
Por Nicolás Durán de la Sierra
En lo que toca a la lucha contra la epidemia, la semana finalizó no sólo con la repetición del semáforo sanitario para el Estado, sino también con otra gresca entre el gobierno federal y algunos de sus pares estatales por la operación, justamente, de este semáforo; unos tildan al primero de autoritario y éste los tacha de ineficientes y de poner al dinero por encima de las humanas vidas.
En diversos medios, en los afectados en sus haberes por el nuevo gobierno y en los que se suman a la ofensiva por mero afán de rebaño, las disputas llegan a cimas de drama griega, aunque se trata de zipizapes que acaban con el cambio del tono sanitario. El trance sólo existe en tales medios, para los que son redituables encabezados como “La Conago va contra López Gatell”.
El semáforo presenta dos visiones diferentes, aunque no antagónicas. En una, el peso lo tiene la salud pública y luego la economía, en tanto que en la otra la prioridad la tiene el aspecto político. Los gobernadores valoran el efecto de la caída financiera dentro de la salud social y desde allí toman decisiones. S pesar de todo, los dos se complementan y ello ha dado buenos resultados.
Una semana más de restricciones afianza el éxito de la ansiada recuperación económica.