{"id":3603,"date":"2023-09-23T06:32:34","date_gmt":"2023-09-23T11:32:34","guid":{"rendered":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/?p=3603"},"modified":"2023-09-22T11:32:48","modified_gmt":"2023-09-22T16:32:48","slug":"cuento-picassos-en-el-aire-alberto-guerra-naranjo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-picassos-en-el-aire-alberto-guerra-naranjo\/","title":{"rendered":"Cuento | Picassos en el aire | Alberto Guerra Naranjo"},"content":{"rendered":"<h4><strong>Alberto Guerra Naranjo<\/strong><\/h4>\n<p>Justo en el piso ochenta y uno ocurri\u00f3 el desequilibrio del andamio flotante, la bamba, el s<em>winstage<\/em>, o como quieran llamar a ese aparato; y los rodillos, los cubos de pintura y tres trabajadores cayeron al vac\u00edo, pero Urbano T\u00e9llez, en el \u00faltimo instante, embarrado de pintura hasta los tu\u00e9tanos, logr\u00f3 aferrarse al andamio.<\/p>\n<p>Parec\u00eda un papelito vapuleado por vientos de quince millas, a ochenta y un pisos de altura; pero estaba vivo, sin dolores, mucho mejor que sus otros colegas; al menos, no colgaba de una cuerda tres metros m\u00e1s abajo, como la rumana y el tailand\u00e9s; ni se hab\u00eda hecho papillas contra el pavimento como el dominicano, quien, con su car\u00e1cter de tipo explosivo y sus aud\u00edfonos de empacharse el d\u00eda entero con reguetones de moda, se molestaba por andar atado a la cuerda de seguridad y prefer\u00eda zafarla para manejarse mejor con su rodillo sobre el andamio flotante, bamba, <em>swinstage<\/em>, o como quieran llamar a ese aparato.<\/p>\n<p>Tampoco soltaba gritos de espanto como la rumana y el tailand\u00e9s, ni ten\u00eda la columna vertebral averiada por la contracci\u00f3n repentina de la cuerda en su torso; ni el m\u00f3vil, ni las llaves, hincaban sus muslos desde los bolsillos del pantal\u00f3n; ni sus test\u00edculos se hab\u00edan apachurrado, ni por esa causa sufr\u00eda el dolor terrible del tailand\u00e9s, y si soportaba un poco, aferrado como lapa a ese andamio, estar\u00eda a salvo de colgar en el vac\u00edo como sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso, en tiempos de ocio o en conversaciones con otros colegas, incluidos la rumana, el tailand\u00e9s y el dominicano, ya no hab\u00eda calculado al detalle los padecimientos de una ca\u00edda, a pesar del sistema de cuerdas y de arneses?<\/p>\n<p>Sab\u00eda que, al caer, como le pas\u00f3 al dominicano hac\u00eda un rato, todo el cuerpo, hasta el cerebro, reaccionaba a los tres segundos del accidente y, desde el piso ochenta y uno, centenares de metros esperaron al desgraciado con aud\u00edfonos.<\/p>\n<p>Urbano T\u00e9llez, en cambio, necesitaba fuerza suficiente para sostener sus brazos entre la cuerda y la base del andamio, al menos hasta que, en los pisos de arriba, el capataz o alg\u00fan compa\u00f1ero atento comprendiera sus apuros de urgencia.<\/p>\n<p>Carajo. Pronto iba a cumplir cinco a\u00f1os en el oficio y nunca le hab\u00eda ocurrido algo as\u00ed. Era cierto que todos ven\u00edan con sus riesgos, tanto en el aire como en la tierra, pero en su vida imagin\u00f3 que pintar\u00eda rascacielos, y menos por fuera.<\/p>\n<p>Minerva Suarez, su esposa, se atragant\u00f3 con tallarines la noche en que supo la noticia de su nuevo empleo. \u00c9l tuvo que palmear varias veces su espalda, levantar sus brazos con premura, pedir que respirara con calma, pero ni as\u00ed la procesaba.<\/p>\n<p>Ella nunca se acostumbr\u00f3 a imaginarlo en aquellos rascacielos, a punto de morir cada minuto, con un rodillo en la mano y con ese uniforme de oso polar, manchado de pinturas distintas. Tampoco quer\u00eda imaginarlo toda la semana detr\u00e1s de aquellos fregaderos donde lavaba platos mal pagados y donde los due\u00f1os bajaban su autoestima a golpe de insultos sin motivos; ni detr\u00e1s del cami\u00f3n de la basura, con aquellas pestes horribles que tardaban d\u00edas en quitarse de la ropa y de su cuerpo.<\/p>\n<p>Tampoco quer\u00eda imaginar sus dolores por causa de trabajos de pura subsistencia. Era preferible, entonces, pintar rascacielos de m\u00e1s de setenta pisos de altura, morir en un segundo tras un resbal\u00f3n en el andamio flotante, bamba, <em>swinstage<\/em> o como quieran llamar a ese aparato, a continuar viviendo en aquel mal llamado estudio, que no era m\u00e1s que un espacio cerrado.<\/p>\n<p>Un maldito cuarto de solar, sin ventilaci\u00f3n, algo que ni los cerdos soportaban, dec\u00eda \u00e9l, casi siempre en el horario de la cena, a veces con la boca repleta de tallarines o antes de quedar rendido de sue\u00f1o en el sof\u00e1 de ver televisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde que se convirti\u00f3 en pintor de rascacielos, Minerva lo desped\u00eda en las ma\u00f1anas ahogada en un ataque de llanto, nerviosa, enf\u00e1tica, como si Urbano T\u00e9llez partiera hacia una guerra contra Rusia. Ella, aun en bata de casa, abrazaba su cuerpo por m\u00e1s de un minuto y lo besaba largo en la boca como si lo hiciera por \u00faltima vez y \u00e9l sal\u00eda desde el maldito estudio o solar hacia su edificio enorme, con su almuerzo en el bolso, sinti\u00e9ndose m\u00e1s amado que nunca, gracias a los riesgos en la altura.<\/p>\n<p>Al principio, por consideraci\u00f3n a Minerva, y por el miedo atroz que le entraba al verse sobre un andamio flotante, una bamba, un <em>swinstage<\/em>, o como quieran llamar a ese aparato, sumerg\u00eda tembloroso el rodillo en el cubo de pintura, lo escurr\u00eda en los bordes y resignado pintaba en la pared de turno.<\/p>\n<p>A veces lo hac\u00eda junto a la rumana, o junto al dominicano alegre y con aud\u00edfonos, o junto al tailand\u00e9s, al b\u00falgaro, al croata, al hondure\u00f1o, al senegal\u00e9s, al mexicano, al griego o al guatemalteco que correspondiera.<\/p>\n<p>Siempre, con el vac\u00edo inmenso debajo, loco por terminar sus ocho horas, arrepentido de haberse enrolado en un oficio de muerte segura, dispuesto a no regresar jam\u00e1s despu\u00e9s de constatar que hab\u00eda terminado su horario y que a\u00fan estaba con vida.<\/p>\n<p>Pero despu\u00e9s del primer cobro las cosas cambiaron para Urbano T\u00e9llez y hasta para la propia Minerva. Sin explicarse c\u00f3mo, \u00e9l fue perdiendo el miedo a las alturas y ella, en las ma\u00f1anas, al despedirlo, logr\u00f3 controlar sus ataques de nervios y, sin quererlo, tambi\u00e9n disminuy\u00f3 la intensidad de sus besos.<\/p>\n<p>Urbano T\u00e9llez, rodillo en mano, justo a los dos meses tambi\u00e9n le hab\u00eda cogido el golpe al pago de horas extras. De ocho correspondientes aument\u00f3 a diez y doce diarias, e incluso, como los pagaban dobles, se aventur\u00f3 a pintar los s\u00e1bados.<\/p>\n<p>Necesit\u00e1bamos un cambio, mi amor, dec\u00eda satisfecho, emocionado, altanero, cuando soltaba el paco de billetes sobre la mesa, no aquella del maldito estudio o solar sin ventilaci\u00f3n donde hab\u00edan vivido tanto tiempo, sino en esa otra reci\u00e9n comprada.<\/p>\n<p>Pintar rascacielos por fuera les hab\u00eda permitido, adem\u00e1s, mudarse a un verdadero apartamento y en una mejor zona; sin enumerar otros detalles que implicaban absoluta mejor\u00eda, pudieron comprarse, bajo sistema de cr\u00e9dito, un auto acorde con su nueva condici\u00f3n, un televisor pantalla plana enorme, dos laptop y una computadora de oficina; un equipo de m\u00fasica de primera l\u00ednea y para \u00e9l, en espec\u00edfico, una c\u00e1mara fotogr\u00e1fica de \u00faltimo modelo que le permit\u00eda tomar amaneceres, ocasos, extraordinarias puestas de sol desde la altura, siempre al margen de los ignorantes que no lo comprend\u00edan por m\u00e1s que lo intentaban.<\/p>\n<p>La propia Minerva, enfermera mejor graduada de su curso en su pa\u00eds, por fin hab\u00eda dejado el \u00e1rea infame de limpieza en el p\u00e9simo hospital donde sobreviv\u00eda y logr\u00f3 conseguir un mejor trabajo como cuidadora de ancianos en una de las renombradas cl\u00ednicas del centro.<\/p>\n<p>Ya no pod\u00edan quejarse tanto; siete a\u00f1os despu\u00e9s, tal como apreciaban los estudios acerca de emigrantes en las revistas especializadas que a veces le\u00edan, al menos en el plano material, por fin hab\u00edan levantado cabeza y eran algo as\u00ed como personas de clase media baja en ascenso.<\/p>\n<p>Pero cuando menos lo esperaba un ligero contratiempo, un bot\u00f3n trabado por el \u00f3xido, un desequilibrio en el andamio flotante, bamba, <em>swinstage<\/em>, o como quieran llamar a ese aparato, lo ten\u00eda a \u00e9l, a Urbano T\u00e9llez, tan buen t\u00e9cnico en Geodesia y Cartograf\u00eda en su pa\u00eds, a merced de vientos de quince millas, v\u00edctima del pataleo, como un ahorcado en alguna plaza p\u00fablica.<\/p>\n<p>\u00bfY cu\u00e1ndo se notaba m\u00e1s, que casi todos eran emigrantes, mi amor?<\/p>\n<p>Minerva hac\u00eda cada pregunta del carajo. Lo dejaba pensando un buen tiempo detr\u00e1s del plato de comida y \u00e9l dirig\u00eda la vista a un punto fijo donde concentrarse; eran preguntas que lo molestaban, pero que, aferrado a un andamio flotante, bamba, <em>swinstage<\/em> o como quieran llamar a ese aparato, desear\u00eda que su mujer se las hiciera esa misma noche; fueran una buena se\u00f1al de que luego del susto incalculable, las cosas salieron bien.<\/p>\n<p>No s\u00e9, amor, tal vez se note m\u00e1s en los horarios de almuerzo. Todos con los uniformes especiales, embarrad\u00edsimos de pinturas distintas, sacaban sus cachiporras, cazuelitas, platos, cucharas, pero, casi siempre, cada cual con la comida oriunda de su pa\u00eds.<\/p>\n<p>El nicarag\u00fcense tal vez almorzara el gallo pinto de su desayuno, m\u00e1s un trozo de carne; los rusos asum\u00edan sus papas asadas, carnes y coles \u00e1cidas; el colombiano, arroz con huevos pericos; los b\u00falgaros con sus pepinos y cebollas encurtidas; el venezolano era feliz con su zancocho; todos, a veces, almorzaban pizzas, espaguetis, hamburguesas y lo comestible que tuvieran a mano.<\/p>\n<p>Y yo, amor m\u00edo, conclu\u00eda Urbano T\u00e9llez, satisfecho por responder la pregunta, con mi cacharra de yuca con mojo, el fricas\u00e9 de puerco y el arroz con frijoles negros que t\u00fa me preparabas.<\/p>\n<p>Aquel olor con matices diferentes tambi\u00e9n permit\u00eda conversaciones de pintores con diversos acentos, quienes dentro de un rato volver\u00edan a encaramarse en los andamios flotantes, bambas, <em>swinstage<\/em> o como quieran llamar a esos dudosos y endebles aparatos que, justo la semana anterior, hab\u00edan ocasionado un par de serios accidentes mortales.<\/p>\n<p>Murieron todos. En un abrir y cerrar de ojos nueve pintores de or\u00edgenes distintos se estrellaron en ca\u00edda libre hacia el asfalto. No se trataba de un solo dominicano con aud\u00edfonos, sino de un par de brigadas de trabajo completas. Papilla se hicieron los pobres.<\/p>\n<p>Cada vez que ocurr\u00eda algo as\u00ed cund\u00eda el p\u00e1nico en la compa\u00f1\u00eda, muchos abandonaban el oficio para siempre; dejaban de venir, aunque necesitaran el dinero. Otros, que eran la mayor\u00eda, permanec\u00edan resignados, como era el caso de Urbano T\u00e9llez, y se solidarizaban con los familiares.<\/p>\n<p>Alguien recog\u00eda un poco de dinero, lo divid\u00eda en partes id\u00e9nticas y luego lo entregaba a las distintas familias. Incluso, pod\u00eda ocurrir que varios asistieran el domingo al cementerio.<\/p>\n<p>Triste situaci\u00f3n de incompetencias. L\u00e1grimas y s\u00f3lo l\u00e1grimas, nada m\u00e1s. Algo as\u00ed se dejaba entrever en las miradas y en los comentarios del lunes pasado, despu\u00e9s del entierro de los nueve colegas, pero all\u00ed no pod\u00eda pararse de pintar paredes de ninguna manera y el grupo, medio solemne a\u00fan por la desgracia, continuaba inmerso en lo suyo. Ellos se jugaban la vida arriba para no morir de hambre abajo. As\u00ed se repet\u00edan a cada rato y era cierto.<\/p>\n<p>Lamentarse es in\u00fatil, muchachos, nunca trae nada bueno. Eso dijo el lunes el capataz, con los brazos cruzados, el ce\u00f1o fruncido y casi ahogado en l\u00e1grimas, mientras intentaba pronunciar un discurso alentador para contrarrestar el p\u00e1nico colectivo. Pronunci\u00f3 la palabra irresponsables junto a la palabra negligencia, dijo \u201cPartida de irresponsables\u201d, y se atrevi\u00f3 a decir \u201cHediondos venidos de cualquier rinc\u00f3n del planeta que s\u00f3lo pensaban en comer sus bazofias, en tomar sus alcoholes baratos y en cobrar sus tremendos salarios.\u201d<\/p>\n<p>Dijo, que al pintar paredes todos andaban anclados a una l\u00ednea de vida o de seguridad infalible, \u201cEsc\u00fachenme bien, infalible.\u201d Dijo, que luego no quer\u00eda reclamaciones a la Compa\u00f1\u00eda, hijos de putas; ellos sab\u00edan bien que en asuntos de seguridad todo andaba clar\u00edsimo.<\/p>\n<p>Pero el maldito capataz se trag\u00f3 palabras importantes, alarg\u00f3 su discurso repleto de ofensas, llantenes y escupitajos, olvidando confesar que, por su culpa, y por la de los otros jefes al que obedec\u00eda como un perro, mandaban a construir andamios flotantes, bambas, <em>swinstages<\/em>, o como quieran llamar a ese aparato, grandes, bien pesadas, apenas imposibles de maniobrar sentados sobre ellas, solo para ahorrar dinero.<\/p>\n<p>\u201cNos jugamos la vida arriba para no morirnos de hambre abajo\u201d, as\u00ed repiti\u00f3 ese mismo lunes el vasco del grupo cuando llegaron al bar y ten\u00eda raz\u00f3n; aunque anduvieran repletos de cuerdas, tomaran todas las medidas de seguridad y se cercioraran de que sus compa\u00f1eros tambi\u00e9n las hab\u00edan tomado, se jugaban la vida all\u00e1 arriba para no ser unos muertos de hambre ac\u00e1 abajo.<\/p>\n<p>Somos bestias de aire, pens\u00f3 Urbano T\u00e9llez desde la altura del piso ochenta y uno, como si en vez de andar aferrado al andamio, con la rumana y el tailand\u00e9s tres metros debajo, a\u00fan estuviera en el bar d\u00e1ndose tragos en silencio.<\/p>\n<p>Bestias de aire mexicanas, croatas, portorrique\u00f1as, rumanas, hondure\u00f1as, serbias, argentinas, senegalesas, nicarag\u00fcenses, sirias, albanesas, cubanas. Bestias de aire, al fin y al cabo, pero sin un par de alas para salvarse a tiempo.<\/p>\n<p>Cada vez que ca\u00eda un andamio flotante, bamba, <em>swinstage<\/em> o como quieran llamarle a ese aparato, iban a aquel bar cercano, obligados por las circunstancias, y se daban tragos en silencio.<\/p>\n<p>Cualquiera de esos nueve de la semana pasada pudiera ser uno de ellos mismos la semana entrante. Cualquiera. Asunto de puro azar en los pintores de altura, porque ellos, quisi\u00e9ranlo o no, exist\u00edan para pintar inmensidades in\u00fatiles y no eran m\u00e1s que extensi\u00f3n de rodillos enchumbados, artistas de brocha gorda, Picassos en el aire.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo reaccionar\u00eda Minerva, si lo imaginara en aquellas condiciones? Urbano T\u00e9llez se hizo la pregunta con l\u00e1grimas en los ojos, todav\u00eda aferrado al andamio flotante, bamba, <em>swinstage<\/em> o como quieran llamar a ese aparato, pero un viento de quince millas, sin que \u00e9l lo deseara, lo segu\u00eda considerando una hoja de papel vapuleable.<\/p>\n<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-3604 alignleft\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/WhatsApp-Image-2023-09-20-at-10.31.18-PM.jpeg\" alt=\"\" width=\"100\" height=\"178\" srcset=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/WhatsApp-Image-2023-09-20-at-10.31.18-PM.jpeg 576w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2023\/09\/WhatsApp-Image-2023-09-20-at-10.31.18-PM-34x60.jpeg 34w\" sizes=\"auto, (max-width: 100px) 100vw, 100px\" \/>Alberto Guerra Naranjo<\/strong> (La Habana, Cuba,1961). Licenciado en Historia y Ciencias Sociales, guionista de cine y uno de los m\u00e1s importantes narradores cubanos de la actualidad. Son algunos de sus libros <em>Disparos en el aula<\/em>, <em>Apor\u00edas de la feria<\/em>, <em>Blasfemia del escriba<\/em> y <em>La soledad del tiempo<\/em>.<\/p>\n<p>Si le\u00edste este cuento, tal vez te interese leer:<\/p>\n<h6 class=\"entry-title\"><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento-los-fines-de-semana-carlos-martin-briceno\/\" rel=\"bookmark\">Cuento | Los fines de semana | Carlos Mart\u00edn Brice\u00f1o<\/a><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Guerra Naranjo Justo en el piso ochenta y uno ocurri\u00f3 el desequilibrio del andamio flotante, la bamba, el swinstage, o como quieran llamar a &hellip; <\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":3605,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7,1,560],"tags":[989,150,810,1132],"class_list":["post-3603","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuento","category-letras","category-literatura","tag-alberto-guerra-naranjo","tag-cuento","tag-estados-unidos","tag-picassos-en-el-aire","latest_post"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.2 - 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