{"id":3864,"date":"2023-11-11T06:18:02","date_gmt":"2023-11-11T11:18:02","guid":{"rendered":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/?p=3864"},"modified":"2023-11-08T09:19:22","modified_gmt":"2023-11-08T14:19:22","slug":"cuento-la-noche-en-la-pared-alberto-garrido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-la-noche-en-la-pared-alberto-garrido\/","title":{"rendered":"Cuento | La noche en la pared | Alberto Garrido"},"content":{"rendered":"<h4><strong>Alberto Garrido<\/strong><\/h4>\n<p>El cuarto de hotel era una pocilga sin agua ni aire. Pasar\u00eda all\u00ed una sola noche, mientras me ganaba unos centavos como jurado, a costa de algunos cuentos que imagin\u00e9 inflados por citas ajenas, por esa vanidosa palabrer\u00eda, por el temor que tienen los escritores de que otros no sepan que ellos saben, o de que alguien sepa que ellos no saben.<\/p>\n<p>Dej\u00e9 la llave del lavamanos abierta por si ven\u00eda el agua y me tir\u00e9 sobre una cama personal de muelles reaccionarios. Ten\u00eda toda la tarde para aburrirme en un miserable pueblo de provincia. Es el dinero, me dije, lo has hecho por el dinero, tienes una mujer, un hijo.<\/p>\n<p>Durante dos horas no tuve m\u00e1s entretenimiento que olerme las axilas y observar c\u00f3mo iba creciendo el hueco en una media, como si el dedo gordo de mi pie derecho fuera un monstruo que emergiera de un huevo azul. Ya me hab\u00eda le\u00eddo los cuentos y los desestim\u00e9 a casi todos por el m\u00e9todo simple de leer la primera l\u00ednea y el final. Y el agua no llegaba y ten\u00eda ganas de llamar a mi mujer y preguntarle por el ni\u00f1o, y escuch\u00e9 el ruido que parec\u00eda hablarme a trav\u00e9s de la pared ro\u00f1osa en la otra habitaci\u00f3n: primero la tos del hombre y luego la voz de la mujer, una palabra que no entend\u00ed.<\/p>\n<p>Pegu\u00e9 la oreja y me puse a escuchar. Durante un rato no hablaron. La imagin\u00e9 quit\u00e1ndose los tacones, con las piernas abiertas frente al hombre, que necesitar\u00eda encender un cigarro antes de desnudarla, antes de sentir el calor, el ahogo, el vac\u00edo, antes de que ella sintiera el peso, el aliento y la barba rasp\u00e1ndole el cuello, los hombros. Sin embargo, la voz de ella luci\u00f3 cansada, como una delaci\u00f3n, una culpa.<\/p>\n<p>\u2014No fueron ellos.<\/p>\n<p>O\u00ed la risa del hombre que se mov\u00eda a trav\u00e9s de la pared.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n te crees t\u00fa que eres para decir eso? \u00bfAhora eres polic\u00eda o qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Soy la puta.<\/p>\n<p>La voz de ella me result\u00f3 mustia. Tal vez se hab\u00eda tapado con una almohada el rostro, para no mirarlo, para no o\u00edrse.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed es, ni\u00f1a. \u00bfY qui\u00e9n dice si fueron ellos o no?<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa. T\u00fa eres el polic\u00eda.<\/p>\n<p>Alguien me pregunt\u00f3 una vez qu\u00e9 personajes jam\u00e1s aparecer\u00edan en mis cuentos. Le dije que nunca escribir\u00eda sobre prostitutas ni polic\u00edas, esos seres anodinos que pueblan lo peor de la literatura. No les dije por qu\u00e9. Pero recordaba a mi madre con la falda levantada, abri\u00e9ndole las piernas a un agente que ven\u00eda a conversar con ella (la buena ciudadana, la patri\u00f3tica amante de la Ley y el orden), sobre los oscuros movimientos de los delincuentes del barrio. Despu\u00e9s aquel hombre me impon\u00eda una mano en la cabeza, una mano odiosa, pesada, que parec\u00eda haberse robado el olor de mi madre. Como una maldici\u00f3n, o una parodia, aquello que yo hab\u00eda censurado para mis cuentos, me lo devolv\u00eda la vida. Era una mala broma de Dios, sin dudas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1ndo los ves de nuevo?<\/p>\n<p>La cama cruji\u00f3 en mi o\u00eddo. Imagin\u00e9 que la mujer abr\u00eda m\u00e1s las piernas, pero casi enseguida la escuch\u00e9 orinar. Sin dudas, no hab\u00eda cerrado la puerta del ba\u00f1o. Orinaba delante de \u00e9l, casi delante de m\u00ed, con el panti enrollado en las piernas. Tal vez era su forma de seducirme, o de humillarlo.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed que te lo afeitas, ni\u00f1a \u2014dijo la risa del hombre, sin avidez, sin codicia\u2014. Dime por qu\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Porque molestan \u2014replic\u00f3 ella\u2014. Los pelos, los bichos, los polic\u00edas.<\/p>\n<p>\u2014Cu\u00eddate la boquita.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed me dec\u00eda mi madre. Y despu\u00e9s me la part\u00eda de un gallet\u00f3n. Por eso me fui de aquel pueblo de mierda.<\/p>\n<p>Se me ocurri\u00f3 pensar que la mujer no sab\u00eda elegir los sitios donde hacer su vida. Un pueblo, otro pueblo, todos iguales. Con sus malas madres y sus polic\u00edas y un vulgar <em>voyeurista<\/em> escuch\u00e1ndola a trav\u00e9s de una hilera de ladrillos.<\/p>\n<p>\u2014Cu\u00e1ndo los ves de nuevo \u2014insisti\u00f3 el polic\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014C\u00f3mo que no. Tiene que ser de una vez. Averigua si fueron ellos.<\/p>\n<p>\u2014Esta noche, cu\u00e1ndo va a ser.<\/p>\n<p>\u2014Bajito. H\u00e1blame bien bajito.<\/p>\n<p>\u2014No me toques la cara.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 co\u00f1o te pasa?<\/p>\n<p>\u2014Ay, me partes el brazo\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo quieres cooperar? \u00bfQuieres volver a tu pueblo de mierda, quieres que todos sepan que la estudiante de d\u00eda es puta de noche? \u00bfQu\u00e9 tu padre se entere que no trabajas de enfermera?<\/p>\n<p>\u00bfQuieres eso?<\/p>\n<p>Me pareci\u00f3 que el gru\u00f1ido de ella me tocaba. Casi vi su cara torcida por el dolor, contra la cama, mientras \u00e9l le empujaba el bast\u00f3n en las costillas. Sent\u00ed el forcejeo, el jadeo del hombre, la resistencia silenciosa de ella. De pronto ella grit\u00f3 y supe que \u00e9l le hab\u00eda levantado la falda, como le hac\u00edan a mi madre.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe gusta?<\/p>\n<p>\u2014No. No te muevas tan duro.<\/p>\n<p>\u2014Dime que te gusta.<\/p>\n<p>\u2014Me gusta, \u00bfya?<\/p>\n<p>\u2014Y que soy el hombre de tu vida.<\/p>\n<p>\u2014Me duele, co\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014Dime que soy el hombre de tu vida.<\/p>\n<p>\u2014\u2026de mi vida.<\/p>\n<p>Sent\u00ed el resuello del hombre, creciendo, al final un mero rugido de asm\u00e1tico. Y un largu\u00edsimo silencio.<\/p>\n<p>\u2014Vengo despu\u00e9s \u2014le o\u00ed decir. La voz pareci\u00f3 d\u00e9bil, tierna, paternal.<\/p>\n<p>As\u00ed le dec\u00eda el polic\u00eda a mi madre. La \u00fanica vez que no se lo o\u00ed decir fue cuando mi padre los sorprendi\u00f3 en medio de sus resuellos. El pene del hombre sali\u00f3 de la falda de mi madre y se encogi\u00f3 bruscamente, las piernas patalearon como las de una marioneta, enredadas en el pantal\u00f3n gris y luego se doblaron d\u00f3cilmente sobre el charco de orine, mientras ella hu\u00eda del cuarto. Mi padre me pregunt\u00f3: \u00bfYa est\u00e1 muerto? Creo que s\u00ed. Llama a la polic\u00eda entonces. Despu\u00e9s vino el juicio, la declaraci\u00f3n de mi madre contra mi padre, la descripci\u00f3n de sucesivos abusos ficticios, el apoyo de las chismosas del barrio. Mi padre dej\u00f3 de ser mi padre y se convirti\u00f3 en el reo, un monstruo que a\u00f1adi\u00f3 condenas a su sentencia en la c\u00e1rcel, hasta que apareci\u00f3 colgado en su celda, o lo mataron en una ri\u00f1a o le dieron un tiro cuando intentaba escapar saltando el muro. Nunca supe. Yo hui de aquel pueblo miserable, y estudi\u00e9 cualquier cosa y escrib\u00ed varios libros, enga\u00f1ando a cr\u00edticos, jurados y lectores, que me dieron un lugar en el pasto ralo de la literatura.<\/p>\n<p>No sent\u00ed la puerta cerrarse. Supe que el polic\u00eda se hab\u00eda ido cuando percib\u00ed el llanto de la mujer, como si llorase sobre mi hombro.<\/p>\n<p>\u2014Maric\u00f3n \u2014dijo.<\/p>\n<p>Deb\u00eda matarlo, pens\u00e9. Por ella, por mi madre y mi padre, por m\u00ed. Por el pasado y el futuro. Y me vi saltar de la cama, sortear la escalera retorcida, el lobby del hotel plagado de moscas, y sal\u00ed a la calle, detr\u00e1s del polic\u00eda, del uniforme arrugado por el escarceo er\u00f3tico. El cigarro parec\u00eda alumbrarle el perfil por ratos. Cre\u00ed de pronto que no lo matar\u00eda, que el peso del miedo en mis brazos nunca me dejar\u00eda hacerlo, pero cuando mis pies comenzaron a arrastrarse por los callejones sin asfalto de los suburbios, me di cuenta que no era una mala broma de Dios, sino algo como el destino o la justicia, palabras en las que nunca hab\u00eda cre\u00eddo, pero que se impon\u00edan sin raz\u00f3n ni j\u00fabilo, como se impon\u00eda la noche entre nosotros.<\/p>\n<p>Agarr\u00e9 un palo del suelo y me acerqu\u00e9 m\u00e1s a \u00e9l. Sent\u00ed que el tronco era pesado y nudoso, de los que usan esos muchachos que juegan al b\u00e9isbol en las calles, un muchacho cuyo destino era servirme con sus huellas y su inocencia.<\/p>\n<p>El polic\u00eda estar\u00eda cruzando el r\u00edo cuando le di en el cr\u00e1neo. Me pareci\u00f3 que golpeaba en el aire a un fantasma, una forma sin cerebro, sin historia. Tal vez golpeaba mi pasado, ese error, con la misma fuerza que mi padre hab\u00eda usado al vengarse. El polic\u00eda qued\u00f3 flotando en la mugre del r\u00edo. Nunca le vi la cara.<\/p>\n<p>Regres\u00e9, despu\u00e9s de perderme varias veces, al hotel barato. Para mi sorpresa, hab\u00eda agua. La o\u00ed caer en la otra habitaci\u00f3n, en la ducha abierta: un chorro que golpeaba las baldosas. Supuse que ella estar\u00eda tirada en un rinc\u00f3n del ba\u00f1o, moviendo un desva\u00eddo cigarro que se le disolver\u00eda en el rictus de su boca.<\/p>\n<p>S\u00f3lo la noticia de la muerte del polic\u00eda podr\u00eda hacerla feliz. Por eso, limpio y euf\u00f3rico, me vi ante su puerta. Pero a cada toque me respond\u00eda un ominoso silencio.<\/p>\n<p>Me somet\u00ed m\u00e1s tarde a una cena sin sabor, un homenaje equ\u00edvoco a mis m\u00e9ritos literarios, una lectura de algunos fragmentos de mi libro m\u00e1s reciente, algunos tragos que se extendieron sobre la medianoche, y al asedio de una muchacha delgada y fantasmal que me arranc\u00f3 unos elogios fingidos a un cuento suyo (lo reconoc\u00ed entre los que ya hab\u00eda desechado en el concurso), y algunos besos por haberme servido como Lazarillo hasta la puerta del hotel.<\/p>\n<p>Sub\u00ed corriendo las escaleras. Pero mi esperanza fue vana. La mujer a\u00fan no hab\u00eda vuelto: seguir\u00eda con ellos. Mientras ella los espiaba, yo no lograba imaginarlos, conjeturarles su posible culpa. Pens\u00e9 en ella, en sus ojos que preguntar\u00edan sin convicci\u00f3n, con el temor de ser descubierta.<\/p>\n<p>La sent\u00ed entrar como a la hora. Cumpli\u00f3 el rito de quitarse los zapatos y orinar con la puerta abierta, sin sospechar que hab\u00eda otro hombre, que siempre habr\u00eda otro hombre vigil\u00e1ndola.<\/p>\n<p>La puerta de su habitaci\u00f3n estaba apenas entornada. Le ve\u00eda la mano, el cigarro, el humo, cuando toqu\u00e9, nervioso.<\/p>\n<p>\u2014Entra \u2014dijo.<\/p>\n<p>No me mir\u00f3 cuando entr\u00e9. Lo hizo cuando sinti\u00f3 mi respiraci\u00f3n, mi silencio.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe mand\u00f3 \u00e9l?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>Ten\u00eda cara de ni\u00f1a, cruzada de acn\u00e9, y un cuerpo escu\u00e1lido. S\u00f3lo su voz era de mujer, y sus manos.<\/p>\n<p>\u2014Ojal\u00e1 est\u00e9 muerto \u2014le dijo al techo.<\/p>\n<p>\u2014\u00c9l no va a venir m\u00e1s.<\/p>\n<p>Levant\u00f3 la mitad de su cuerpo con los codos para observarme.<\/p>\n<p>\u2014No tienes pinta de polic\u00eda. \u00bfEres nuevo?<\/p>\n<p>Me encog\u00ed de hombros. Ella se ech\u00f3 a re\u00edr.<\/p>\n<p>\u2014Pareces un ni\u00f1o, t\u00fa. \u00bfEst\u00e1s nervioso? \u00bfNunca has estado con una puta en un cuarto?<\/p>\n<p>Mov\u00eda las manos como mi madre. Fue a cerrar la puerta.<\/p>\n<p>\u2014Vamos a conspirar \u2014dijo.<\/p>\n<p>Nos sentamos en la cama. Su informe era simple: alguien hab\u00eda atracado a una se\u00f1ora y la hab\u00eda golpeado hasta dejarla casi muerta; un testigo vio a un desconocido perderse en una moto en la tiniebla, ellos eran motoristas, se hab\u00edan enterado del atraco, lo lamentaban, insultaban al posible culpable, qu\u00e9 animal, contra una pobre anciana, ten\u00edan madre y una madre es sagrada, a qui\u00e9n se le habr\u00eda ocurrido semejante monstruosidad.<\/p>\n<p>\u2014No fueron ellos \u2014asegur\u00f3\u2014. D\u00edselo, que son inocentes, que no se ensa\u00f1e, el muy perro.<\/p>\n<p>Le agarr\u00e9 las manos para que no las moviera. Ella trat\u00f3 de zafarse y tuve que dobl\u00e1rselas, torcerle todo el cuerpo, sinti\u00e9ndola temblar, oliendo su miedo a que yo la violara.<\/p>\n<p>\u2014Lo mat\u00e9 \u2014le dije en un susurro, mareado por su perfume anodino\u2014. Mat\u00e9 a ese perro. Lo mat\u00e9, \u00bfme entiendes?<\/p>\n<p>Cuando entendi\u00f3, la sent\u00ed vaciarse, como si se hubiera desprendido de su alma, y me di cuenta de que ya no tendr\u00eda que sujetarla. De pronto, se apret\u00f3 contra m\u00ed y comenz\u00f3 a besarme el pecho, las manos; a morderme los labios, a clavarme las u\u00f1as, incr\u00e9dula a\u00fan, feliz.<\/p>\n<p>Torpemente me dej\u00e9 hacer. Me solt\u00f3 la correa y me arrebat\u00f3 el pantal\u00f3n. Desnudo, vi c\u00f3mo me devoraba, c\u00f3mo yo desaparec\u00eda en su boca, con una fuerza c\u00f3smica, hasta hacerme rugir en una erupci\u00f3n volc\u00e1nica.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 lo hiciste? \u2014le grit\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Porque soy tu esclava \u2014me respondi\u00f3.<\/p>\n<p>Desnuda en la cama, se parec\u00eda a un cuadro de Munch: <em>Pubertad<\/em>.<\/p>\n<p>Con los ojos cerrados escuch\u00e9 s\u00fabitamente los toques en la puerta, la voz imposible del polic\u00eda, llamando a la mujer.<\/p>\n<p>Abr\u00ed los ojos y me vi sobre la cama de mi habitaci\u00f3n, junto a la mancha de semen. O\u00ed a la mujer levantarse con fastidio. Antes de abrir la puerta tal vez encendi\u00f3 un cigarro.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAveriguaste algo? \u2014dijo el polic\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Ten\u00edas la raz\u00f3n. Fueron ellos \u2014contest\u00f3 la mujer.<\/p>\n<p>Le di la espalda al desgano con que ella rumiaba sus palabras, a la sonrisa vanidosa que nunca podr\u00eda matar en la cara del polic\u00eda, y al muro de ladrillos lucios. Pero no pude dormir.<\/p>\n<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-3865 alignleft\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/382430383_1793703931043818_5652617406231085565_n.jpg\" alt=\"\" width=\"130\" height=\"130\" srcset=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/382430383_1793703931043818_5652617406231085565_n.jpg 960w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/382430383_1793703931043818_5652617406231085565_n-768x767.jpg 768w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/382430383_1793703931043818_5652617406231085565_n-60x60.jpg 60w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/382430383_1793703931043818_5652617406231085565_n-300x300.jpg 300w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/382430383_1793703931043818_5652617406231085565_n-600x599.jpg 600w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/382430383_1793703931043818_5652617406231085565_n-100x100.jpg 100w\" sizes=\"auto, (max-width: 130px) 100vw, 130px\" \/>Alberto Garrido<\/strong> (Santiago de Cuba, 1966). Es autor de, entre otros libros, <em>La leve gracia de los desnudos<\/em>, <em>El c\u00edrculo de los infieles<\/em>, <em>El muro de las lamentaciones<\/em>, <em>La hora de despertarnos juntos<\/em>, <em>Sue\u00f1os sobre la piedra<\/em> y <em>El leopardo en la casa de Dios<\/em>.<\/p>\n<p>Si le\u00edste este cuento, tal vez te interese leer:<\/p>\n<h6 class=\"entry-title\"><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-la-noche-de-judas-carlos-zamora\/#:~:text=LITERATURA-,Cuento%20%7C%20La%20noche%20de%20Judas%20%7C%20Carlos%20Zamora,-ACTUALIZADA%20EL\">Cuento | La noche de Judas | Carlos Zamora<\/a><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Garrido El cuarto de hotel era una pocilga sin agua ni aire. 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