{"id":766,"date":"2021-02-13T14:13:12","date_gmt":"2021-02-13T19:13:12","guid":{"rendered":"https:\/\/vertice.grupopiramide.com.mx\/?p=766"},"modified":"2021-02-21T22:11:50","modified_gmt":"2021-02-22T03:11:50","slug":"cuento-quintanarroense-carranza-de-mario-perez-aguilar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento\/cuento-quintanarroense-carranza-de-mario-perez-aguilar\/","title":{"rendered":"Cuento | Carranza, de Mario P\u00e9rez Aguilar"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/fiesta12.gif\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-772\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/fiesta12.gif\" alt=\"carranza\" width=\"500\" height=\"334\" \/><\/a>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5 style=\"text-align: center;\"><strong>Por Mario P\u00e9rez Aguilar<\/strong><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hac\u00eda poco m\u00e1s de doce meses que llov\u00edan p\u00e1jaros en Carranza. Era evidente que Ladislao Acu\u00f1a se hab\u00eda acostumbrado a aquella lluvia av\u00edcola nocturna, pues antes de caer el sol acomodaba las redes, encend\u00eda el quinqu\u00e9 del comedor y atrancaba puertas y ventanas para que los cuerpos de los animales no se metieran a la casa. Era entonces Carranza un grupo de veinticinco casas de argamasa y techos de palma de huano erguidas junto a un camino antiguo de sascab y l\u00edquenes que remataba en un rancho abandonado a s\u00f3lo trescientos metros al poniente. Sus habitantes\u2015cuando los tuvo\u2015estuvieron alejados no s\u00f3lo de la mano de Dios sino del mismo hombre. Su armon\u00eda rectangular, sin embargo, el embalaje homog\u00e9neo de sus techos y el dimensionamiento justo de sus construcciones, contrastaban con la pureza de la selva.<\/p>\n<p>Ladislao Acu\u00f1a hab\u00eda levantado su casa en una de las orillas de la aldea en una \u00e9poca en que huyendo de las guerras intestinas ind\u00edgenas de Yucat\u00e1n, hab\u00eda perdido a su familia en una matanza atroz de blancos cerca de Sab\u00e1n. Aquel d\u00eda, a pie pel\u00f3n hab\u00eda corrido despavorido despu\u00e9s de que dieran muerte a su \u00faltimo hijo frente a sus ojos, y no hab\u00eda parado sino despu\u00e9s de tres horas continuas de acezante angustia por salvar la vida. Huy\u00f3 sin ruta fija, sin rumbo ni destino. Atraves\u00f3 selvas inh\u00f3spitas y pantanos inveros\u00edmiles; escal\u00f3 cerros y descuartiz\u00f3 fieras a su paso. Corri\u00f3 d\u00eda y noche hasta detenerse con el coraz\u00f3n jadeante frente a un cenote cuyas aguas di\u00e1fanas parec\u00edan esconder en su fondo verde im\u00e1genes de indias v\u00edrgenes degolladas.<\/p>\n<p>Ah\u00ed hab\u00eda quedado tendido ag\u00f3nico hasta que un hombre jalando una mula pas\u00f3 por el camino de sascab y se acerc\u00f3 para ayudarle. Estaba tan p\u00e1lido y ten\u00eda los ojos tan fuera de su \u00f3rbita, que el viajero se apresur\u00f3 a llevarlo a lomo de mula hasta el rancho. El hombre, que era al mismo tiempo capataz, pe\u00f3n y administrador del rancho, escuch\u00f3, durante la siguiente semana en la que Ladislao Acu\u00f1a se someti\u00f3 a una etapa de recuperaci\u00f3n, los pormenores de la desgracia:<\/p>\n<p>\u2015Hace tres noches, el dieciocho de septiembre para ser exactos, dieron muerte a Jacinto Pat\u2015le cont\u00f3 Ladislao\u2015. Y a pesar de que muri\u00f3 a manos de Venancio Pec, los indios desde entonces quedaron como locos, y ahora irrumpieron en tropel en la iglesia de Sab\u00e1n blandiendo sus machetes y degollando y macerando a cuanto blanco y mestizo encontraron a su paso. Lo recuerdo como una horrible pesadilla. La gente corr\u00eda por la iglesia horrorizada. Los lamentos de los sobrevivientes heridos bajo el yugo de los machetes eran lastimeros. Yo estaba con mis cuatro hijos y mi mujer Jacinta frente al altar mayor. Entraron los ingratos por la puerta principal y por la de la sacrist\u00eda que da directo a los altares. Por eso el cura fue el primero en recibir el golpe inicial de la muerte general que all\u00ed se desat\u00f3. Jal\u00e9 a mi familia y quise salir de frente por la puertecita de la sacrist\u00eda; por la misma en la que los indios, con sus rostros descompuestos, entraban enloquecidos de ira. Levantaba los brazos y lanzaba golpes para tumbarlos. Algunos cayeron al suelo. Pero el destino es muy ingrato, sabe: cuando salimos a la calle y quise abrazar a mi mujer y a mis hijos, las dos manitas de mis hijos que apretaba estaban muertas, y mi mujer ya no estaba atr\u00e1s de m\u00ed y nunca m\u00e1s volv\u00ed a verla. Los indios se nos ven\u00edan encima. Busqu\u00e9 a mis otros hijos, y desesperado les grite que corrieran. Los vi hacerlo; pero tambi\u00e9n los vi sucumbir bajo los machetes afilados de los indios. Entonces una rabia de animal me subi\u00f3 a la cabeza, y no s\u00e9 c\u00f3mo, pero los desarme y los mat\u00e9 con sevicia en medio de la calle con las mismas armas que a\u00fan ten\u00edan la sangre de mis hijos. Me vi rodeado de pronto por cinco indios lujuriosos, pero mi rabia no ten\u00eda l\u00edmites: me abalanc\u00e9 sobre ellos y creo que le di muerte a dos, porque s\u00f3lo tres me siguieron no s\u00e9 por cu\u00e1nto tiempo en mi carrera desbocada hasta perderlos. Ahora me tiene usted aqu\u00ed, con mi vida deshecha y un rencor de loco a esos indios infelices. \u00a1\u00bfQu\u00e9 les hice yo?! D\u00edgame usted, se\u00f1or. \u00a1\u00bfQu\u00e9 les hice?!<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de siete d\u00edas Ladislao Acu\u00f1a, que ten\u00eda adem\u00e1s un instinto animal por la vida, emprendi\u00f3 un nuevo camino a pesar de su desgracia. A sus cincuenta a\u00f1os levant\u00f3 la primera casa de lo que ser\u00eda despu\u00e9s Carranza. Cuando el hombre del rancho estaba en el lugar com\u00edan juntos de las miserias que daba el rancho. Cuando no estaba, se alimentaba de los tub\u00e9rculos, de las frutas silvestres, de los cocos, de los insectos nocturnos y del agua del cenote. Estaba predestinado sin embargo a no estar solo: atra\u00eddos por el rancho, cuyas miserias eran la gloria frente a las matanzas, torturas y otras calamidades humanas recurrentes en los pueblos grandes, empezaron a arribar al lugar familias enteras en el transcurso de los primeros d\u00edas de noviembre con el \u00fanico prop\u00f3sito de quedarse. Al hombre del rancho se le conoc\u00eda \u00fanicamente por Demetrio porque sus apellidos los hab\u00eda olvidado de tanto ir y venir por aquel rancho sin futuro. \u00c9l tambi\u00e9n construy\u00f3 su casa y se sum\u00f3 a las familias que lograron el pueblo. Ladislao ayud\u00f3 adem\u00e1s a levantar las casas y a edificar la iglesia; a dise\u00f1ar la imagen urbana; a instalar un sistema singularmente eficiente de acarreo de agua del cenote mediante el uso de la energ\u00eda mular y perruna; a contrarrestar incendios mediante el sistema primitivo de guardarrayas; a sembrar \u00e1rboles frutales en los patios para aprovechar tambi\u00e9n su sombra; a abrir espacios al cultivo en aquella tierra est\u00e9ril mediante un sistema de canales de riego transversales; a dise\u00f1ar e instrumentar los calendarios y las guardias para la caza del venado cola blanca; a construir corrales para puercos y gallinas; a dise\u00f1ar los espacios de corriente de aire en las casas; a definir la orientaci\u00f3n de las construcciones para menguar el sol ardiente de la tarde; y a usar el trapiche para el az\u00facar y para acompa\u00f1ar las fiestas. Fue por todo eso que el pueblo entero empez\u00f3 a nombrar a la aldea con el segundo apellido de Ladislao, que formalizar\u00edan en un acta simple manuscrita en la ma\u00f1ana febril del segundo domingo de diciembre de 1849: CARRANZA.<\/p>\n<p>En verdad el pueblo hab\u00eda florecido. La iglesia, que en los primeros dos a\u00f1os fue usada para almacenar v\u00edveres, ahora ten\u00eda a su representante oficial de la divinidad: un cura cuyo rostro parec\u00eda estar hecho a piedra cincelada que envi\u00f3 el obispado de M\u00e9rida tan pronto se enter\u00f3 de aquella comunidad alejada del mundo. Visto desde arriba, los mangares, las anonas, los guayabales, los caimitos, los ramones, los tamarindos y los flamboyanes, parec\u00edan sombrillas naturales sobre los techos de palma. Ten\u00edan un gobierno propio y su sistema era sencillo: suspend\u00edan la misa de los lunes y las mujeres y los hombres se reun\u00edan en la iglesia para distribuirse los trabajos que registraban en un cuaderno ordinario. La distribuci\u00f3n de los productos tambi\u00e9n era comunal. No hab\u00eda escuela, pero los m\u00e1s letrados se las ingeniaban para educar a los ni\u00f1os reuni\u00e9ndolos en los patios de las casas. Todo iba bien y Carranza se hab\u00eda levantado de la nada. Ahora sin embargo parec\u00eda perseguido por la desgracia: estaban lloviendo p\u00e1jaros nocturnos.<\/p>\n<p>En la primera noche del diluvio av\u00edcola, como a las doce, Ladislao despert\u00f3 y estuvo expectante oyendo desde su hamaca los golpes sobre el techo. Acababa de cumplir sesenta y tres a\u00f1os y la fuerza de sus piernas lo traicionaban, de modo que cada ma\u00f1ana le costaba m\u00e1s trabajo incorporarse, y m\u00e1s a\u00fan a esas horas de la noche. Primero pens\u00f3 que los mangos junto a la casa se estaban cayendo de maduros, pero record\u00f3 que era febrero y que los mangares ni siquiera florec\u00edan. Luego pens\u00f3 que pod\u00edan ser las guan\u00e1banas, no s\u00f3lo porque los \u00e1rboles que rodeaban la casa estaban cargados, sino porque el sonido sobre el huano era el de objetos pesados y de mayor volumen. Al cabo de un rato en que estuvo con los ojos expectantes en la oscuridad, los golpes fueron disminuyendo hasta desaparecer por completo. \u00abSi son las guan\u00e1banas, ma\u00f1ana las recojo\u00bb, pens\u00f3; y se sumergi\u00f3 de nuevo en un sue\u00f1o profundo hasta que el griter\u00edo en la calle y los golpes en la puerta lo despertaron.<\/p>\n<p>Era ya otro d\u00eda. Lio la hamaca, la sujet\u00f3 a uno de los rincones del cuarto y fue a quitar la tranca. Cuando abri\u00f3 la puerta se top\u00f3 de frente con Demetrio, y, atr\u00e1s de \u00e9l, pudo ver entonces los cuerpos: estaban regados en la superficie del patio, y hab\u00eda cientos de ellos sobre el camino.<\/p>\n<p>\u2015Son cuervos\u2015murmur\u00f3.<\/p>\n<p>Cruz\u00f3 el vano de la puerta y sali\u00f3 al patio seguido por Demetrio. Levant\u00f3 a uno de los p\u00e1jaros por las patas hasta que el pico del animal qued\u00f3 frente a sus ojos. Luego lo tom\u00f3 de la nuca como si cargara a un reci\u00e9n nacido y lo examin\u00f3 largo rato. El animal ten\u00eda los ojos cerrados y el pico entreabierto. Sus plumas eran negras, como la noche m\u00e1s oscura que se hubiera visto en esos lugares. Luego mir\u00f3 los otros cuerpos y devolvi\u00f3 el animal al suelo. Demetrio lo interrogaba con los ojos.<\/p>\n<p>\u2015Es un macho adulto\u2015dijo Ladislao\u2015. Todos son machos adultos, y no murieron de espanto o de envenenamiento.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfEntonces de qu\u00e9 murieron?<\/p>\n<p>\u2015No lo s\u00e9\u2015dijo Ladislao\u2015. Esto es muy extra\u00f1o, y lo que supongo debe ser un absurdo.<\/p>\n<p>Aunque no era lunes, el pueblo entero se reuni\u00f3 en la iglesia para discernir sobre lo que estaba sucediendo. Entonces fueron los ni\u00f1os los que aportaron la mayor cantidad de conjeturas, fant\u00e1sticas y naturales, sobre la muerte inesperada de los p\u00e1jaros. Las opiniones iban desde un envenenamiento colectivo a causa de ingerir cierta especie de higos verdes, hasta la historia de un halc\u00f3n gigante\u2015un tipo de Moby-Dick de las alturas\u2015que los hab\u00eda desnucado y arrojado al vac\u00edo. Los adultos eran los m\u00e1s asustados. El cuervo hab\u00eda sido siempre un p\u00e1jaro de mal ag\u00fcero y alrededor de esa creencia formularon sus conjeturas: habr\u00eda que construir otro pueblo pues la muerte para todos se acercaba; habr\u00eda que hacer misa tres veces al d\u00eda, y los domingos cinco veces, para alejar a los malos esp\u00edritus del pueblo; habr\u00eda que bendecir todas las casas para salvar a sus habitantes en esta vida y en la vida eterna; habr\u00eda que regar agua bendita en las selvas aleda\u00f1as; habr\u00eda que impartir una educaci\u00f3n cat\u00f3lica a los ni\u00f1os en lugar de laica que se daba; y como Carranza hab\u00eda sido feliz, pues nadie hab\u00eda muerto hasta entonces, habr\u00eda que ingerir agua bendita por si mor\u00edan todos de golpe.<\/p>\n<p>Ladislao Acu\u00f1a puso las cosas en su lugar:<\/p>\n<p>\u2015El cuervo es un animal como cualquiera\u2015dijo\u2015. Este es un asunto de vivos y no de muertos. Por ahora hay que limpiar el pueblo, y para ma\u00f1ana a ver qu\u00e9 gallo nos canta.<\/p>\n<p>As\u00ed lo hicieron. Pero para su infortunio el mismo gallo les cant\u00f3 y tuvieron que seguir limpiando el pueblo todos los d\u00edas porque la lluvia nocturna de p\u00e1jaros no terminaba. Al d\u00e9cimo d\u00eda de hacer lo mismo, y a pesar de que era viernes, el cura en persona toc\u00f3 a la puerta de las casas convocando a una junta urgente en la iglesia. Ladislao Acu\u00f1a ya estaba perdiendo no s\u00f3lo la paciencia sino tambi\u00e9n la esperanza de que su presentimiento fuera cierto. Cuando iba hacia la iglesia para asistir a la junta levant\u00f3 a uno de los p\u00e1jaros que hab\u00eda quedado en el camino despu\u00e9s de la limpieza de ese d\u00eda, y encontr\u00f3 el mismo semblante que hab\u00eda visto en el primero: sus ojos cerrados y el pico curvo entreabierto.<\/p>\n<p>\u2015No creo que est\u00e9n muriendo de sed\u2015murmur\u00f3\u2015. El cenote est\u00e1 muy cerca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Tambi\u00e9n te puede interesar:<\/strong><\/p>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"RPwuibR6qp\"><p><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento\/cuento-natalia-de-mario-perez-aguilar\/\">Cuento | Natalia, de Mario P\u00e9rez Aguilar<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" title=\"&#8220;Cuento | Natalia, de Mario P\u00e9rez Aguilar&#8221; &#8212; V\u00e9rtice\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento\/cuento-natalia-de-mario-perez-aguilar\/embed\/#?secret=nmnjeAj5ct#?secret=RPwuibR6qp\" data-secret=\"RPwuibR6qp\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue hasta el tiradero que hab\u00edan improvisado fuera del pueblo, y tuvo que taparse la nariz para dejar al animal muerto pues la hedentina era asfixiante. Lo hab\u00edan construido hacia el poniente del pueblo de acuerdo a la dominaci\u00f3n de los vientos, cerca del rancho abandonado, y lo hab\u00edan hecho deprisa dos d\u00edas despu\u00e9s de iniciada la lluvia de p\u00e1jaros. Tumbaron una porci\u00f3n de monte detr\u00e1s de una cortina de \u00e1rboles que dejaron para amortiguar los olores cuando los vientos cambiaran. Luego pas\u00f3 por Demetrio a su casa y llegaron juntos a la iglesia en el momento en que la sacrist\u00eda estaba atestada de gente; permanecieron de pie junto a la puerta. El cura los hab\u00eda reunido para comunicarles que dejaba el pueblo. Hizo una se\u00f1al de la Cruz en el aire y les explic\u00f3 que hab\u00eda hecho un viaje miserable de nueve d\u00edas hasta M\u00e9rida, en donde el Obispo le hab\u00eda dicho que si a su regreso segu\u00eda la lluvia de cuervos, deb\u00eda abandonar\u2015con aquellos fieles que quisieran hacerlo\u2015de una vez y para siempre aquel pueblo del infierno. \u2015Me hizo ver el Obispo\u2015dijo\u2015, que las fuerzas del mal se han apoderado de estas tierras a causa de que el cenote fue una c\u00e1mara de sacrificios de los rituales paganos de id\u00f3latras de otros tiempos.<\/p>\n<p>Nadie quiso escuchar m\u00e1s. El pueblo entero se precipit\u00f3 a la calle corriendo despavorido hacia sus casas. Ladislao Acu\u00f1a y Demetrio tuvieron que darles paso para no ser arrollados.<\/p>\n<p>\u2015\u00a1Es usted un bruto!\u2015le grit\u00f3 Ladislao desde la puerta\u2015. Eso es un absurdo.<\/p>\n<p>Todo esto pasar\u00e1 y Carranza ser\u00e1 feliz como antes.<\/p>\n<p>\u2015Pues qu\u00e9dese usted si quiere\u2015le contest\u00f3 el cura desde el fondo\u2015. Yo me voy con los cristianos, y ojal\u00e1 esos animales no le saquen los ojos.<\/p>\n<p>\u2015Est\u00fapido\u2015murmur\u00f3 \u00e9l\u2015. C\u00f3mo puede ser, si ya caen muertos.<\/p>\n<p>El cura sali\u00f3 enseguida a la calle en donde varias familias ya se hab\u00edan reunido llevando sus pertenencias a lomo de burro y se marcharon para siempre. En los d\u00edas que siguieron la gente continu\u00f3 saliendo del pueblo. Se iban en grupos de dos y tres familias llevando cuanto pod\u00edan. Antes, sin embargo, pasaban a persuadir a Ladislao.<\/p>\n<p>\u2015En este pueblo morir\u00e9\u2015les dec\u00eda \u00e9l\u2015. Si me han de sepultar los cuervos, que as\u00ed sea, pero no me ir\u00e9, menos por tonter\u00edas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de treinta d\u00edas Carranza hab\u00eda quedado casi desierto. La lluvia nocturna de animales continuaba, y a Ladislao Acu\u00f1a y a Demetrio no les alcanzaba la vida para limpiar de bien a bien el pueblo. Demetrio se hab\u00eda quedado por un gesto de amistad pero no sab\u00eda en realidad lo que esperaban. Durante las noches, oyendo la lluvia de animales, pensaba que su decisi\u00f3n era la correcta. Pensaba que era justo permanecer con \u00e9l en el pueblo hasta que muriera. Algunas tardes, agotado por el trabajo, la desesperaci\u00f3n lo carcom\u00eda y sent\u00eda que su paciencia se acababa. Pensaba entonces que esa misma noche podr\u00eda irse sin decirle adi\u00f3s a Ladislao, pero de inmediato se arrepent\u00eda y prefer\u00eda esperar con la mayor paciencia posible que Ladislao muriera o renunciara de una vez por todas a aquella empresa. A los dos meses de estar solos en el pueblo, el car\u00e1cter ind\u00f3mito de Ladislao Acu\u00f1a y su tenacidad a toda prueba, dieron a Demetrio, a pesar de su incredulidad, otra muestra de sus virtudes: dise\u00f1\u00f3 un sistema de redes de captura nocturna con bejucos silvestres que colocaron por secciones en todo el techo del pueblo, de modo que el Carranza solitario quedaba libre cada d\u00eda de p\u00e1jaros y plumas. As\u00ed estuvieron durante ocho meses. Su trabajo diario lo distribu\u00edan entre cuidar la milpa, recolectar las frutas, criar a los animales dom\u00e9sticos y levantar p\u00e1jaros muertos. Una de aquellas tardes, mientras colocaban las redes pajareras, Demetrio no pudo soportar m\u00e1s y le expres\u00f3 sus dudas a Ladislao.<\/p>\n<p>\u2015Si deseas irte, puedes hacerlo\u2015le contest\u00f3 \u00e9l\u2015. Est\u00e1s en tu derecho.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, ni yo mismo s\u00e9 bien qu\u00e9 es lo que espero.<\/p>\n<p>\u2015Entonces, si no lo sabes, por qu\u00e9 no nos vamos, \u00e9ste ya es un pueblo muerto.<\/p>\n<p>\u2015No, no me ir\u00e9, Demetrio. Aqu\u00ed est\u00e1 mi casa y \u00e9ste es mi pueblo. Recuerda que lleva mi nombre.<\/p>\n<p>Ese fue un recurso simple pero contundente. Demetrio comprendi\u00f3 que no se ir\u00eda, y como no hab\u00eda ning\u00fan signo reconocible de que pronto lo alcanzar\u00eda la muerte, tom\u00f3 sus cosas a la ma\u00f1ana siguiente, y despu\u00e9s de pasar a casa de Ladislao a despedirse, se march\u00f3. La limpieza tuvo entonces que hacerla solo, y a pesar de estar deshabitado, despu\u00e9s de la botada de p\u00e1jaros en el tiradero, Carranza segu\u00eda siendo el mismo: sus calles bien trazadas, sus techos homog\u00e9neos, sus naranjales, sus limoneras, sus toronjiles, sus anonas, sus caimitos, sus flamboyanes.<\/p>\n<p>Una tarde nublada de marzo, despu\u00e9s de cuatro meses de estar solo y cuando hab\u00eda perdido toda esperanza, Ladislao Acu\u00f1a oy\u00f3 unos golpes en la entrada. Movi\u00f3 su cuerpo de ceb\u00fa senil y fue a quitar la tranca. Cuando abri\u00f3 la puerta, ah\u00ed estaba, en medio de la calle, la respuesta a su presentimiento.<\/p>\n<p>\u2015Disculpe usted\u2015dijo el hombre parado frente a \u00e9l vestido de camisa de manta y sombrero de paja\u2015. \u00bfTiene agua para los caballos?<\/p>\n<p>\u2015Tengo agua para todo un pueblo\u2015contest\u00f3 Ladislao sin verlo\u2015. Pase.<\/p>\n<p>El hombre entr\u00f3 a la casa, y mientras llenaba los baldes en el pozo del traspatio, le cont\u00f3 a Ladislao que se hab\u00eda perdido tratando de acortar el camino a Peto, y que por la bendici\u00f3n de Dios, se hab\u00eda encontrado aquel pueblo fantasma.<\/p>\n<p>\u2015Llam\u00e9 antes en diez casas y nadie me contest\u00f3. \u00bfAd\u00f3nde se han ido todos?<\/p>\n<p>\u2015A buscar la vida\u2015le dijo Ladislao desde la puerta con la vista puesta en el camino.<\/p>\n<p>\u2015No le entiendo.<\/p>\n<p>\u2015Como le dije, a buscar la vida\u2015reiter\u00f3 Ladislao\u2015. Este es un pueblo muerto.<\/p>\n<p>El hombre, cuyo nombre era Sacrist\u00e1n, y que adem\u00e1s de tener la virtud de ser honesto, parec\u00eda apenas rebasar los veinte a\u00f1os, empez\u00f3 a sentir un poco de miedo. Se apresur\u00f3 a llenar los baldes y sali\u00f3 de la casa seguido por Ladislao. Cuando se inclin\u00f3 para poner los baldes frente a los caballos para que bebieran, escuch\u00f3 la voz de Ladislao a sus espaldas.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfQu\u00e9 lleva en la carreta? Sacrist\u00e1n se enderez\u00f3.<\/p>\n<p>\u2015P\u00e1jaros\u2015dijo.<\/p>\n<p>Ladislao le pidi\u00f3 verlos, y cuando levantaron los costales que cubr\u00edan la caja, los cuerpos aparecieron frente a sus ojos. Despu\u00e9s de un silencio breve le pidi\u00f3 a Sacrist\u00e1n su autorizaci\u00f3n para tomar uno. Sacrist\u00e1n asinti\u00f3 y levant\u00f3 de las patas al m\u00e1s cercano y lo tom\u00f3 entre sus manos, tal y como lo hab\u00eda hecho trece meses antes con el primero. Las plumas del animal eran de un caf\u00e9 oscuro y ten\u00eda los ojos abiertos y el pico apretado. Levant\u00f3 un poco m\u00e1s los sacos y el color caf\u00e9 de los cuerpos se hizo m\u00e1s intenso.<\/p>\n<p>\u2015Son hembras\u2015murmur\u00f3.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfC\u00f3mo dice? \u2015le pregunt\u00f3 Sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2015Son hembras\u2015repiti\u00f3 Ladislao\u2015. Usted no lleva p\u00e1jaros sino p\u00e1jaras. Y enseguida le pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2015\u00bfQu\u00e9 hacen, las matan?<\/p>\n<p>\u2015Las capturan y luego las matan\u2015dijo Sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfPara qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2015No s\u00e9 muy bien\u2015dijo Sacrist\u00e1n con la verdad\u2015. Creo que en Sudam\u00e9rica las compran bien, y para la gente antillana es un platillo barato y exquisito. La empresa est\u00e1 ganando mucho dinero con esto.<\/p>\n<p>Ladislao regres\u00f3 el animal a su lugar y colocaron de nuevo los costales.<\/p>\n<p>\u2015\u00bfUsted no va a tomar agua?<\/p>\n<p>\u2015No se\u00f1or, ya no\u2015respondi\u00f3 Sacrist\u00e1n\u2015. Ya es tarde y tengo prisa por llegar\u2015. Y subi\u00f3 a la carreta dispuesto a continuar su camino.<\/p>\n<p>Ladislao Acu\u00f1a lo detuvo por un instante.<\/p>\n<p>\u2015D\u00edgame algo, por favor, antes de retirarse. \u00bfCree usted que se puede morir de amor?<\/p>\n<p>\u2015No. Digo, no lo s\u00e9. No creo\u2015dijo Sacrist\u00e1n visiblemente confundido\u2015. \u00bfPor qu\u00e9 me lo pregunta?<\/p>\n<p>Entonces Ladislao le suplic\u00f3 con el coraz\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2015H\u00e1game un favor. D\u00edgale a los due\u00f1os de la empresa que su negocio est\u00e1 bien, pero que no maten s\u00f3lo a las hembras. Hace m\u00e1s de un a\u00f1o tenemos una lluvia de cuervos machos muertos en este pueblo, y por sus picos entreabiertos y sus ojos cerrados, s\u00e9 que est\u00e1n muriendo de amor. D\u00edgales que no sigan matando a sus parejas.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s concluy\u00f3:<\/p>\n<p>\u2015Para colmo, ya mataron tambi\u00e9n al pueblo que lleva mi nombre: Carranza.<\/p>\n<p>\u2015Carranza\u2015murmur\u00f3 Sacrist\u00e1n con el ce\u00f1o fruncido, como si aquel nombre hubiera recorrido ya todos los confines de la pen\u00ednsula.<\/p>\n<p>\u2015Descuide, se\u00f1or\u2015le dijo\u2015. As\u00ed se lo dir\u00e9 a mis patrones.<\/p>\n<p>Y Sacrist\u00e1n le dio una prueba innegable de su honestidad, pues despu\u00e9s de dos semanas, la lluvia de p\u00e1jaros hab\u00eda terminado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">****<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/marioperez.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-462 alignleft\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2020\/12\/marioperez.jpg\" alt=\"\" width=\"115\" height=\"139\" \/><\/a><\/h5>\n<p><strong>Mario P\u00e9rez Aguilar<\/strong> (Chetumal, 1954) es economista por la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico y Maestro en Ciencias por la Universidad de Michigan, USA. Es autor de los libros de cuentos El motivo de Benjam\u00edn (1996) y La historia que viene (2005), y de las novelas Los artificios del agua turbia (1995), Tercera llamada (1997), Por aqu\u00ed se dan muy bien los muertos (2000), Luna Menguante, historia de un asesinato (2014) y Las mujeres del profesor (2020). Obtuvo menci\u00f3n honor\u00edfica en el concurso de cuento \u201cComo el mar que regresa\u201d en 1999 con su cuento \u201cEl juez vencido\u201d. Ha sido becario del PECDA para escribir \u201cLas mujeres del profesor\u201d y \u201cLuna Menguante\u201d, servidor p\u00fablico por m\u00e1s de 40 a\u00f1os y docente en materia econ\u00f3mica en varias universidades. Actualmente vive en Canc\u00fan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 &nbsp; Por Mario P\u00e9rez Aguilar &nbsp; Hac\u00eda poco m\u00e1s de doce meses que llov\u00edan p\u00e1jaros en Carranza. 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