{"id":4298,"date":"2024-01-27T06:14:58","date_gmt":"2024-01-27T11:14:58","guid":{"rendered":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/?p=4298"},"modified":"2024-01-22T19:15:21","modified_gmt":"2024-01-23T00:15:21","slug":"cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/","title":{"rendered":"Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo"},"content":{"rendered":"<h4><strong>Carlos Vadillo<\/strong><\/h4>\n<p>-Arturo&#8230; pap\u00e1 no aguant\u00f3 la operaci\u00f3n&#8230; ha muerto&#8230;<\/p>\n<p>Era la voz gangosa de mi hermano por el tel\u00e9fono, distorsionada a\u00fan m\u00e1s por la interferencia; otra vez ese tono que siempre me cay\u00f3 en gracia, que era motivo de burlas en el pasado y, si no fuera por la gravedad de lo que comunicaba, lo hubiese embromado de nueva cuenta, pero en esos momentos sent\u00ed odiarlo: su voz parec\u00eda darme la noticia de la muerte de otro hombre, de un desconocido de la nota roja del peri\u00f3dico, y no de nuestro padre; as\u00ed de ofensiva e impersonal me son\u00f3 su entonaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Era de madrugada en Madrid, por eso el timbre del tel\u00e9fono me produjo un respingo en mi cama. Me hab\u00eda metido horas antes, envuelto en la colcha, con un sue\u00f1o profundo y pesado, arrullado por las ramas de los casta\u00f1os que en el parque, debajo de mi piso, cruj\u00edan hostigadas por el viento de oto\u00f1o; qui\u00e9n sabe cu\u00e1nto tiempo llevaba ya repiqueteando el aparato, tal vez hasta me tard\u00e9 demasiado en contestar. Ese maldito timbre que suena a horas inoportunas y que de inmediato lo asociamos con los peores sucesos, porque nadie va a hablarnos a esas horas para decirnos que nos quiere, que nos hemos ganado un viaje a Hawai, o que nuestro nombre ha sido elegido por la computadora de los sorteos.<\/p>\n<p>-\u00bfEst\u00e1s ah\u00ed, Arturo?&#8230; \u00bfPor qu\u00e9 no contestas? \u00bfEst\u00e1s borracho, drogado o qu\u00e9&#8230;?<\/p>\n<p>-&#8230; No, nada, es que me qued\u00e9 como ido&#8230; y mam\u00e1&#8230; \u00bfC\u00f3mo est\u00e1?<\/p>\n<p>-C\u00f3mo quieres que est\u00e9&#8230; imag\u00ednatelo&#8230; t\u00fa que estudias literatura y no puedes imagin\u00e1rtelo&#8230;<\/p>\n<p>-&#8230;<\/p>\n<p>-La cremaci\u00f3n ser\u00e1 ma\u00f1ana&#8230; \u00bfQu\u00e9 vas a hacer?<\/p>\n<p>-Esstee&#8230; ir\u00e9 para all\u00e1&#8230;<\/p>\n<p>Al colgar, repar\u00e9 en mi \u00faltima frase: dije que ir\u00eda para all\u00e1, como si saliera a la calle y tomara un taxi o un autob\u00fas, como si M\u00e9xico estuviera a seis cuadras o a ocho esquinas; estaba aturdido, en medio del comedor, con la mirada en el auricular ba\u00f1ado por la desgastada claridad que penetraba por las ventanas. Camin\u00e9 hacia el ba\u00f1o y encend\u00ed la luz para observarme en el espejo; no s\u00e9 para qu\u00e9 ir\u00eda a mirarme, si sab\u00eda que a mis treinta y dos comenzaban a marc\u00e1rseme algunas arruguillas debajo de mis p\u00e1rpados; mec\u00e1nicamente, despu\u00e9s de lavarme la cara y como si no tuviese otra cosa mejor que hacer, me afan\u00e9 en lo que siempre me recomendaba Gloria que hiciese antes de dormirme, y que yo, por pereza o por falta de vanidad, nunca hac\u00eda: untarme el rostro con una crema humectante. Mientras me embadurnaba la frente, los p\u00f3mulos, confirm\u00e9 lo que todos me dec\u00edan: me parec\u00eda mucho a mi padre, m\u00e1s que todos mis hermanos, una similitud asombrosa, adjetivo que Gloria aplic\u00f3 cuando le present\u00e9 a mi padre a trav\u00e9s de una foto familiar que yo hab\u00eda cargado en la maleta. Pero Gloria se hab\u00eda marchado justo ese mediod\u00eda hacia Santander, al curso de psicolog\u00eda educativa en el que se hab\u00eda inscrito. Lamentaba la ausencia de mi novia colombiana en Madrid, porque, al ser domingo, se hubiera quedado a dormir conmigo, como suced\u00eda siempre, en esos dos meses que sum\u00e1bamos juntos, y los dos hubi\u00e9ramos afrontado mi reci\u00e9n estrenada orfandad. Imagin\u00e9 la escena, que de cierta manera, como un tonto consuelo, me reconfort\u00f3: tumbados en la cama, desnudos, despu\u00e9s de hacernos el amor, con las piernas estiradas, yo boca arriba, con el cuello reposado en su muslo, y ella, apoyada en la cabecera, acariciando mis cabellos, sin decirme nada, transmiti\u00e9ndome su b\u00e1lsamo a trav\u00e9s de las yemas de los dedos. O por momentos, con su voz de soprano, canturre\u00e1ndome una de esas salsas que se bailan por sus regiones, y que ella se sab\u00eda de memoria. Pero Gloria no estaba, y seguramente para esas horas ya estar\u00eda instalada en alg\u00fan cuarto del campus de la &#8220;Men\u00e9ndez Pelayo&#8221;, descansando del viaje de cinco horas en autob\u00fas. Ya la hablar\u00eda ma\u00f1ana, pens\u00e9, para enterarla de mi s\u00fabita partida y pedirle que le explicara a mi casero, pues en unos d\u00edas vendr\u00eda por su renta.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a fijarme en mi rostro, frente al espejo: lo hab\u00eda untado con demasiada crema, como si me hubiera colocado una mascarilla de cera, de tan blancas, pegajosas e irreconocibles que ten\u00eda las facciones. Parec\u00eda un grotesco mimo. Con la toalla me deshice de los excesos y la avent\u00e9 sobre el inodoro. De pronto me qued\u00e9 con los brazos ca\u00eddos, sin saber a qu\u00e9 m\u00e1s dedicarme. In\u00fatil era echarme de nuevo a la cama, porque dormir no podr\u00eda, tales eran los latidos descompasados en los pulsos de mis mu\u00f1ecas; para distraerme encend\u00ed el televisor del comedor y fui a mi cuarto por un cigarrillo, a la cocina por una cerveza; el programa de variedades que pasaba el \u00fanico canal que transmit\u00eda a esas horas, se me figur\u00f3 insufrible, a los pocos minutos. Ni siquiera las tetas descubiertas de las bailarinas que amenizaban los concursos, me sacaron del letargo en el que empezaba a descender. El Ducado y la Mahou me supieron bien, pero me revolv\u00eda inquieto en el asiento, como si me sudaran las posaderas; sent\u00eda tambi\u00e9n una comez\u00f3n y un escalofr\u00edo que se trasladaban del espinazo hacia mis piernas, que amenazaban con entumecerse. Me levant\u00e9, retir\u00e9 el seguro de las persianas, separ\u00e9 las dos hojas de madera en canalillos y abr\u00ed las ventanas de vidrio. Nadie circulaba por la calle ni por el parque, iluminados por unas farolas que desped\u00edan una luz amostazada; el \u00fanico ruido, lleno de sugestiones, proven\u00eda del leve chasquido que produc\u00edan las hojas al precipitarse desde las arb\u00f3reas alturas. Me sujet\u00e9 del pretil y saqu\u00e9 la cabeza por el balc\u00f3n para pegar un tremendo alarido, un grito que me sacudi\u00f3 de pies a cabeza, y que seguramente tambi\u00e9n estremeci\u00f3 a m\u00e1s de uno de mis vecinos de la plaza Olavide. Inhal\u00e9 una bocanada de aire fr\u00edo. Por toda respuesta una boca tosi\u00f3 en uno de los balcones cercanos al m\u00edo, y en otro, m\u00e1s lejano, sonaron unos carraspeos de alguien que ten\u00eda problemas para expulsar unas flemas. Despu\u00e9s de mi exabrupto me sent\u00ed m\u00e1s tranquilo, pero no como para permanecer en el piso, as\u00ed que cerr\u00e9 las ventanas, recog\u00ed la chamarra y la cartera, y baj\u00e9 con premura, de dos en dos, los chirriantes escalones del edificio; tal urgencia ten\u00eda por lanzarme a la calle, a la nocherniega &#8220;marcha&#8221; por los rumbos de las viejas calles que rodeaban la Puerta del Sol, donde siempre hab\u00eda gente y tascas abiertas.<\/p>\n<p>En el cielo, como en un lienzo de tema apocal\u00edptico, se entretej\u00edan por el frente lenguas de diversas tonalidades rojizas; tal era el horizonte incendiado de la calle por la que me extraviaba. Por los costados, encima de los aleros de las construcciones, predominaba un gris met\u00e1lico, con algunas rasgaduras de nubes que se dispersaban. El viento g\u00e9lido me oblig\u00f3 a subir hasta el cuello el cierre de mi abrigo.<\/p>\n<p>El term\u00f3metro, instalado en una esquina c\u00e9ntrica, marcaba cinco grados de temperatura ambiental. Camin\u00e9 con pasos r\u00e1pidos para entrar en calor. Creo que hasta trot\u00e9 por en medio de la v\u00eda, que de eso ya ni me acuerdo. Ten\u00eda hambre, un hambre inusual en m\u00ed, acostumbrado ya, por cuestiones de econom\u00eda, a no cenar m\u00e1s que fruta y yogurt. Y ganas tambi\u00e9n de beber en las tabernas para ahogar en cerveza mi congoja: \u00abbebo, luego t\u00fa ya no existes\u00bb, me dije en el mostrador del primer bar que encontr\u00e9 abierto. Estaba repleto, \u00abhasta la bandera\u00bb, por lo que me posesion\u00e9 de mi sitio a punta de codazos; me sent\u00ed mejor al encender otro pitillo, sumergido en ese pantano de voces y risas, de entrechoques de platos y tazas, de gestos y manoteos, y de vez en cuando me refocilaba mir\u00e1ndole el trasero a alguna chica de buen ver.<\/p>\n<p>El centro de Madrid era una fiesta, a pesar de que ya era lunes.<\/p>\n<p>Me beb\u00ed varias ca\u00f1as a sorbos lentos, disfrutando la amargura helada de la bebida que inundaba mi garganta; ya no quedaba nada a qu\u00e9 hincarle el diente, ninguna raci\u00f3n ni tapa. Las hordas hab\u00edan arrasado con todo comestible. Me march\u00e9 hacia la calle de La Cruz, a la b\u00fasqueda de un lugar que recordaba, en el que alguna vez hab\u00eda comido una tortilla espa\u00f1ola que me supo a gloria, valga la redundancia. El cafet\u00edn estaba casi vac\u00edo.<\/p>\n<p>Cuando masticaba el \u00faltimo pedazo del bocadillo, vi por el espejo a la muchacha. Se acercaba a las mesas, dec\u00eda algo inaudible, estiraba un brazo, pero indistintamente los comensales negaban con la cabeza; un par de viejos que jugaban al domin\u00f3 en un rinc\u00f3n la echaron con bruscos ademanes. Hasta que lleg\u00f3 a la barra, en el momento que me limpiaba la boca con una servilleta, pues ya hab\u00eda dado cuenta de la raci\u00f3n.<\/p>\n<p>-Por favor, cinco duros para comer.<\/p>\n<p>Al igual que yo, el hombre que estaba al mando del mostrador no hab\u00eda dejado de seguirla con la mirada, seguramente desde que entr\u00f3, hasta que ya no pudo contenerse y estall\u00f3.<\/p>\n<p>-\u00a1Pero es que no puedes dejar en paz a los se\u00f1ores&#8230; b\u00fascate los cuartos por otro lado!<\/p>\n<p>-Hombre, Paco, no te encabrites de esa manera que t\u00fa est\u00e1s malo&#8230; anda chica, a buscarse la vida por otro lado -intervino un viejecillo que tomaba caf\u00e9 con leche, acodado en la esquina.<\/p>\n<p>La chica dio la media vuelta, con el gesto amoscado y, cuando pas\u00f3 junto a m\u00ed, la llam\u00e9; la joven se detuvo.<\/p>\n<p>-Anda, pide algo que yo te invito.<\/p>\n<p>La joven me mir\u00f3 incr\u00e9dula, como si no hubiera escuchado nada, e hizo el intento de salir del lugar, pero la detuve del brazo.<\/p>\n<p>-En serio, pide algo, no te d\u00e9 pena.<\/p>\n<p>-Bueno, gracias, majo.<\/p>\n<p>Mientras ella eleg\u00eda de entre la lista de viandas dibujadas en un tablero, frente a nuestras caras, ped\u00ed otra cerveza y de soslayo realic\u00e9 una discreta inspecci\u00f3n a la fisonom\u00eda de mi invitada, a la que calcul\u00e9 unos veinticinco a\u00f1itos: ten\u00eda el cabello negro, corto y un tanto disparejo de los lados, por donde se despe\u00f1aban unos pelos azules; en los p\u00e1rpados destacaban unas ojeras como de varios d\u00edas de no pegar un ojo, pens\u00e9; cuando miraba hacia su descolorida indumentaria de mezclilla, pantal\u00f3n y chamarra, la chica orden\u00f3 una tortilla con chorizo y un chato de vino tinto. Ante la orden de la mujer, Paco me mir\u00f3 inquisidor, y yo asent\u00ed ratificando el pedido de la reci\u00e9n llegada.<\/p>\n<p>-Hola, soy Inmaculada -salud\u00f3 y me asest\u00f3 dos besos, uno en cada mejilla.<\/p>\n<p>-Pues yo soy yo y punto.<\/p>\n<p>-Oye, t\u00fa eres&#8230;<\/p>\n<p>-Mexicano&#8230; no te quiebres la cabeza&#8230; raro el acento, \u00bfno?<\/p>\n<p>-S\u00ed, un poco&#8230; pero es que sois tan simp\u00e1ticos&#8230; sabes, hablan de una manera tan&#8230; melodiosa, no s\u00e9&#8230; como si cantaran siempre&#8230; a m\u00ed me parece agradable.<\/p>\n<p>-A ustedes se les har\u00e1 chistoso.<\/p>\n<p>Inmaculada arrastraba las palabras al hablar, como si antes de expulsarlas, las catara dentro de su boca. Se desaboton\u00f3 la chamarra, se trep\u00f3 al banquillo y pude ver su camiseta negra, con el estampado de \u201cLos \u00e1ngeles del Infierno\u201d en el centro.<\/p>\n<p>Ped\u00ed otra cerveza, para acompa\u00f1ar a mi nueva amiga, y call\u00e9, mientras Inmaculada beb\u00eda con avidez y devoraba a dos carrillos. Por momentos Paco nos echaba una ojeada y le hac\u00eda un moh\u00edn, como de disgusto, al viejo, que para no dormirse, tabaleaba sobre la madera de la barra.<\/p>\n<p>-Anda v\u00e1monos de aqu\u00ed&#8230; las tortillas son estupendas, pero el t\u00edo que las hace tiene muy mala hostia, como te habr\u00e1s enterado.<\/p>\n<p>Estuve de acuerdo. Salimos a la bulliciosa calle.<\/p>\n<p>-Jo, macho, que hay una marcha de puta madre&#8230; Mira, si te apetece damos una vuelta, y si te quedan pelas podemos tomar una ca\u00f1ita en cualquier bar, \u00bfvale?<\/p>\n<p>\u00abcarajo menuda t\u00eda en la que me he fijado pinche suerte la m\u00eda qu\u00e9 buen ligue \u00e9stas que pasan a mi lado est\u00e1n rebuenas y yo con semejante mamarracha \u00a1puta madre! y \u00e9sa que va ah\u00ed adelante uff qu\u00e9 meneo ahora aguanto vara por pendejo\u00bb<\/p>\n<p>-Mira, mira, aqu\u00ed hay una taberna en la que siempre hay algunos amigos; esp\u00e9rame aqu\u00ed en la plaza, que yo ir\u00e9 a por unos porros, \u00bfvale?<\/p>\n<p>-Si, s\u00ed, aqu\u00ed te espero mi reina.<\/p>\n<p>La vi partir, mientras me atusaba los bigotes.<\/p>\n<p>Y desapareci\u00f3 detr\u00e1s de unos muchachos que estaban en la puerta del atestado bar. Cruc\u00e9 a la acera de enfrente.<\/p>\n<p>-Pero Ignacio, aqu\u00ed ni Dios entra, t\u00edo.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed estuve como quince minutos, con los brazos cruzados y apoyado en el capirote de un auto, con la boca reseca, mirando pasar a la romer\u00eda de sedientos que deambulaban en busca de nuevos sitios para seguir bebiendo; era como estar en un tianguis, como el de los domingos en el Rastro. Durante mi estancia en Madrid, no hab\u00eda visto jam\u00e1s en la calle al r\u00edo de gente que circulaba esa noche. Los coches transitaban a vuelta de rueda por los frenones, por culpa de los que se atravesaban intempestivamente. Encend\u00ed un cigarro.<\/p>\n<p>-T\u00edo, me invitas a un tabaco&#8230; gracias&#8230; hasta luego.<\/p>\n<p>Algunos beb\u00edan en las bancas de las plazas, como la que yo ten\u00eda a un lado. Una patrulla de polic\u00edas circul\u00f3 con lentitud, con las torretas encendidas.<\/p>\n<p>-Chocolate, chocolate&#8230;-ofrec\u00eda en voz baja, cautelosamente, un tipo con pinta de moro, con las manos ocultas en los bolsillos de la camisola.<\/p>\n<p>Empezaba a impacientarme \u00abtal vez sea mi \u00faltima noche en Madrid y yo esperando a esta t\u00eda zorra que se la cojan por culo aqu\u00ed me tiene hecho un pendejo soplapollas me siento peor que uno de esos chinos vendedores de bocadillos y cocas en las calles\u00bb. Inmaculada pareci\u00f3 escuchar mis pensamientos, pues la vi salir del antro y levant\u00f3 la cabeza para buscarme entre el tumulto; alc\u00e9 la mano y se dirigi\u00f3 hacia m\u00ed, muy sonriente.<\/p>\n<p>-Estamos de suerte, macho, que he conseguido unos buenos porros. V\u00e1monos a fumar por alguna de estas callecitas.<\/p>\n<p>Me tom\u00f3 del brazo y partimos. Yo me dejaba guiar, no porque no conociese la zona, pues algunos fines de semana me los hab\u00eda pasado deambulando, de noche, por la parte vieja madrile\u00f1a, sino porque a medida que caminaba me comenz\u00f3 a invadir una laxitud en las piernas, a tal grado que ya no me importaba por d\u00f3nde avanz\u00e1bamos. Me sent\u00eda arrastrar por la muchacha. Ella encendi\u00f3 el cigarro y lo fuimos consumiendo, cada uno a su debido turno. Nos alej\u00e1bamos, silenciosamente, de las escandalosas calzadas. Sent\u00ed relajarme a\u00fan m\u00e1s. Al doblar en una esquina nos azot\u00f3 los rostros una tolvanera. Los repentinos giros de nuestras cabezas nos ocasion\u00f3 un infantil festejo. A pesar de no hablar casi nada, junto a Inmaculada me entr\u00f3 la impresi\u00f3n de andar del brazo de una antigua conocida que me proteg\u00eda y, aunque no fuera guapa ni estuviera presentable, sent\u00ed un inesperado orgullo de estar a su lado, aunque su cabeza me llegara a los hombros. Ella me miraba de vez en cuando, sobre todo cuando aspiraba del pitillo.<\/p>\n<p>Creo que cerca del metro Noviciado nos detuvimos ante un callej\u00f3n semioscuro y, sin ponernos de acuerdo, lo penetramos; de inmediato nos recibi\u00f3 el olor a meados; a lo largo de las aceras hab\u00eda material de construcci\u00f3n. Parec\u00eda un pasaje usado como escombrera y ba\u00f1o p\u00fablico. \u00cdbamos a la mitad, cuando ella se detuvo; ah\u00ed se le ocurri\u00f3 encender otro porro. Nos recargamos contra el muro.<\/p>\n<p>-Cu\u00e9ntame&#8230; \u00bfY t\u00fa qu\u00e9 andas haciendo por Espa\u00f1a?<\/p>\n<p>Su voz se derram\u00f3 en mis o\u00eddos, como a trav\u00e9s de un tubo de desag\u00fce.<\/p>\n<p>Tras un breve silencio y sin contestar a su pregunta, solt\u00e9, atropelladamente, la raz\u00f3n por la que andaba vagabundeando esa noche por ah\u00ed, le dije de mi urgente partida a M\u00e9xico y le cont\u00e9 de la necesidad que ten\u00eda de estar entre la gente para no sentirme solo, y de los deseos de tomarme todas las cervezas que me entraran por el cogote. Apenas le distingu\u00eda el rostro, emparedados como est\u00e1bamos entre esos descascarados muros, pero yo sab\u00eda que, a medida que me escuchaba, Inmaculada empez\u00f3 a mirarme de otro modo, como maternal, como se mira a un chiquillo que ha hecho algo malo, pero al que se le est\u00e1 dispuesto a perdonar la falta. Me pas\u00f3 el cigarro. Aspir\u00e9 profundo, con los deseos de que el humo inundara mis pulmones y se esparciera por los vericuetos de mis entra\u00f1as. Pretend\u00ed devolv\u00e9rselo, pero ella insisti\u00f3 para que siguiera fumando.<\/p>\n<p>-Anda majo, esto te har\u00e1 sentir un poco m\u00e1s tranquilo.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a fumar hondo, produciendo una ruidosa aspirada con los labios y mi saliva. Reclinado en la pared, alc\u00e9 la cabeza para mirar al cielo que se aclaraba por algunas partes. Inmaculada retir\u00f3 el cigarro de mis dedos. En el fulgor brillaron sus pupilas.<\/p>\n<p>\u00abpara qu\u00e9 partir si ya nada importa si ah\u00ed s\u00f3lo me esperan dentro de la urna unas pavesas sin voz un rescoldo sin aliento unos ojos de carb\u00f3n unas palpitaciones de vapor unas miradas de ceniza\u00bb<\/p>\n<p>Una colilla describi\u00f3 una par\u00e1bola en el aire y se fue a estrellar contra un mont\u00edculo de grava. Alumbr\u00f3 su \u00faltima se\u00f1al de vida y se evapor\u00f3 en una columnilla de humo.<\/p>\n<p>\u00abcomo un cigarro tambi\u00e9n se volvi\u00f3 humareda como un tabaco se consumi\u00f3 en una bocanada como un porro su cuerpo ser\u00e1 una porci\u00f3n de holl\u00edn que ocupar\u00e1 su espacio en el mundo\u00bb<\/p>\n<p>Inmaculada dijo algo ininteligible. No me preocup\u00e9 por averiguar su significado. Ni siquiera la miraba, me reconfortaba o\u00edrla respirar a mi lado. Me interes\u00e9 m\u00e1s por la estrella que acababa de descubrir, en aquella porci\u00f3n de cielo que parec\u00eda ven\u00edrsenos encima. Ella se despeg\u00f3 de la pared y se puso frente a m\u00ed: \u00ab\u00bfQu\u00e9 miras guapo? \u00bb; sent\u00ed sus manos tibias que sujetaron mi cuello. Lade\u00f3 su cara y me atrajo hacia ella; sus labios apenas rozaron los m\u00edos, que se humedecieron con unos besos calmos, unos besos cargados de su h\u00e1lito agrio que se me impregn\u00f3 en el paladar. Sent\u00ed la sangre agolparse bajo mi piel, como si pugnara por reventar las venas y salir en b\u00fasqueda de su liberaci\u00f3n; mis dientes buscaron sus labios inferiores para mordisquearlos con sa\u00f1a, y mis manos la atenazaron por la cintura, apret\u00e1ndola febrilmente contra mi cuerpo, cort\u00e1ndole el resuello. Ella emiti\u00f3 un leve gemido y en mi boca sent\u00ed el sabor de la sangre caliente: la hab\u00eda rasgado con mis dientes, pero excitado por esta nueva sensaci\u00f3n gustativa, la despoj\u00e9 de la chamarra, levant\u00e9 su playera y de un movimiento romp\u00ed el seguro de su sost\u00e9n. Ella luchaba t\u00edmidamente por apartarse, alarmada por mi reacci\u00f3n.<\/p>\n<p>-\u00a1V\u00e1monos de aqu\u00ed, march\u00e9monos para mi piso&#8230; es aqu\u00ed cerca!&#8230; -le orden\u00e9 con rabia, agitado, mientras separaba mis manos de su cuerpo. Me hab\u00edan entrado n\u00e1useas al imaginarme rodar semidesnudo entre todos esos desperdicios materiales y humanos. Recog\u00ed la chamarra del suelo, se la coloqu\u00e9 en la espalda y sin darle tiempo de cuestionar el mandato, la tom\u00e9 de la mu\u00f1eca y la arrastr\u00e9 hacia la salida de la callejuela. Corrimos entre los caminantes, como si nos fueran persiguiendo, tropez\u00e1bamos con ellos y nos insultaban a nuestras espaldas. La apret\u00e9 con fuerza, con furia, creo que hasta la magullaba, porque sent\u00eda fl\u00e1ccida su carne debajo de mis dedos, tal era el temor de que al doblar en una esquina se me disolviera en el vac\u00edo. Inmaculada hac\u00eda el intento de detenerse y aspirar un momento, de decirme algo, pero nada le sal\u00eda, y de inmediato la volv\u00eda a jalar para que sigui\u00e9ramos con nuestra loca carrera. Pas\u00e1bamos entre los coches que nos pitaban, a punto de atropellarnos, pero nada me importaba. S\u00f3lo quer\u00eda llegar a mi cama para desnudar y poseer con violencia a Inmaculada, porque sent\u00eda un raro furor, una exasperaci\u00f3n que me ulceraba las v\u00edsceras, unos deseos de fundirme en sus carnes, de calcinarme entre su sexo, de volver a nacer entre su vagina. Las facciones de mi cara iban contra\u00eddas por unas punzadas dolorosas que se dejaron sentir en mi pecho, y porque iba llorando, pero nadie se dio cuenta, no s\u00f3lo por la prisa por la que transit\u00e1bamos, sino tambi\u00e9n porque me pasaba la manga de mi chaqueta por los p\u00f3mulos para secar las l\u00e1grimas. Al fin nos encontramos en la esquina de mi calle y as\u00ed se lo hice saber a mi cautiva. Apoyado en sus cuartos traseros, vimos a un perro de abundante pelaje que defecaba junto al contenedor de basura de uno de los portales de la calle.<\/p>\n<p>Ambos comenzamos a toser, pero ninguno de los dos rio. La sujet\u00e9 del hombro, y anduvimos tambale\u00e1ndonos como borrachos. Se\u00f1al\u00e9 mi resplandeciente ventana, pues hab\u00eda olvidado apagar la luz, en el segundo piso. Ten\u00eda yo la frente sudada, por lo que tambi\u00e9n la limpi\u00e9 con mi chaqueta. En el portal del edificio ella se desasi\u00f3 de mi abrazo. Intent\u00e9 besarla, pero apart\u00f3 la cara. Todav\u00eda hac\u00eda esfuerzos por respirar. Advert\u00ed un punto de sangre en su morro inferior, y ella, temblorosa, se aboton\u00f3 el chaquet\u00f3n y de su interior sac\u00f3 un pa\u00f1uelillo blanco con el que se limpi\u00f3 la boca. Lo mir\u00f3 con gesto perplejo.<\/p>\n<p>-Sabes majo, dej\u00e9moslo aqu\u00ed&#8230; no te encabrites pero hasta aqu\u00ed hemos llegado&#8230; tengo que marcharme&#8230;<\/p>\n<p>Como si no hubiera dicho nada, busqu\u00e9 la llave y la introduje en la cerradura. Abr\u00ed el port\u00f3n.<\/p>\n<p>-\u00a1Que no, que no&#8230; te he dicho que no! -grit\u00f3 como una hist\u00e9rica, y la sujet\u00e9 del brazo.<\/p>\n<p>-Inmaculada, d\u00e9jate de gilipolleces y entremos de una chingada vez, co\u00f1o.<\/p>\n<p>-Te he dicho que no&#8230; que yo me marcho&#8230; \u00bfno lo entiendes?&#8230; su\u00e9ltame&#8230; ni siquiera s\u00e9 tu nombre y me has hecho da\u00f1o&#8230; -tartaje\u00f3, ya un poco m\u00e1s calmada, pero volv\u00ed a arrastrarla para introducirla en el portal, pero ella opon\u00eda resistencia, tirando para atr\u00e1s sus piernas y doblando el cuerpo. Ten\u00eda cara de borracha y no pod\u00eda estar derecha. En la \u00faltima ventana del edificio de enfrente, se encendi\u00f3 una luz; la claridad traspas\u00f3 los visillos. Impulsada por un repentino viento, la puerta se cerr\u00f3 a mis espaldas. El perro peg\u00f3 un brinco, un ladrido, y se fue husmeando por los otros botes de basura que estaban en las aceras. Seguramente desde la esquina de la calle lo vieron todo, \u00ablo que me faltaba\u00bb, porque la patrulla, con sus faros apagados se acerc\u00f3 hasta mi port\u00f3n; los dos ocupantes nos miraron; descendieron.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 est\u00e1 pasando aqu\u00ed?&#8230; y a ti, \u00bfpor qu\u00e9 te estaba metiendo a la fuerza el se\u00f1or?<\/p>\n<p>Inmaculada se ech\u00f3 a llorar apoy\u00e1ndose en el hombro de un polic\u00eda. \u00abpinche actriz de pacotilla\u00bb. El otro se acerc\u00f3, orden\u00f3 con voz autoritaria que me diera la media vuelta y me espos\u00f3. Me registr\u00f3 los bolsillos del pantal\u00f3n y la chamarra.<\/p>\n<p>-No pasa nada, oficial, mi novia que no quer\u00eda entrar conmigo&#8230; se ha pasado un poco, eso es todo, no pasa nada&#8230;<\/p>\n<p>-Se\u00f1or, que no pasa nada, que nada m\u00e1s est\u00e1n escandalizando a horas impropias&#8230; Se han quejado los vecinos y los vamos a llevar a Comisar\u00eda. Mu\u00e9streme su carnet.<\/p>\n<p>Con una gesticulaci\u00f3n indiqu\u00e9 que lo cargaba en la cartera, en el bolsillo de atr\u00e1s de mi pantal\u00f3n. El hombre meti\u00f3 mano y la extrajo. Revolvi\u00f3 entre sus secciones: estudi\u00f3 mi pasaporte, mi carnet de estudiante de Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica en la Complutense.<\/p>\n<p>Me volv\u00ed y mir\u00e9 a Inmaculada dentro del carro, en el asiento trasero. Me pareci\u00f3 m\u00e1s calmada porque hablaba con el que conduc\u00eda, tambi\u00e9n dentro del coche, moviendo las manos pausadamente, de un lado a otro. A la distancia me parec\u00eda intensamente p\u00e1lida, como una mu\u00f1eca descolorida, de \u00e9sas que han dejado abandonadas a la intemperie. A una se\u00f1a de su pareja, el que me custodiaba se acerc\u00f3 al veh\u00edculo, dej\u00e1ndome ah\u00ed parado, bajo el portal, y llev\u00e1ndose mis documentos. Los grilletes me apretaban las mu\u00f1ecas y sent\u00eda el fr\u00edo metal que rasgaba mi piel. Apagaron la luz del piso de enfrente, pero yo adivinaba a m\u00e1s de una cabeza huroneando hacia la v\u00eda p\u00fablica. Entonces sent\u00ed la heladez que me traspasaba los huesos. Mis dientes entrechocaban, como casta\u00f1uelas. Una parte del cielo se tintaba de un azul a\u00f1il. Me sent\u00eda un imb\u00e9cil ante la absurda escena, con ganas de abrir la puerta, pues las llaves colgaban de la cerradura, y meterme, escaleras arriba. El polic\u00eda, inclinado hacia el interior del auto, segu\u00eda en la conferencia. Yo no alcanzaba a escuchar nada, s\u00f3lo el murmullo. Un par de j\u00f3venes, borrachos y con los pelos pintarrajeados de color naranja, pasaron por la acera opuesta, cantando en un idioma que yo desconoc\u00eda. El perro empez\u00f3 a ladrarles. Abrazados se detuvieron a contemplarnos, y luego emprendieron la bamboleante marcha. El animal se fue tras ellos. Al fin el guardia se volvi\u00f3 y vino hacia m\u00ed. Hizo una se\u00f1a para que me diera de nuevo la vuelta. Me quit\u00f3 las esposas.<\/p>\n<p>-M\u00e9tete a dormir, t\u00edo&#8230; pronto va a amanecer&#8230; -y me dej\u00f3 en la mano mis identificaciones.<\/p>\n<p>-Gracias&#8230; es buen consejo -contest\u00e9 con un dejo ir\u00f3nico.<\/p>\n<p>Desde la ventanilla, Inmaculada me lanz\u00f3 un beso que rechac\u00e9 con un adem\u00e1n de la mano. El auto arranc\u00f3 y los tres se fueron.<\/p>\n<p>Yo me introduje al edificio, dando tras de m\u00ed un portazo \u00ab zorra de mierda \u00bb. Ten\u00eda un par de horas para empacar mis cosas, pero antes tom\u00e9 una ducha con agua tibia.<\/p>\n<p>El sabor a metal estaba instalado en mi lengua, recorri\u00e9ndome los dientes, las muelas, y ten\u00eda una sed que no se me apacigu\u00f3 ni con el medio litro de agua que beb\u00ed. Del armario saqu\u00e9 todo el dinero que me quedaba y lo extend\u00ed sobre la cama. Tendr\u00eda que cambiar algunos d\u00f3lares para completar el precio del billete de avi\u00f3n. \u00c9stas y otras reflexiones me ocupaban cuando o\u00ed un leve, pero insistente golpeteo en el balc\u00f3n.<\/p>\n<p>Eran piedrecitas sobre mi ventana. Limpi\u00e9 con la mano el vaho del vidrio empa\u00f1ado y me asom\u00e9, sin abrir. Era Inmaculada, parada en medio del arroyo, con el cuello estirado y los ojos apuntando hacia mi balc\u00f3n. Vista desde arriba parec\u00eda desvalida, disminuida en su tama\u00f1o, como si la hubieran reducido. Su voz lerda y chillona rebot\u00f3 en el vidrio, amplific\u00e1ndose hacia dentro de la estancia.<\/p>\n<p>-\u00a1Joder, macho, \u00e1breme esta puta puerta que quiero estar contigo&#8230; anda, joder, que me abras y deja de contemplarme como un pelma!<\/p>\n<p>Al verme tan impasible se desesper\u00f3, pues tom\u00f3 una piedra grande e hizo el adem\u00e1n de lanzarla hacia la ventana, pero s\u00f3lo fue el intento, ya que ante mi inmovilidad, ante mis brazos cruzados, la arroj\u00f3 contra un muro. A la luz de la farola encendida de la calle, contempl\u00e9 una gasa de neblina que bajaba hacia ella, envolvi\u00e9ndola.<\/p>\n<p>-Est\u00e1 bien, Arturo, vale, porque ya s\u00e9 tu nombre, pero cuando regreses b\u00fascame siempre entre las plazas, entre las callejuelas, entre los bares, entre el humo de los porros, que ah\u00ed estar\u00e9&#8230; b\u00fascame, que siempre tendr\u00e9 ganas de estar contigo&#8230; b\u00fascame, a\u00fan en tus sue\u00f1os, en tus besos de sangre ba\u00f1ados de roc\u00edo, en tus manoseos cubiertos de cal\u00edgine, b\u00fascame, aunque nunca vuelvas a Madrid.<\/p>\n<p>As\u00ed la dej\u00e9 marchar. Se fue alejando, con las manos entrelazadas, volviendo la vista de tramo en tramo hacia el balc\u00f3n, entre oscilaciones como de barqu\u00eda en el mar, farfullando otras frases, desarticulando otras incoherencias. Desapareci\u00f3 de mi vista y de mi existencia.<\/p>\n<p>Yo no sab\u00eda si regresar\u00eda a Madrid; de lo que en verdad ten\u00eda ganas era de clausurar el \u00faltimo cerrojo de mis maletas, de guardarme el dinero en las bolsas de las ropas, y de salir a la oto\u00f1al ma\u00f1ana para comprarme, en una agencia, el boleto m\u00e1s pr\u00f3ximo hacia M\u00e9xico, y en la librer\u00eda, el volumen de Jorge Manrique; quer\u00eda releerlo durante el viaje.<\/p>\n<p>Mas lo primero que hice cuando la luz matinal se proyect\u00f3 en mis gafas oscuras, fue encauzar mi vida hacia el Pasaje de San Gin\u00e9s: quer\u00eda tomarme un chocolate con churros en compa\u00f1\u00eda de los noct\u00e1mbulos que todav\u00eda quedaban de pie en la ciudad.<\/p>\n<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-4299 alignleft\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/carlos-vadilo-1.jpg\" alt=\"\" width=\"238\" height=\"178\" srcset=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/carlos-vadilo-1.jpg 640w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/carlos-vadilo-1-80x60.jpg 80w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/carlos-vadilo-1-600x450.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 238px) 100vw, 238px\" \/>Carlos Vadillo<\/strong> (Campeche, M\u00e9xico). Narrador, ensayista y docente universitario. Ha ganado diversos premios literarios nacionales e internacionales. Son algunos de sus libros <em>Donde se fragmenta el oleaje<\/em>, <em>Los ex\u00e9getas<\/em>, <em>Los que callan y otros silencios<\/em>, <em>Te est\u00e1n buscando<\/em>\u2026<\/p>\n<p>Si le\u00edste este cuento, tal vez te interese leer:<\/p>\n<h6 class=\"entry-title\"><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-como-los-globos-de-alex-frank-rojas\/#:~:text=LITERATURA-,Cuento%20%7C%20Como%20los%20globos%20de%20Alex%20%7C%20Frank%20Rojas,-ACTUALIZADA%20EL\">Cuento | Como los globos de Alex | Frank Rojas<\/a><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos Vadillo -Arturo&#8230; pap\u00e1 no aguant\u00f3 la operaci\u00f3n&#8230; ha muerto&#8230; Era la voz gangosa de mi hermano por el tel\u00e9fono, distorsionada a\u00fan m\u00e1s por la &hellip; <\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":4300,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7,1,560],"tags":[1338,1305,150],"class_list":["post-4298","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuento","category-letras","category-literatura","tag-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid","tag-carlos-vadillo","tag-cuento","latest_post"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.2 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo - V\u00e9rtice<\/title>\n<meta name=\"description\" content=\"Un cuento del escritor mexicano Carlos Vadillo.\" \/>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_MX\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo - V\u00e9rtice\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Un cuento del escritor mexicano Carlos Vadillo.\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"V\u00e9rtice\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/PiramideQuintanaRoo\/\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2024-01-27T11:14:58+00:00\" \/>\n<meta property=\"og:image\" content=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Centro-Madrid_edited-1080x675-1.jpg\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:width\" content=\"1080\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:height\" content=\"675\" \/>\n\t<meta property=\"og:image:type\" content=\"image\/jpeg\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Agustin Labrada\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@PiramideQroo\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@PiramideQroo\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Agustin Labrada\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"22 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/\"},\"author\":{\"name\":\"Agustin Labrada\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/f03353a2e5600a434b0524b8d35fe856\"},\"headline\":\"Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo\",\"datePublished\":\"2024-01-27T11:14:58+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/\"},\"wordCount\":5048,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/#organization\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/01\\\/Centro-Madrid_edited-1080x675-1.jpg\",\"keywords\":[\"Aunque nunca vuelvas a Madrid\",\"Carlos Vadillo\",\"Cuento\"],\"articleSection\":[\"Cuento\",\"Letras\",\"Literatura\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/\",\"name\":\"Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo - V\u00e9rtice\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/01\\\/Centro-Madrid_edited-1080x675-1.jpg\",\"datePublished\":\"2024-01-27T11:14:58+00:00\",\"description\":\"Un cuento del escritor mexicano Carlos Vadillo.\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/#primaryimage\",\"url\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/01\\\/Centro-Madrid_edited-1080x675-1.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2024\\\/01\\\/Centro-Madrid_edited-1080x675-1.jpg\",\"width\":1080,\"height\":675},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/literatura\\\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Inicio\",\"item\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/\",\"name\":\"V\u00e9rtice\",\"description\":\"Letras de Grupo Pir\u00e1mide\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/#organization\",\"name\":\"Grupo Pir\u00e1mide\",\"url\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2021\\\/01\\\/black_logo_piramide.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2021\\\/01\\\/black_logo_piramide.jpg\",\"width\":834,\"height\":834,\"caption\":\"Grupo Pir\u00e1mide\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/www.facebook.com\\\/PiramideQuintanaRoo\\\/\",\"https:\\\/\\\/x.com\\\/PiramideQroo\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/grupopiramide.com.mx\\\/vertice\\\/#\\\/schema\\\/person\\\/f03353a2e5600a434b0524b8d35fe856\",\"name\":\"Agustin Labrada\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/83f93ccbcec2de4a589b72574ebf47c8fdd9c8161e3640da4f0cf3e7fe6121bd?s=96&d=mm&r=g\",\"url\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/83f93ccbcec2de4a589b72574ebf47c8fdd9c8161e3640da4f0cf3e7fe6121bd?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/secure.gravatar.com\\\/avatar\\\/83f93ccbcec2de4a589b72574ebf47c8fdd9c8161e3640da4f0cf3e7fe6121bd?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Agustin Labrada\"}}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo - V\u00e9rtice","description":"Un cuento del escritor mexicano Carlos Vadillo.","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/","og_locale":"es_MX","og_type":"article","og_title":"Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo - V\u00e9rtice","og_description":"Un cuento del escritor mexicano Carlos Vadillo.","og_url":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/","og_site_name":"V\u00e9rtice","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/PiramideQuintanaRoo\/","article_published_time":"2024-01-27T11:14:58+00:00","og_image":[{"width":1080,"height":675,"url":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Centro-Madrid_edited-1080x675-1.jpg","type":"image\/jpeg"}],"author":"Agustin Labrada","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@PiramideQroo","twitter_site":"@PiramideQroo","twitter_misc":{"Escrito por":"Agustin Labrada","Tiempo de lectura":"22 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/#article","isPartOf":{"@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/"},"author":{"name":"Agustin Labrada","@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/#\/schema\/person\/f03353a2e5600a434b0524b8d35fe856"},"headline":"Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo","datePublished":"2024-01-27T11:14:58+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/"},"wordCount":5048,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/#organization"},"image":{"@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Centro-Madrid_edited-1080x675-1.jpg","keywords":["Aunque nunca vuelvas a Madrid","Carlos Vadillo","Cuento"],"articleSection":["Cuento","Letras","Literatura"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/","url":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/","name":"Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo - V\u00e9rtice","isPartOf":{"@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/#primaryimage"},"image":{"@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Centro-Madrid_edited-1080x675-1.jpg","datePublished":"2024-01-27T11:14:58+00:00","description":"Un cuento del escritor mexicano Carlos Vadillo.","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/#primaryimage","url":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Centro-Madrid_edited-1080x675-1.jpg","contentUrl":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Centro-Madrid_edited-1080x675-1.jpg","width":1080,"height":675},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-aunque-nunca-vuelvas-a-madrid-carlos-vadillo\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Inicio","item":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Cuento | Aunque nunca vuelvas a Madrid | Carlos Vadillo"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/#website","url":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/","name":"V\u00e9rtice","description":"Letras de Grupo Pir\u00e1mide","publisher":{"@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/#organization","name":"Grupo Pir\u00e1mide","url":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/black_logo_piramide.jpg","contentUrl":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/01\/black_logo_piramide.jpg","width":834,"height":834,"caption":"Grupo Pir\u00e1mide"},"image":{"@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/PiramideQuintanaRoo\/","https:\/\/x.com\/PiramideQroo"]},{"@type":"Person","@id":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/#\/schema\/person\/f03353a2e5600a434b0524b8d35fe856","name":"Agustin Labrada","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/83f93ccbcec2de4a589b72574ebf47c8fdd9c8161e3640da4f0cf3e7fe6121bd?s=96&d=mm&r=g","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/83f93ccbcec2de4a589b72574ebf47c8fdd9c8161e3640da4f0cf3e7fe6121bd?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/83f93ccbcec2de4a589b72574ebf47c8fdd9c8161e3640da4f0cf3e7fe6121bd?s=96&d=mm&r=g","caption":"Agustin Labrada"}}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4298","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4298"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4298\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4302,"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4298\/revisions\/4302"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4300"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4298"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4298"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4298"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}