Por Christine Mc Coy

Es importante hacer énfasis en que salud no significa la ausencia de enfermedad, sino tener un estado de bienestar general, y esto significa condiciones de vida dignas.

Las ciudades son entes vivos que están en constante cambio y así como las personas deben someterse a análisis médicos para asegurar que todo esté bien, digamos que son sus procesos anuales de mantenimiento, las ciudades también deben de contar con programas de manteamiento para que puedan crecer de manera saludable y no solamente por la ciudad en sí, sino por las personas que en ellas habitan.

Por eso, es importante incluir la lente de salud al momento del diseño, ejecución y mantenimiento de las ciudades. Con esto en mente se está desarrollando un área del urbanismo conocida como urbanismo saludable en el que busca atender problemáticas urbanas que sin imaginarlo colaboran a que se deteriore la salud de sus habitantes.

El Proyecto SALURBAL, Salud Urbana en América Latina, gestionado por el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID), ha evaluado la calidad de la salud de habitantes de las ciudades más pobladas en el continente y ha encontrado que las enfermedades crónicas no transmisibles como padecimientos cardiovasculares, diabetes, enfermedades pulmonares causan el 71% de las muertes en el mundo y están relacionadas con la vida urbana.

El proyecto impulso un documental llamado “es más importante tu código postal que tu código genético” que justamente habla de las disparidades que se presentan en las ciudades entre las distintas zonas de una ciudad.

El 80% de la población en Latinoamérica vive en ciudades, esta región es considerada la más urbana del planeta y la que más inequidad presenta, al contar con 8 de los 20 países más inequitativos del mundo.

El mismo proyecto señala que los determinantes más importantes de las enfermedades crónicas tienen que ver con el entorno y el entorno incluye muchos factores que determinarán la salud y las inequidades en la salud de la población.

Entre estos factores se encuentran condiciones de vivienda, hacinamiento, ambiente construido, niveles de contaminación ambiental, condiciones sociales. Acceso a la educación, acceso al trabajo, niveles de ingreso y pobreza.

Por lo anterior, es importante que la planeación urbana se realice con visión de salud y calidad de vida promocionando un transporte público accesible, asequible, limpio y seguro; fomentar la transporte  activo, es decir caminar y para ello mejorar las infraestructura y seguridad peatonal, disminuir  las políticas urbanísticas que impulsan el crecimiento horizontal y apostar por un crecimiento compacto bien planificado.

Esperemos que en las remodelaciones que en nuestras ciudades se realizan, utilicen los lentes de salud para contar con espacios que fomenten la salud de todos los habitantes y paulatinamente cambiar ese paradigma de ser urbanas que enferman a sus habitantes.


 

Christine Mc Coy es profesora-investigadora del departamento de Economía y Negocios en la Universidad del Caribe.

 

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