{"id":3741,"date":"2023-10-21T06:23:40","date_gmt":"2023-10-21T11:23:40","guid":{"rendered":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/?p=3741"},"modified":"2023-10-21T09:57:13","modified_gmt":"2023-10-21T14:57:13","slug":"cuento-montezumas-revenge-carlos-martin-briceno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-montezumas-revenge-carlos-martin-briceno\/","title":{"rendered":"Cuento | Montezuma\u00b4s Revenge | Carlos Mart\u00edn Brice\u00f1o"},"content":{"rendered":"<h4><strong>Carlos Mart\u00edn Brice\u00f1o<\/strong><\/h4>\n<p>Alta y rubia, los ojos de un verde azul cobalto intenso, pechos de adolescente y el culo bien formado, una Charlize Theron inglesa, por eso me obsesion\u00e9 con ella. Al grado de aguantarle cosas que jam\u00e1s deb\u00ed haber permitido.<\/p>\n<p>En esos a\u00f1os, atrapado por las mand\u00edbulas del resentimiento y escarmentado por el reciente divorcio, sol\u00eda salir con extranjeras. Eran menos exigentes y absolutamente libres. No quer\u00eda enredarme con otra diva local. Me fastidiaban los celos obsesivos, sus artima\u00f1as chantajistas que intentaban conducirme al matrimonio.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfComo p\u00e1gina? \u00bfPaige? \u00bfAs\u00ed es como te llamas? \u2013brome\u00e9, tratando de parecer simp\u00e1tico, cuando la conoc\u00ed en un aburrido ciclo de pel\u00edculas del festival de Cannes en el cine club de la Escuela de Antropolog\u00eda, el mejor sitio de la ciudad para ligar estudiantes europeas.<\/p>\n<p>\u2013M\u00e1s o menos \u2013respondi\u00f3 seca y sigui\u00f3 hablando, como si yo no existiera, con su compa\u00f1era de casa, una soberbia mora que luego supe madrile\u00f1a y de nombre Gloria.<\/p>\n<p>Ven\u00eda de Coalbrookdale, una villa rural donde, ella misma se jactaba, 230 a\u00f1os atr\u00e1s se construy\u00f3 el primer puente de hierro de la Historia, y hab\u00eda venido a M\u00e9xico a cumplir con una regla reci\u00e9n impuesta en el condado de Shropshire: quien pretendiera titularse deb\u00eda de estudiar un a\u00f1o en un pa\u00eds con un idioma distinto a la lengua de Shakespeare.<\/p>\n<p>\u2013Por ex\u00f3tico y barato \u2013dijo\u2013 escog\u00ed M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Esa misma ma\u00f1ana, la invit\u00e9 a almorzar, pero la salida termin\u00f3 en desastre. La llev\u00e9 a probar tacos de relleno negro y result\u00f3 al\u00e9rgica al condimento, que le provoc\u00f3 una diarrea imparable. Sali\u00f3 de all\u00ed lanzando <em>fuckings<\/em> a diestra y siniestra. Ni siquiera permiti\u00f3 que la llevara a su casa. Par\u00f3 un taxi y subi\u00f3 con el rostro desencajado. Creo que fue entonces cuando decidi\u00f3 que en M\u00e9xico \u00fanicamente comer\u00eda pan, papas fritas, manzanas y pl\u00e1tanos. Conservo una foto de ella de nuestro viaje a Isla P\u00e1jaros, antes de que todo ocurriera. Se le ve sonriente, los dientes blanqu\u00edsimos, el rostro tostado por el sol, a punto de llevarse un pl\u00e1tano a la boca; y en la mano izquierda, el carrujo de marihuana, porque, eso s\u00ed, muy sana, muy <em>veggie<\/em>, pero la hierba no la dejaba por nada.<\/p>\n<p>Por m\u00ed, todo hubiera quedado en aquella comida, pero una semana despu\u00e9s, recib\u00ed una llamada a medianoche.<\/p>\n<p>\u2013Gracias a Dios la encontr\u00e9 a tiempo y la obligu\u00e9 a vomitar \u2013dijo Gloria en el tel\u00e9fono\u2013. Abri\u00f3 los ojos hace unos minutos y pidi\u00f3 que te llamara. Est\u00e1 muy deprimida. \u00bfPuedes venir?<\/p>\n<p>Page hab\u00eda intentado suicidarse con una sobredosis de calmantes. Dud\u00e9. \u00bfSer\u00eda cierto? \u00bfQu\u00e9 chingados ten\u00eda yo que involucrarme en un vulgar conflicto de hormonas? Si me hubiera dado las nalgas otra cosa ser\u00eda. Por m\u00ed la inglesa pod\u00eda atiborrarse de barbit\u00faricos. Que la atendiera la sabrosa Gloria, su <em>room mate<\/em>. Pero el recuerdo de sus largos muslos y la evidente solidez de sus nalgas me doblegaron. As\u00ed de vulnerable, pens\u00e9, todo ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil.<\/p>\n<p>\u2013Dame la direcci\u00f3n. Voy para all\u00e1.<\/p>\n<p>La casa, ubicada cerca del centro hist\u00f3rico, en un rumbo de mala muerte, era oscura y calurosa. La \u00fanica ventana daba a un muro de concreto. Gloria me recibi\u00f3. Tartamudeando explic\u00f3, sin dejar de tronarse los nudillos de las manos, lo sucedido. Un refrigerador viejo, muebles de pl\u00e1stico de segunda mano y un ruidoso ventilador de pedestal para atenuar el bochorno. M\u00ednimas comodidades para irla pasando. Mientras hablaba, me fij\u00e9 en sus ojos vivaces, en sus labios carnosos, en sus senos grandes y redondos. Si desde un principio hubiera cortejado a esta espa\u00f1olita con sangre mora, que a leguas se ve\u00eda m\u00e1s llevadera que mi inglesa, me hubiera ahorrado muchos dolores de cabeza.<\/p>\n<p>Instantes despu\u00e9s apareci\u00f3 Paige. Iba vestida con unos shorts de mezclilla y una diminuta camiseta blanca de algod\u00f3n que resaltaba sus pezones. En su ombligo, una arracada de plata. No obstante la palidez cadav\u00e9rica de su rostro, la hall\u00e9 insoportablemente antojable.<\/p>\n<p>\u2013Me port\u00e9 muy mal contigo el otro d\u00eda \u2013solt\u00f3.<\/p>\n<p>\u2013Olv\u00eddalo, no fue culpa tuya. <em>Montezuma\u2019s revenge<\/em>\u2026 \u2013dije, con intenci\u00f3n de arrancarle una sonrisa que nunca lleg\u00f3.<\/p>\n<p>\u2013Estoy harta de ese comentario.<\/p>\n<p>\u2013S\u00f3lo era una broma.<\/p>\n<p>Permaneci\u00f3 unos segundos en silencio, como pensando dos veces lo que habr\u00eda de decir.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfPor qu\u00e9 has venido?<\/p>\n<p>\u2013Me llamaste.<\/p>\n<p>\u2013Ya s\u00e9, quiero decir, el verdadero motivo.<\/p>\n<p>\u201cPara poder cogerte, por supuesto\u201d, tuve ganas de responder, pero en lugar de eso tom\u00e9 una de sus manos entre las m\u00edas y agregu\u00e9 serio:<\/p>\n<p>\u2013Paige, me gustas mucho, no estoy bromeando.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfDe veras?<\/p>\n<p>\u2013Ponme a prueba \u2013dije, y creo que son\u00e9 convincente.<\/p>\n<p>Se acerc\u00f3 a m\u00ed para darme un inesperado beso en la mejilla que me sorprendi\u00f3. Fue cuando explic\u00f3 su historia. Me cont\u00f3 que ten\u00eda fobia a la cotidianidad. No pod\u00eda soportar mucho tiempo la rutina. Seguir una vida convencional la hac\u00eda caer en fuertes depresiones: despertaba a medianoche sudando fr\u00edo, presa de un nerviosismo y una sensaci\u00f3n de asfixia que se convert\u00eda en insomnio. Lo peor lo vivi\u00f3 en su adolescencia. Estar en otro pa\u00eds era ya en s\u00ed un cambio y nunca pens\u00f3 que volver\u00edan los ataques depresivos.<\/p>\n<p>Por supuesto que no le cre\u00ed nada, pero tampoco me import\u00f3. De s\u00f3lo imaginarla desnuda, en cuatro patas sobre la cama, me emocion\u00e9. Estaba tan excitado que en ese momento la invit\u00e9 a pasar el fin de semana a Playa del Carmen.<\/p>\n<p>2<\/p>\n<p>Desde que entr\u00f3 al auto, comenz\u00f3 a excitarme: otro short igual de corto que el de la v\u00edspera pero esta vez negro, la misma camiseta blanca diminuta. Un envolvente olor a aceite de coco emanaba de su cuerpo. Ya en el camino, con un \u201csix\u201d de cervezas de por medio y los sonidos neo africanos del disco <em>Security,<\/em> de su compatriota Peter Gabriel como tel\u00f3n de fondo, volvi\u00f3 al tema de sus depresiones. Hubo un tiempo en que debi\u00f3 tomar un tratamiento psiqui\u00e1trico que no le sirvi\u00f3 de gran cosa. La internaron en una cl\u00ednica para p\u00faberes melanc\u00f3licos de la que finalmente se fue porque los enfermeros, y algunas enfermeras, pretend\u00edan acostarse con ella. Para atenuar el insomnio le recetaron antidepresivos que decidi\u00f3 cambiar por marihuana, pues es m\u00e1s barata y efectiva. Desde entonces, procuraba fumarse un churro antes de dormir. Afortunadamente, en esta ciudad no le hab\u00eda dado ning\u00fan trabajo conectar con los <em>dealers<\/em>, la Escuela de Antropolog\u00eda herv\u00eda de distribuidores. Dicho esto, abri\u00f3 su bolso y me ense\u00f1\u00f3 las provisiones que hab\u00eda tra\u00eddo para este fin de semana. Aprovechando ese momento de confidencias, alargu\u00e9 mi mano hasta tocar su pierna. No rehuy\u00f3 mi contacto, pero not\u00e9 en su rostro una mueca de fastidio.<\/p>\n<p>Salvo la vieja novela de suspenso de Katzenbach que descubr\u00ed entre los libros que el hotel ofrec\u00eda a sus hu\u00e9spedes, los tres d\u00edas que estuvimos en Playa del Carmen no fueron precisamente memorables. A pesar de haber reservado una suite en el legendario Mosquito Blue de la 5\u00aa avenida, la mayor parte del tiempo la pasamos bajo el sol en los camastros comunales, frente al mar, leyendo. Ella no solt\u00f3 a Michael Ondaatje, de quien supo gracias a Hollywood. Con <em>The english patient<\/em> entre las manos, que hojeaba y rele\u00eda como si se tratara de la Biblia, mi Charlize apenas me dirig\u00eda la palabra. Deb\u00ed conformarme con observarla de lejos, \u00e1vido, ganoso, el sexo duro, imaginando el sabor dulce de esa piel suave tentada por el sol, embadurnada de esencia del tr\u00f3pico. S\u00f3lo al caer la noche, y luego de haber fumado un porro juntos, pod\u00eda tratar de recuperar el costo del viaje. Entonces Paige \u2013distante, glacial, en una aparente duermevela post enervantes, casi tiesa\u2013 se met\u00eda bajo las s\u00e1banas y permit\u00eda que la tocase mientras yo me desfogaba hasta salpicar de semen su est\u00f3mago, sus piernas o cualquier otra parte de su cuerpo que no fuera el rostro.<\/p>\n<p>De vuelta a la ciudad, decid\u00ed mandarla a la chingada. \u00bfQu\u00e9 necesidad ten\u00eda de ser tratado de esta manera? \u00bfNo era yo quien pagaba todo? Me sent\u00eda mal conmigo mismo. Ya no era un muchachito. Fue un viaje demasiado caro como para terminar haci\u00e9ndome pu\u00f1etas. Durante varios d\u00edas, no supe nada de ella. Tuve ganas de hablarle por tel\u00e9fono, pero no lo hice, en parte por rabia y en parte porque quer\u00eda darme el gusto de mandarla al carajo al recibir su llamada.<\/p>\n<p>Transcurrieron casi dos semanas hasta que una tarde, mientras consumaba en la notar\u00eda un despojo de tierras disimulado por una donaci\u00f3n, mi secretaria interrumpi\u00f3 abruptamente: una se\u00f1orita que ceceaba como espa\u00f1ola insist\u00eda en hablar conmigo.<\/p>\n<p>\u00bfY ahora qu\u00e9?, pens\u00e9, en tanto apresuraba la transacci\u00f3n. \u00bfConsigui\u00f3 esta vez Paige su objetivo? \u00bfSe habr\u00eda colgado de alg\u00fan hamaquero?<\/p>\n<p>Desde que vi a Gloria, intu\u00ed la gravedad del asunto. Deprimidas las comisuras de los labios, los ojos hundidos, enmarcados por los grises anillos del insomnio, nada m\u00e1s cerrar la puerta de la oficina se ech\u00f3 a llorar. Habl\u00f3 muy r\u00e1pido, ceceando como nunca, a cada momento se le iba el resuello. Paige, cont\u00f3, estaba detenida en la c\u00e1rcel municipal, la hab\u00edan descubierto esta madrugada fumando hierba en la calle con un par de tipos.<\/p>\n<p>Lo peor, agreg\u00f3, era que le quer\u00edan endilgar una serie de delitos. Si se enteraban en la facultad la iban a expulsar de inmediato, perder\u00eda la visa y, adem\u00e1s, corr\u00eda el riesgo de pasar un tiempo tras las rejas.<\/p>\n<p>Esta es la m\u00eda, pens\u00e9. Puse cara seria, la abrac\u00e9 fuerte y sent\u00ed la calidez de sus pechos contra mi cuerpo. Me pareci\u00f3 que la tom\u00e9 por sorpresa, pero no me solt\u00f3 en ning\u00fan momento. Por qu\u00e9 no decid\u00ed en ese instante dirigir mi atenci\u00f3n a Gloria es algo que a\u00fan no puedo entender.<\/p>\n<p>\u2013No te preocupes \u2013respond\u00ed, al tiempo que le acariciaba la espalda\u2013. Dame media hora. Voy a hacer un par de llamadas. Ve y dile que no firme absolutamente nada, que en cuanto pueda estoy con ella.<\/p>\n<p>Gloria se despidi\u00f3 con sendos besos en las mejillas. Le segu\u00ed el trasero con la mirada.<\/p>\n<p>Sacar a mi inglesa de all\u00ed fue m\u00e1s f\u00e1cil de lo que pens\u00e9. En realidad, lo que el jefe de la polic\u00eda quer\u00eda era \u201cjoderse a una gringuita\u201d. Estaba hasta la madre, dijo, de esos extranjeros de intercambio, supuestos estudiantes que ven\u00edan al pa\u00eds a drogarse d\u00eda y noche, sin pagar cuota, \u201ccomo si en M\u00e9xico no hubiera leyes\u201d.<\/p>\n<p>Escuch\u00e9 su perorata con paciencia. Aunque me deb\u00eda algunos favores, no me conven\u00eda enojarlo. Media hora despu\u00e9s, a cambio de una \u201cgratificaci\u00f3n\u201d de dos mil pesos, solt\u00f3 a la presa.<\/p>\n<p>A diferencia de Gloria, Paige no derram\u00f3 una sola l\u00e1grima. Mientras firmaba su salida y recib\u00eda sus pertenencias mir\u00f3 a sus celadores con odio, de arriba a abajo, como si en cualquier momento fuera a saltar sobre ellos.<\/p>\n<p>En el camino casi no habl\u00f3. Se limitaba a responder mis preguntas escuetamente. Se le ve\u00eda indignada. La hab\u00edan manoseado y advertido que si nadie la rescataba, le ir\u00eda peor. \u00a1Qu\u00e9 pa\u00eds!, dijo varias veces en su idioma. Yo estaba verdaderamente sorprendido. Ni siquiera me hab\u00eda dado las gracias y, si bien es cierto que ten\u00eda razones para estar molesta, \u00bfqu\u00e9 esperaba? La hab\u00edan agarrado<em> in fraganti<\/em>. En Indonesia, me atrev\u00ed a decirle, por menos te hubieran condenado al pared\u00f3n. Me observ\u00f3 con un rictus en el que era f\u00e1cil adivinar desprecio y no volvi\u00f3 a emitir palabra. Deb\u00ed haber dejado que la transfirieran al penal, pens\u00e9, ya encabronado.<\/p>\n<p>Sin embargo, cuando detuve el auto, cambi\u00f3 s\u00fabitamente de estado de \u00e1nimo. En vez de bajarse, se ech\u00f3 a mis brazos y me dio un largo y h\u00famedo beso en la boca.<\/p>\n<p>\u2013Disc\u00falpame, no me siento nada bien \u2013exclam\u00f3 teatralmente, al despegar sus labios de los m\u00edos.<\/p>\n<p>Estuve un rato en silencio, disfrutando de su olor, de su cuerpo, de esa inesperada cercan\u00eda. Ahora era yo quien no deseaba soltarla. La imagin\u00e9 desnuda, encima de m\u00ed, pellizc\u00e1ndose los pezones para aumentar el gozo del sube y baja de sus caderas. Y a\u00fan cuando sab\u00eda que todo era actuaci\u00f3n, sin poder borrar esta imagen de mi cerebro, le habl\u00e9 de Isla P\u00e1jaros, de sus solitarios playones inundados de esp\u00e1tulas blancas que no levantan el vuelo ante la presencia del hombre.<\/p>\n<p>\u2013Eso es lo que t\u00fa y yo necesitamos.<\/p>\n<p>Carajo. Nunca imagin\u00e9 cuanto iba a arrepentirme, por el resto de mi existencia, de este momento de debilidad.<\/p>\n<p>3<\/p>\n<p>Hab\u00eda escuchado que la carretera era angosta e insegura y me inquietaba un poco la posibilidad de quedar tirado a medio camino. Apenas comenzaba a clarear cuando pas\u00e9 por Paige, quien, nada m\u00e1s entrar al auto simul\u00f3 quedar dormida para no hablar conmigo. Me arm\u00e9 de paciencia y decid\u00ed concentrarme en el camino: ya habr\u00eda tiempo de cobr\u00e1rmela.<\/p>\n<p>Aunque la v\u00eda estaba solitaria, de cuando en cuando me cruzaba con alg\u00fan cami\u00f3n enorme, repleto de sacos de sal, y deb\u00eda de orillar el coche para evitar el encontronazo. Tres horas y media despu\u00e9s, cuando tuve ante mi vista las primeras plantas de uva marina que anunciaron la cercan\u00eda de la costa, me sent\u00ed m\u00e1s tranquilo: disminu\u00ed la velocidad, baj\u00e9 los cristales y despert\u00e9 a mi <em>sleeping beauty<\/em>. El aroma salitroso invadi\u00f3 nuestros pulmones. <em>What a nice essence!<\/em>, dijo, sonriente, con su cadencioso acento brit\u00e1nico. Sus rasgos se dulcificaron. Era la primera vez que la ve\u00eda contenta. Acto seguido, se arrim\u00f3 hacia m\u00ed y pos\u00f3 su cabeza sobre mi hombro. Era cierto, pens\u00e9, el f\u00f3sforo de las playas produce cambios inusitados en el sistema hormonal femenino.<\/p>\n<p>El Caribe estaba picado y en el embarcadero pretend\u00edan que esper\u00e1semos un d\u00eda a que mejorara el tiempo. En el rostro de Paige apareci\u00f3 la decepci\u00f3n. Saqu\u00e9 un billete de mil pesos de mi cartera y lo ofrec\u00ed al lanchero. El hombre \u2013flaco, lampi\u00f1o, prieto de sol\u2013 orden\u00f3 que lo sigui\u00e9ramos. Creo que fuimos los \u00fanicos locos en cruzar ese d\u00eda a Isla P\u00e1jaros.<\/p>\n<p>Mientras naveg\u00e1bamos, Paige extrajo de su mochila el primer carrujo de la jornada y se ech\u00f3 de espaldas a fumar bajo el mediod\u00eda que alumbraba con generosidad su cuerpo. Sent\u00ed que la rabia me ganaba. \u00bfDe nada le hab\u00eda servido el castigo? \u00bfPor qu\u00e9 delante de cualquiera? Iba a reclamarle, pero lo pens\u00e9 mejor: si quer\u00eda tir\u00e1rmela a gusto no iba a comenzar a ponerme piedras en el camino. Me sent\u00e9 junto a ella y ped\u00ed que me invitara.<\/p>\n<p>El mismo pescador que nos cruz\u00f3 ofreci\u00f3 alquilarnos un carrito de golf de cuatro asientos para que lleg\u00e1ramos hasta nuestro destino: unos bungalows desperdigados en esa playa solitaria llamada El cielo, lejos del pueblo. Antes de entregarme las llaves, el hombre sugiri\u00f3 que compr\u00e1ramos agua y v\u00edveres, pues en esta \u00e9poca la isla est\u00e1 pr\u00e1cticamente vac\u00eda, coment\u00f3, y al caer la noche es imposible encontrar algo abierto.<\/p>\n<p>Ya armados con cerveza suficiente, pl\u00e1tanos y papas fritas, veinte minutos despu\u00e9s, lleg\u00e1bamos a esa morada celestial, un vasto e impoluto arenal dorado por el atardecer, que daba paso a un oc\u00e9ano de aguas mansas y transparentes. Un sueco (con pinta de Hemingway) que ol\u00eda a ron barato, mal hablaba ingl\u00e9s y de espa\u00f1ol no sab\u00eda ni jota, nos condujo hasta nuestro sitio. \u00c9ramos los \u00fanicos hu\u00e9spedes y, por lo que pudimos entender, nos tild\u00f3 de idiotas por haber cruzado a la isla con el mar revuelto.<\/p>\n<p>Apenas el viejo hubo partido, destap\u00e9 dos cervezas y ech\u00e9 un vistazo a mi alrededor: cama al centro, lavabo con agua corriente, dos sillas de madera oscura, una vieja plancha de hierro para detener la puerta y hamaca en la terraza con techo de palma. Lo necesario. La idea era pasarla bien, aunque no hubiera lujos. Paige, por su parte, encendi\u00f3 otro carrujo. Su ensue\u00f1o impregn\u00f3 de inmediato el ambiente. Al cabo salimos a la terraza. Hablamos de muchas tonter\u00edas, pero tanto prejuicio sobre la corrupci\u00f3n del pa\u00eds y su obsesi\u00f3n con\u00a0 la falsa hospitalidad de los mexicanos, acab\u00f3 por hastiarme, as\u00ed que suger\u00ed comer algo. Ella se decidi\u00f3 por la fruta. Mientras com\u00eda, not\u00e9 que la palidez mortuoria de siempre hab\u00eda desaparecido: el sol le hab\u00eda dado color a sus mejillas. Siguiendo un impulso fui por mi c\u00e1mara y tom\u00e9 la \u00fanica foto que conservo de ella, esa donde se le ve con el pl\u00e1tano en la mano, antes de llev\u00e1rselo a la boca.<\/p>\n<p>Pero cuando a punto de ponerse el sol nos dirigimos al mar, Paige cambi\u00f3 dr\u00e1sticamente su actitud. Rehus\u00f3 que le pasara el brazo por encima de los hombros y, a pesar de mi insistencia y del intenso calor de la tarde, no quiso acompa\u00f1arme a nadar. Prefiri\u00f3 quedarse sentada sobre esa vasta alfombra blanca, justo en medio de un par de palmeras enanas, la mirada puesta en el horizonte, al tiempo que consum\u00eda otro de sus cigarros favoritos. Harto de rogarle fui al mar, di unas brazadas y me sumerg\u00ed en esa corriente fr\u00eda que me devolvi\u00f3 a la realidad. En medio de aquel envolvente frescor, la c\u00f3lera volv\u00eda a enardecerme. Si tanto le repugno, \u00bfpara qu\u00e9 chingados vino? Estaba tan molesto que cuando distingu\u00ed a lo lejos la figura de ese desconocido que conversaba con ella, de pie, llevando sobre la espalda una enorme mochila, tuve un raro pensamiento. Al haber detenido fortuitamente su camino para conocer a mi inglesa, ese tipo acaso estaba cumpliendo su papel en un guion previamente escrito por ella.<\/p>\n<p>La llegada de Charles, as\u00ed dijo llamarse, pareci\u00f3 contribuir a destensar la situaci\u00f3n. Era un joven delgado y bajito, norteamericano, de esos con discretos tatuajes en los brazos y rastas en los cabellos, extraordinariamente amables y rubios, cuya sonrisa parece haberles sido cincelada con sumo cuidado en sus rostros ani\u00f1ados. Parec\u00eda salido de los programas de aventuras del <em>Discovery Channel<\/em>. Cont\u00f3 que llevaba m\u00e1s de seis meses recorriendo el Caribe y que hab\u00eda llegado a la isla gracias a la \u201cgenerosidad\u201d de un colombiano que conoci\u00f3 en Los Cayos belice\u00f1os, quien, luego de llenar el tanque de su lancha r\u00e1pida en una bah\u00eda escondida entre los manglares, reci\u00e9n lo dej\u00f3 aqu\u00ed y sigui\u00f3 su camino a sabr\u00e1 Dios donde.<\/p>\n<p>Paige, la muy puta, desde el principio se vio interesada en \u00e9l y le ofreci\u00f3 enseguida de nuestras \u201cprovisiones\u201d. El gringo, sin perder sus buenos modales, se abasteci\u00f3 de suficiente churro y cerveza. Minutos m\u00e1s tarde, mientras contempl\u00e1bamos el horizonte, un horizonte tranquilo de un azul tan intenso como los ojos de mi inglesa, nos sumergimos los tres en una larga conversaci\u00f3n que ahora me parece incongruente, donde, al influjo de los estimulantes, abordamos muchos temas, desde la legalizaci\u00f3n de las drogas hasta las validez de las razones de Al Qaeda, pasando por la homosexualidad de George Clooney. Cada vez que Charles abr\u00eda la boca, Paige lo ve\u00eda extasiada. En su rostro trasluc\u00eda un deseo s\u00f3lo comparable en intensidad, a la envidia que sent\u00eda yo por el tipo.<\/p>\n<p>Ya era noche. La brisa hab\u00eda amainado. A Paige se le ocurri\u00f3 que nos meti\u00e9ramos a nadar. El gringo se despoj\u00f3 de sus ropas y corri\u00f3 al agua. Ella, por supuesto, lo imit\u00f3. Antes de alcanzarlos me qued\u00e9 sentado en la arena un buen rato, hecho un pendejo, vi\u00e9ndolos corretear desnudos bajo la luz de aquella luna rojiza, como pareja de enamorados en pel\u00edcula de muestra de cine franc\u00e9s. Sent\u00ed que el coraje me inundaba el cerebro.<\/p>\n<p>Cuando por fin entr\u00e9 al agua, Charles me llevaba ventaja. En una tarde el muy cabr\u00f3n hab\u00eda logrado lo que no pude en semanas. Ahora mismo ten\u00eda a Paige subida sobre sus espaldas y sus risas taladraban mi cabeza. Aunque no me sent\u00eda c\u00f3modo formando parte de ese tri\u00e1ngulo escaleno, me un\u00ed a ellos en ese absurdo como si nada, pues no estaba dispuesto a dejarle tan f\u00e1cilmente el camino libre a ese protag\u00f3nico de <em>Trotamundos<\/em>. En varias ocasiones, Charles busc\u00f3 el cuerpo de la inglesa y me interpuse entre ellos. Pensaba que as\u00ed le dejaba claro que no ten\u00eda derecho a meterse con mi ganado. As\u00ed estuvimos hasta que se desat\u00f3 una copios\u00edsima lluvia, acompa\u00f1ada de rel\u00e1mpagos, que nos hizo \u00a0buscar refugio en la caba\u00f1a.<\/p>\n<p>Paige me suplic\u00f3 que permitiera a Charles pasar la noche en la hamaca de la terraza. Acced\u00ed con reticencia, no sin antes advertirle que al amanecer el hombre deb\u00eda marcharse, pues una cosa, recalqu\u00e9, es que me hayas visto la cara, y otra que yo quiera ser tu pendejo. Paige, que no comprendi\u00f3 del todo mi iron\u00eda, se me qued\u00f3 viendo extra\u00f1ada. Entonces me ech\u00e9 a re\u00edr y le dije que fuera a avisarle que por hoy, nada m\u00e1s por hoy, pod\u00eda quedarse. Enseguida sali\u00f3 a la terraza y dijo al tipo algo en ingl\u00e9s que no entend\u00ed, cuyo significado puedo intuir ahora. Afuera, el golpeteo de la lluvia y el retumbar de los truenos entorpec\u00edan nuestras conversaciones.<\/p>\n<p>Ya de vuelta, Paige se puso una enorme camiseta rosa y se meti\u00f3 bajo las s\u00e1banas, en posici\u00f3n fetal, lo suficientemente r\u00edgida como para darme a entender que ni se me ocurriera tocarla. No obstante, me acost\u00e9 desnudo a su lado, con el coraz\u00f3n latiendo aprisa y una erecci\u00f3n que apuntaba al cielo de El cielo.<\/p>\n<p>Me cost\u00f3 trabajo quedarme dormido. Habr\u00eda pasado un par de horas cuando, entre sue\u00f1os, sent\u00ed que alguien me observaba desde la puerta. Quise levantarme, pero no pude mover un solo m\u00fasculo. No pod\u00eda respirar y era <strong>incapaz de despegar los p\u00e1rpados. <\/strong>Segu\u00eda como dentro de un sue\u00f1o.<strong> Aquella amenazante presencia en la habitaci\u00f3n<\/strong> parec\u00eda dispuesta a atacarme en cualquier momento. Entonces hice un esfuerzo enorme, abr\u00ed los ojos y mir\u00e9. No hab\u00eda nadie. Trat\u00e9 de volver a dormir, pero de inmediato reaccion\u00e9. \u00bfY si no hubiera sido mi imaginaci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n me aseguraba que el yanqui no era un psic\u00f3pata? Me levant\u00e9 de un salto y not\u00e9 que estaba solo en la cama. El sonido de la lluvia hac\u00eda imposible escuchar lo que pasaba afuera. Por un reflejo levant\u00e9 la plancha de hierro del suelo, camin\u00e9 en la oscuridad y me di cuenta que la puerta estaba entornada. La empuj\u00e9 con cuidado y vi primero la mochila de Charles, a un lado la camiseta rosa y luego la espalda musculosa y las nalgas blancas del gringo, subiendo y bajando, mientras mi inglesa, tendida en la hamaca y abierta de piernas, recib\u00eda las embestidas con mansedumbre. Aturdido por la escena, murmur\u00e9 el nombre de Paige. No me hizo caso. Alc\u00e9 la voz y el gringo se detuvo unos segundos, volvi\u00f3 la cabeza y grit\u00f3 en su idioma: \u201c<em>Go fuck yourself, brownie!\u201d<\/em> As\u00ed es como lo dijo. Nunca debi\u00f3 haberlo hecho. Pinche gringo pendejo. Sin medir consecuencias, levant\u00e9 la plancha de hierro y golpe\u00e9 dos, tres veces, con furia. El tipo cay\u00f3 desplomado, pero segu\u00ed golpeando.<\/p>\n<p>Cuando Paige se levant\u00f3 de la hamaca y se puso a lanzar chillidos, me di cuenta de qu\u00e9 hab\u00eda hecho. La lluvia finalmente aminoraba y un ramalazo de excitaci\u00f3n, como el que precede al orgasmo, invadi\u00f3 mi cuerpo. Est\u00e1bamos desnudos, ella a\u00fan ol\u00eda a sexo, corr\u00edan secreciones por su entrepierna. Sent\u00ed fr\u00edo, aunque en realidad estaba sudando. Paige me mir\u00f3 horrorizada, se llev\u00f3 las manos al rostro. Sus chillidos continuaban. \u00a0Hab\u00eda matado a una persona y ten\u00eda que actuar con inteligencia, pero est\u00e1bamos completamente solos. Nadie en la isla, ni siquiera el viejo sueco sab\u00eda de la existencia de Charles. Extra\u00f1amente, no sent\u00eda remordimientos. El problema era Paige. Deb\u00eda asegurarme que no hablara. Era como si as\u00ed me hubiera ganado el derecho a mont\u00e1rmela. Entonces me le acerqu\u00e9, la tom\u00e9 de las mu\u00f1ecas, la arrastr\u00e9 hasta la cama y orden\u00e9: c\u00e1llate puta, o sigues t\u00fa. Mientras le hund\u00eda la verga le advert\u00ed: si no quieres pasar el resto de tu vida en una c\u00e1rcel mexicana donde te va a cargar la chingada por extranjera y grifa, cooperar\u00e1s. Ser\u00eda tu palabra contra la m\u00eda, soy abogado. Termin\u00e9.<\/p>\n<p>Lo dif\u00edcil no es matar sino librarse del muerto. No s\u00e9 si lo hab\u00eda le\u00eddo en alguna novela gringa u o\u00eddo decir en alguna pel\u00edcula europea. Esa madrugada lo confirm\u00e9. Primero envolv\u00ed el cad\u00e1ver con una s\u00e1bana que saqu\u00e9 de la mochila del yanqui. Hab\u00eda que hacerlo r\u00e1pido porque el cuerpo se engarrotar\u00eda y manipularlo iba a ser m\u00e1s dif\u00edcil. Luego hice que Paige me ayudara a subir el bulto al asiento trasero del carrito de golf. Antes de partir, utilizando como trapeador la ropa del tipo, tuvimos que limpiar las manchas de sangre que hab\u00edan quedado en el piso de la terraza. Para mi sorpresa, durante todo este tiempo, Paige continu\u00f3 fumando su hierba como si nada hubiera pasado.<\/p>\n<p>No me acuerdo bien del forzado viaje al pantano de Isla P\u00e1jaros, pero s\u00ed de los muslos blancos de Paige y el penetrante olor a marisma que colmaba el aire. Entend\u00ed porque los isle\u00f1os no acostumbraban ir m\u00e1s all\u00e1 de El cielo: all\u00ed no hab\u00eda nada que valiera la pena, s\u00f3lo un fangal capaz de tragarse cualquier cosa. Comenzaba a clarear cuando nos detuvimos frente a una hondonada. Baj\u00e9 del veh\u00edculo y observ\u00e9: mangle y pantano, un peque\u00f1o infierno gris\u00e1ceo. \u00a0Lanc\u00e9 entonces el cuerpo con todas mis fuerzas. Hice lo mismo con la mochila. Mientras miraba c\u00f3mo se iban hundiendo en aquel lodazal, Paige parec\u00eda ausente, ajena. Me acerqu\u00e9 a ella, le toqu\u00e9 las tetas, no pareci\u00f3 darse cuenta. Nos fuimos.<\/p>\n<p>Al llegar al bungalow, Page se sent\u00f3 en la arena a fumarse otro carrujo. Yo me dediqu\u00e9 a lavar perfectamente el carrito de golf. Despu\u00e9s prepar\u00e9 mis cosas y sal\u00ed a la terraza. \u00bfQu\u00e9 vamos a hacer ahora?, dijo ella, cuando por fin pareci\u00f3 volver a la realidad. Por lo pronto pagar el hotel y largarnos, contest\u00e9 tajante.<\/p>\n<p>Nada hubo de agradable ese funesto d\u00eda. En el barco, Paige no dijo una sola palabra. Se acost\u00f3 despreocupadamente en el piso a consumir otra \u201cbachita\u201d. El joven pescador que nos cruz\u00f3 no le quitaba la vista de encima y canturreaba una canci\u00f3n de <em>Timbiriche<\/em> cuyo sonsonete tengo a\u00fan grabado en el cerebro.<\/p>\n<p><em>Corro, vuelo, me acelero para estar contigo y despertar<\/em><\/p>\n<p><em>el fuego de tu amor, fuego de tu amor,<\/em><\/p>\n<p><em>corro para estar junto a ti\u2026<\/em><\/p>\n<p>Una vez en el coche, Paige cerr\u00f3 los ojos e igual que antes pareci\u00f3 desconectarse. Conduje con la aguja del veloc\u00edmetro por encima de los ciento treinta kil\u00f3metros, la vista fija a largos ratos en aquel paisaje verde de nubes bajas que parec\u00eda acompasar mis pensamientos. Cre\u00eda estar inmerso en el sue\u00f1o de otro, en una pesadilla donde alguien mataba a un hombre que ni siquiera estaba seguro haber conocido. Los p\u00e1rpados me pesaban, lo \u00fanico que pretend\u00eda era llegar cuanto antes, deshacerme de mi acompa\u00f1ante. Quer\u00eda creer que una vez en la ciudad, todo habr\u00eda concluido. A mi derecha, la cabeza ladeada, la boca entreabierta, Paige dorm\u00eda profundamente. Por momentos le miraba las pantorrillas carnosas, los muslos gruesos, la perfecci\u00f3n de sus rodillas y sent\u00eda c\u00f3mo el miembro se me iba poniendo duro. Carajo, era inevitable, un crimen lleva a otro, reflexion\u00e9; imposible confiar en su silencio. Ten\u00eda que deshacerme de ella. En ese momento, un destello en el parabrisas me ceg\u00f3. Intent\u00e9 frenar, hacerme a un lado.<\/p>\n<p>4<\/p>\n<p>Cuando abr\u00ed los ojos ya era noche, me tom\u00f3 unos minutos darme cuenta del sitio en que me hallaba. Paige, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 Paige?, fue lo primero que me pregunt\u00e9. Trat\u00e9 de incorporarme y un dolor punzante me recorri\u00f3 el espinazo: ten\u00eda las piernas enyesadas, sujetas a unas poleas que me obligaban a mantener el cuerpo ligeramente levantado por encima de la cama. Vi la botella invertida de suero, el cat\u00e9ter que llegaba hasta mi antebrazo, la aguja sumida en la carne. El cami\u00f3n de sal nos peg\u00f3 de frente, record\u00e9. Pero estoy vivo. El olor a yodo irrit\u00f3 mi nariz, estornud\u00e9 y el dolor volvi\u00f3 de nuevo a cimbrarme. \u201cHospital San Carlos\u201d, le\u00ed en la bata que tra\u00eda puesta. \u00bfC\u00f3mo chingados vine a dar a este lugar? \u00bfY Paige? \u00bfQu\u00e9 habr\u00e1 sido de la imb\u00e9cil? Mir\u00e9 mis piernas; trat\u00e9, sin \u00e9xito, de moverlas. \u00bfSer\u00eda grave? No pod\u00eda apartar mi pensamiento de la inglesa. Necesitaba hablar con un doctor, pero en aquel remedo de cl\u00ednica ni siquiera ten\u00edan un timbre cercano a la cama. Quise gritar. Apenas ten\u00eda fuerzas. El d\u00e9bil llamado se ahog\u00f3 en mi garganta. Una enfermera regordeta abri\u00f3 la puerta. Tra\u00eda una jeringa en la mano. En mi confusi\u00f3n mental, lo \u00fanico que recuerdo haberle preguntado mientras me inyectaba, fue si iba a poder caminar. Su rostro arrugado me observ\u00f3 con una expresi\u00f3n que pretend\u00eda ser amable. No se preocupe, se pondr\u00e1 bien, s\u00f3lo fueron fracturas, el doctor vendr\u00e1 apenas pueda. \u00bfY mi acompa\u00f1ante? La mujer se me qued\u00f3 mirando como si le hubiera hablado en chino. La gringa, recalqu\u00e9, exaltado. Alz\u00f3 los hombros como dando a entender que no sab\u00eda nada, y sali\u00f3 del cuarto.<\/p>\n<p>Al cabo de unas horas, entr\u00f3 un joven larguirucho con bata y estetoscopio al cuello. Supuse que a \u00e9l se refiri\u00f3 la enfermera. Me incorpor\u00e9 haciendo un gran esfuerzo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEstoy grave? \u00bfC\u00f3mo est\u00e1 mi amiga?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Tranquil\u00edcese \u2014me dijo.<\/p>\n<p>\u2014No me siento nada bien.<\/p>\n<p>Volv\u00ed a recostarme en la almohada.<\/p>\n<p>\u2014Le pusimos una inyecci\u00f3n de morfina. Por eso se siente extra\u00f1o. Tuvimos que operar. Fue un accidente muy serio \u2014hizo una pausa\u2014. Lo bueno es que s\u00f3lo tuvo traumas y fracturas. El cintur\u00f3n de seguridad le salv\u00f3 la vida.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY mi acompa\u00f1ante? \u2014insist\u00ed, tratando de disimular mi preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Falleci\u00f3 de manera instant\u00e1nea \u2014respondi\u00f3, sin hacer ninguna inflexi\u00f3n de voz\u2014. \u00a0Al cuerpo lo hallaron en el monte, lejos del coche. No hab\u00eda nada que hacer. Lo siento.<\/p>\n<p>Qued\u00e9 en silencio unos segundos. \u00a1No hab\u00eda nada qu\u00e9 hacer! En medio de aquel brumoso despertar, era la oraci\u00f3n m\u00e1s dulce que mis o\u00eddos pod\u00edan haber escuchado.<\/p>\n<p>\u2014La polic\u00eda encontr\u00f3 el pasaporte de la joven en su bolsa y llam\u00f3 a la embajada. Se est\u00e1n haciendo cargo. Como es l\u00f3gico, van a venir a hacerle algunas preguntas. El chofer estaba totalmente alcoholizado. Aunque no lo crea, sali\u00f3 ileso.<\/p>\n<p>S\u00e9 que deb\u00ed contestar algo, una frase que expresara dolor o tristeza, unas palabras que manifestaran compasi\u00f3n, pero prefer\u00ed cerrar los ojos y abandonarme a ese letargo que dominaba mi cuerpo. La noticia me hab\u00eda dejado tan contento que me pareci\u00f3 absurdo seguir prestando atenci\u00f3n al m\u00e9dico. La providencia, o como se llame, estaba de mi lado. Paige, como su amigo el gringo, estaba bien muerta. Hija de su puta madre. Se lo ten\u00edan bien merecido.<\/p>\n<p>Tuve que disimular mi gozo, sobre todo cuando el doctorcito pregunt\u00f3 si estaba todo bien. En lugar de responderle, asent\u00ed con la cabeza y parpade\u00e9 pausadamente para luego sumergirme en un sue\u00f1o blanco, profundo, del que no regresar\u00eda sino hasta la tarde del d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>5<\/p>\n<p>Han transcurrido m\u00e1s de ocho a\u00f1os. No hab\u00eda vuelto a poner pie en Isla P\u00e1jaros desde entonces. Todo luce distinto. Ya no hay m\u00e1s r\u00fasticas caba\u00f1as. En su lugar, se levanta ahora un club de playa donde los lugare\u00f1os trasquilan con descaro al turista. El viejo sueco debe haber muerto. La arena ha perdido su deslumbrante color dorado; ahora su tonalidad es gris\u00e1cea, similar a la de costas vecinas. Cada invierno, hordas de ancianos europeos y canadienses huyen de sus pa\u00edses de hielo en busca de este invencible sol. Y aunque Gloria y yo, antes de casarnos hicimos la promesa de no volver a hablar del accidente de su amiga, durante este viaje ha sido pr\u00e1cticamente imposible cumplirla: Paige ha salido a relucir en varias de nuestras conversaciones. Mientras bebo una cerveza y observo de lejos a mi hijo y a Gloria ba\u00f1\u00e1ndose en el mar, imagino que en alg\u00fan lugar de esta isla, formando parte de los cimientos de un nuevo hotel ecol\u00f3gico, reposan los restos de Charles, y que m\u00e1s all\u00e1, cruzando el oc\u00e9ano, en una tumba cercana a <em>Holy Trinity Church<\/em>, se desmoronan lentamente los huesos de Paige. Pero ya nada de esto es importante. Estoy convencido que toda felicidad nos cuesta muertos. No s\u00e9 si lo le\u00ed en una novela gringa o lo o\u00ed decir en alguna pel\u00edcula europea.<\/p>\n<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-3742 alignleft\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Carlos-Martin-Briceno-1.jpg\" alt=\"\" width=\"167\" height=\"222\" srcset=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Carlos-Martin-Briceno-1.jpg 768w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Carlos-Martin-Briceno-1-45x60.jpg 45w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/10\/Carlos-Martin-Briceno-1-600x800.jpg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 167px) 100vw, 167px\" \/>Carlos Mart\u00edn Brice\u00f1o<\/strong> (M\u00e9rida, M\u00e9xico, 1966). Narrador y rese\u00f1ista literario. Entre sus obras figuran la novela <em>La muerte del Ruise\u00f1or<\/em> y los libros de cuentos <em>Al final de la vigilia<\/em>, <em>Los m\u00e1rtires del Freeway y otras historias<\/em>, <em>Ca\u00edda libre<\/em>, <em>Montezuma\u2019s Revenge<\/em>\u2026<\/p>\n<p>Si le\u00edste este cuento, tal vez te interese leer:<\/p>\n<h6 class=\"entry-title\"><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-panchito-campeon-jorge-manriquez-centeno\/#:~:text=LITERATURA-,Cuento%20%7C%20Panchito%20Campe%C3%B3n%20%7C%20Jorge%20Manriquez%20Centeno,-ACTUALIZADA%20EL\">Cuento | Panchito Campe\u00f3n | Jorge Manriquez Centeno<\/a><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carlos Mart\u00edn Brice\u00f1o Alta y rubia, los ojos de un verde azul cobalto intenso, pechos de adolescente y el culo bien formado, una Charlize Theron &hellip; 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