Una legislatura cada vez más dislocada de la sociedad que vive en permanente confrontación.
La llamada #LeyChaleco generó un amplio rechazo en el sector de los motociclistas que no alcanzan a ver cuál será el beneficio para combatir la inseguridad.

Además de autor de la frase filosófica más conocida por la humanidad: “Pienso, luego existo” y de la geometría cartesiana, René Descartes (1596-1650) es autor de uno de los primeros métodos científicos de investigación.
Escribió en 1637 el famoso “Discurso del método para bien dirigir la razón”, una especie de prefacio de tres de sus obras capitales, que hoy se considera uno de los escritos más originales de su época.
Para no extender esta intro, sólo diremos que en la primera parte habla de, justamente, seguir un método que impida a la razón extraviarse. Básicamente hay cuatro reglas: 1) no aceptar nada que no sea evidente a la propia razón; 2) Dividir el problema en tantas partes como sea posible; 3) Pensar ordenadamente desde lo simple a lo complejo y, la cuarta: hacer revisiones para verificar que nada fuese olvidado. En la investigación actual existen otros pasos llamados etapas de la investigación que incluyen, en algunos casos, seis pasos: 1) definición del problema; 2) formulación de hipótesis (razonamiento deductivo); 3) recopilación y análisis de datos; 4) confirmación o rechazo de hipótesis; 5) resultados; 6) conclusiones.
De lo simple a lo complejo
Nuestros representantes en el Congreso del Estado han decidido (la evidencia empírica indica que trabajan así) que antes que pensar primero es hacer, omitiendo en el camino la recopilación de datos y pensar ordenadamente, de lo simple a lo complejo.
La cuestionada “LeyChaleco”, mediante la cual se propone que cada motociclista lleve un chaleco identificatorio, así como el número de placa en el casco, so pena de ser multado o confiscado el vehículo de dos ruedas, ha generado un amplio rechazo en el sector.
Así como Descartes propuso un método de investigación, la legislación también tiene pasos, entre los cuales está la fundamentación de la iniciativa.
El artículo 153 de la Ley Orgánica del Poder Legislativo dice que: “cuando para emitir un dictamen sea necesario la opinión, informes técnicos, copias de documentos o constancias que obren en poder de las dependencias del Ejecutivo del Estado o de los municipios, de sus organismos descentralizados, empresas de participación estatal o fideicomisos públicos, los presidentes de las comisiones dictaminadoras los solicitarán a los titulares de las entidades mencionadas, quienes deberán rendir o proporcionar lo solicitado a la brevedad posible”.
En este caso la explosión mediática del tema da cuenta de que la iniciativa ingresó sin pasar primero por la opinión de los principales involucrados, obtuvo votación en lo particular en contra (de lo que queda de la oposición) y siguió su derrotero para hacer eclosión en marchas y protestas en contra. Esto, a pocos días de otro fuego político generado por una cafetería, también ampliamente rechazada en Chetumal, no por ser innecesaria, sino por el lugar donde se hace: justo donde se erigía el estatua de Don Andrés Quintana Roo.
Fue la secretaria de gobierno, Cristina Torres, quien tuvo que salir a contener el tema que ha escapado a la lógica de los motociclistas.
Uno de los argumentos en contra es que la mencionada ley no funcionó en donde tuvo su origen: Colombia. Ante el modus operandi de los delincuentes para perpetrar ejecuciones y otro tipo de delitos, fue impuesta esta iniciativa que fue finalmente derogada. Fue descartada por su poca practicidad.
En un video que lanzaron por redes sociales los motociclistas se preguntan: ¿qué pasará si la delincuencia organizada hurta o se apodera de chalecos identificatorios?: buscará Seguridad Pública encarcelar a los que figuren como dueños registrados.
La primera ley de Descartes dice que no hay que aceptar nada que no sea evidente a la propia razón. Quizás la intención sea razonable, pero en tiempos de avanzada tecnología, ¿es un chaleco la mejor opción para esta época? Los motociclistas son grupos muy sociales. Imagínese que paran a descansar de un largo viaje y se quitan los chalecos: una preocupación más cuidar el que no se pierdan o entremezclen con los demás.
Sectores que se benefician y criminalización
Se habla de un presupuesto de 42 millones de pesos para poner en marcha una iniciativa que, seguramente, beneficiará a un proveedor amigo y generará miles de multas e ingresos para corralones y grúas. La Asociación Mexicana de Fabricantes e Importadores de Motocicletas (AMFIM) dijo en un comunicado: “Consideramos que las medidas no añadirían sustantivamente a la prevención del delito ni de los hechos de tránsito; pero sí criminalizaría el uso de la motocicleta, dejando de lado la libertad de los ciudadanos para elegir el medio de transporte que mejor convenga a sus necesidades”.
Ahora, volviendo al clásico de Descartes en eso revisar: ¿de dónde sale la cifra que habla del 80 por ciento de incidencia delictiva a bordo de motocicletas? ¿Quien es el autor de dicho trabajo estadístico? Porque sería sumamente interesante verificar la fuente del estudio, escuchar a los involucrados y analizar qué han hecho con este problema otras ciudades con características parecidas a Cancún, para consolidar una iniciativa que involucre a los principales actores y buscar las mejores opciones.
Incluso, uno de sus líderes hizo ver que Quintana Roo carece de un cuerpo policíaco motorizado con mayor presencia y capacitación que, justamente, pueda contrarrestar el accionar delictivo, con mayor rapidez que los vehículos de cuatro ruedas.
Los diputados son representantes de la ciudadanía y, en este caso, los motociclistas no se sienten representados, todo lo contrario. Se sienten como los chetumaleños: omitidos.
Simplemente pareciera una idea carente de fundamento estadístico, teórico, práctico y social.
Por ésta y otras evidencias que ha dado el Congreso de Quintana Roo: omitir un método lógico para mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía, poniendo incluso primero el experimento que el fundamento teórico o la hipótesis, todo indica que su brújula es: “hacer, antes que pensar”, abofetear y después explicar, o desarrollar un costosísimo laboratorio social a la inversa, cuyos fuegos debe siempre apagar el bombero/a en turno. Como decía Descartes: urge un método que impida a la legislatura extraviarse.