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Naderías Totales | La pirámide de Quintana Roo no tiene quien le cante, la cuente y la adorne (desde la academia) 


Las carreras universitarias de Quintana Roo, tanto públicas como privadas, carecen de un modelo educativo que forme tanto a artistas como a periodistas.

La historia de la península revela que el arte, la crónica y la música fueron fundamentales en la civilización maya.

Luciano NúñezPor Luciano Núñez

Días atrás visité dos espacios fascinantes en la ciudad de Mérida, Yucatán: el Museo Regional de Antropología: Casa Cantón y el Palacio de la Música. Ambas son visitas obligadas para quien busca echar un vistazo a la raíces de la milenaria cultura maya.

En el primero me asombró la historia de Ek Balam, acrópolis fortificada de una belleza única por su elevación de mas de 30 metros de altura, como por su arte.

Uno de los hallazgos más fascinantes fue sin dudas la tumba y las ofrendas al gran gobernante Ukit Kan Lek Tok, entre las que se encontraron conchas de caracoles marinos, pectorales y objetos de jade y collares, hechos con suma maestría.

Los vestigios dejan ver una gran cantidad de cuartos abovedados pero, lo que más asombra, es el sofisticado arte y simbolismos incorporados en las esculturas que adornan este templo que lo hacen una joya artística en sí mismo.

Arte con la ayuda virtual

No menos fascinante es el Palacio de la Música, con un sofisticado sistema de audio y pantallas táctiles que cuentan la historia de la música, desde los primeros instrumentos encontrados en la región y que llega hasta nuestros días, pasando por grandes autores como Armando Manzanero, a quien puede verse en una proyección por holograma y al gran José Alfredo Jiménez, a través de un breve documental sobre las historias detrás de cada canción que ha legado a la música universal.

El vacío universitario

Sólo puede entenderse a la península observándola a través de su historia. Y no dejé de reflexionar sobre un punto que hoy quisiera dejar en estas naderías, y que tiene que ver con una pregunta que me hiciera un joven político días atrás: ¿por qué las carreras en Quintana Roo no abarcan a la crónica y las artes? ¿Cómo será el futuro así?

Es decir: si Quintana Roo hoy por hoy debiera construir una pirámide, ¿quién se encargaría de adornar ese templo con el arte, cronicar sus hazañas o heredar una riqueza sonora, como la que encontramos en los vestigios de nuestras culturas ancestrales?

No dudo que serían esos artistas y cronistas que se forman en la amplia escuela de la calle que, desde luego, tiene un alto valor; los claustros académicos no dan alas a ese vuelo.

Echando una mirada a las licenciaturas de las dos casas de estudios universitarios de Quintana Roo, me encuentro con que tanto la Universidad de Quintana Roo como la Universidad del Caribe, ambas dependientes del presupuesto del Estado, no ofrecen una carrera que forme o dé mayores herramientas a nuestros jóvenes artistas. Y agrego que tampoco existe una formación para periodistas en específico.

Pareciera que el objetivo único de las casas de altos estudios es entregar a la poderosa industria hotelera a jóvenes para que entreguen su esfuerzo y talento al turismo. No está mal: es la vocación del Estado, pero no sólo de pan vivimos. El arte y la comunicación son dos piezas fundamentales en nuestra comunidad y así lo deja ver nuestra rica historia.

Para ahondar esta tesis, revisé el mapa curricular de las dos universidades privadas de Quintana Roo, donde tampoco existe una preparación para formación en áreas vinculadas al arte, sí en cambio, a la comunicación social, que valga la aclaración, no forma específicamente en periodismo.

Años atrás me tocó ser parte de un proyecto periodístico en el que capacité a jóvenes recién egresados en comunicación, de tres universidades privadas, cuya formación periodística era deficiente o precaria. Jóvenes que saben armar una campaña digital o sobresalen en diseños digitales, pero que no pueden sostener con mano firme una crónica.

Eso sí, talento hay, ganas sobran, pero Quintana Roo no ofrece en su oferta académica la formación en artes o periodismo. Mérida no sería la misma sin Manzanero, ni Madrid sin Joaquín Sabina; ni Cuba sin Padura o Estados Unidos sin Hemingway.

La realidad es que nuestros jóvenes que buscan formación para ampliar sus horizontes artísticos deben forzosamente emigrar, lo que conlleva el vacío que eso genera en nuestra sociedad, cuya pirámide no tiene quién le cante, la cuente y la adorne desde la academia.

No quisiera de ninguna manera con esto demeritar a artistas y cronistas empíricos que enriquecen y dan su talento a este suelo, me refiero a la ausencia en una arquitectura académica que nazca desde el Estado.

Una de las láminas del Palacio de la Música dice que los pueblos prehispánicos concebían al cosmos como una unidad. Y que los instrumentos se relacionaban con los dioses, y por ello, los sonidos eran venerados. Algo que nuestras universidades no han honrado hasta hoy.

PD: Dedicada al profesor Carlos González Alonso (QEPD), que le aportó mucho al periodismo y la comunicación de Quintana Roo.

 

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