate.

Un viento con aromas de amanecer

trae del monte el eco

de sus conversaciones

y quizá traiga también

la mansedumbre del olvido.

Mis ojos vacíos de ti

La distancia es un galope al arcoíris,

es caminar con miedo al espejismo.

Es lanzar dados

a la mesa del azar.

Es mirar en un reflejo

mis ojos vacíos de ti.

Palabras para navegar

Quise buscar en el tiempo

las huellas de mis pasos,

pero sólo encontré sonidos

dispersos en la hojarasca,

algunas palabras para navegar

y las grietas de una canción

que sobrevivió al naufragio.

Jorge González Durán (Chocholá, México, 1950). Periodista y escritor. Dirige el programa Desde el Café, de Radio Caribe, en Cancún. Es autor de los libros Aquí los congregó la aurora, Memoria de la guerra vieja, La rebelión de los mayas y el Quintana Roo chiclero, y Los rebeldes mayas de Chan Santa Cruz. Pertenece al taller de poesía DiVerso.

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