Por Isabel Rodríguez

Destrucción y barbarie. “Observa lo que hago y de lo que seré capaz de hacer” es el mensaje de quienes han protestado en las últimas semanas en varios lugares pero muy especial en Francia. Pero esto no es nuevo.

Antes de la pandemia del COVID-19 se venía presentando algo similar, ya los especialistas le han catalogado como “globalizado de la protesta” y entre lo más fuerte fue lo de Colombia, Chile y Francia y otras decenas de sitios más por todo el mundo. Pero hubo un alto obligado.

Hoy, nuevamente las protestas llenas de violencia, odio, coraje y por qué no, hasta fantasía surgen. Los grandes protagonistas: los jóvenes, quienes no encuentran en el futuro más que un vacío de oportunidades: no educación, no trabajo, no vivienda, no salario digno pero sí mucho deseo de tener todo. Una combinación sublime para desatar un caos.

Muchos van por la protesta real, muchos desean un cambio de las condiciones de vida que la extrema derecha ha establecido como el non plus ultra en decenas de países, pero muchos otros, solo encuentran el escenario perfecto para convertirse en grotescos monstruos, recreando escenas propias de un videojuego lleno de destrucción y desolación: Street Fighter o God of War. Diseminando miedo y hasta terror.

Existe una cantidad de jóvenes manipulados y controlados a través de una idea falsa que ofrece la IA: que la vida es linda y fácil a través del consumismo extremo y con el menor esfuerzo. Lo que ha provocado vacíos y deseos imposibles de llenar y entonces solo convierten a esta masa juvenil hueca, intrascendente, sin metas claras y con solo el aliento de lograr por la vía fácil una satisfacción en verdaderos demonios.

Pero tenemos que pensar si únicamente las bestias brutas que vemos en los videos destruyendo y vandalizando son esta juventud perdida, o también lo son las grandes trasnacionales que incitan a poseer sin medida o, los malos gobiernos que permiten que generaciones jueguen a ser personajes que ganan recompensas y trofeos personalizado un avatar que nunca será real y obvio, la corrupción implícita de quien se burla de las leyes justas, orillando a una población a sentirse fracasada y al garete, encontrando como única solución, las migajas de una protesta que va del pacifismo a la violencia y que al final no resuelve en la raíz.

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