{"id":1807,"date":"2022-03-20T08:36:34","date_gmt":"2022-03-20T13:36:34","guid":{"rendered":"https:\/\/vertice.grupopiramide.com.mx\/?p=1807"},"modified":"2022-03-20T09:13:06","modified_gmt":"2022-03-20T14:13:06","slug":"las-duchas-cuento-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/las-duchas-cuento-literatura\/","title":{"rendered":"Literatura | Cuento: Las Duchas"},"content":{"rendered":"<h3>Escrito por Mario Alejandro Torres Dujisin, fue uno de los trabajos que particip\u00f3 en el primer concurso de cuento, <a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/convocatoria\/convocatoria-premio-estatal-de-cuento-rafael-del-pozo-y-alcala\/\">Rafael del Pozo y Alcal\u00e1<\/a>, organizado por V\u00e9rtice el a\u00f1o pasado.<\/h3>\n<h3>Ambientado en un campo de concentraci\u00f3n de la Segunda Guerra Mundial, Las Duchas cosech\u00f3 buenos comentarios del jurado.<\/h3>\n<h3>Por <strong>Mario Torres Dujisin<\/strong> (*)<\/h3>\n<p>El invierno lleg\u00f3 antes de tiempo y de un d\u00eda para otro los alambrados se cubrieron de nieve y el atardecer se ocult\u00f3 temprano. La palidez del recinto emerg\u00eda como una ci\u00e9naga salpicada de manchones blancos y marrones. Los perros aullaban feroces en las jaulas y un hombre ahorcado colgaba en la entrada principal.<\/p>\n<p>Frente a su ventana, Claus, beb\u00eda un sorbo de co\u00f1ac y contemplaba con nostalgia c\u00f3mo se desvanec\u00eda el oto\u00f1o. La construcci\u00f3n era perfectamente sim\u00e9trica, con una calle principal y tres arterias transversales. Desde lejos, la edificaci\u00f3n aparec\u00eda una catedral dibujada sobre un plano lechoso, con surcos que se angostaban hasta llegar al acceso. Eran los rieles de un tren.<\/p>\n<p>La oficina del Coronel estaba templada, siempre provista de caf\u00e9 y co\u00f1ac. En los muros destacaban fotograf\u00edas y escudos vistosos, la bandera, una foto familiar y el resto eran archivos. Su capote de cuero negro, en una percha cercana a la puerta y la gorra sobre el escritorio. El lugar se rodeaba de un cerco electrificado con varias torres de ametralladoras y potentes reflectores. A Claus le agradaba vivir en tal ambientaci\u00f3n, pero cuando se hartaba, la ciudad de Krakov estaba a s\u00f3lo a 60 Km. del Campo y pod\u00eda viajar cuantas veces quisiera a comer un generoso bife apanado, <em>kotlet schabowy<\/em>, con una botella de vino franc\u00e9s. Sus habitantes le manifestaban gran respeto y \u00e9l valoraba las muestras de afecto y humildad que le brindaban. No le dejaban pagar las cuentas y un n\u00famero considerable de mujeres refinadas de la aristocracia polaca, le propon\u00edan su compa\u00f1\u00eda. El Coronel rehusaba elegantemente.<\/p>\n<p>Claus von Deniken era un hombre sereno y buen padre de familia. Ten\u00eda una esposa culta y hermosa que le otorg\u00f3 dos hijos resplandecientes. Naci\u00f3 en un per\u00edodo de grandes convulsiones sociales y pol\u00edticas en un pa\u00eds vencido por el sue\u00f1o de grandeza y humillado en el terreno militar. Y como ocurre habitualmente, la impotencia es fr\u00eda y necesita culpables. La idea generalizada era que los usureros y comerciantes avanzaban hacia el poder arruinando a los honestos campesinos que viv\u00edan de su trabajo. Eran temas recurrentes en los hogares y lugares p\u00fablicos. Pensamiento que, poco a poco, se fue transformando en un evangelio de naturalidad escalofriante con algunas razones hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Desde la Edad Media, la Iglesia Cat\u00f3lica pregonaba que los jud\u00edos hab\u00edan matado a Cristo para consagrarse a la codicia.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cerdos!, comentaban en la taberna del pueblo.<\/p>\n<p>\u2014Que regresen de donde vinieron, dec\u00edan.<\/p>\n<p>\u2014Son iguales a judas, manifestaban las madres.<\/p>\n<p>Muchos alemanes que perdieron sus ahorros, culparon a los bancos y financieras, casi todos en manos jud\u00edos inmigrantes que, adem\u00e1s, llamaban enormemente la atenci\u00f3n por su vestimenta y aspecto, como si pregonaran que su raza y religi\u00f3n eran lo mismo. Un blanco perfecto para ser condenados sin que nadie los defendiera moralmente.<\/p>\n<p>Claus, creci\u00f3 en una familia de clase media en Baviera, en la ciudad de Amberg. Sus antepasados hab\u00edan pertenecido a la nobleza alemana empobrecida que conservaba la ilusi\u00f3n del esplendor. Su madre, una devota cat\u00f3lica lo instruy\u00f3 en la religi\u00f3n y su padre, luterano, le inculc\u00f3 la devoci\u00f3n por el orden y la eficiencia. Con su padre tambi\u00e9n aprendi\u00f3 el uso de las armas y la m\u00fasica. Beethoven, Bach y Wagner eran parte del ambiente familiar. Sal\u00edan a cazar una vez a la semana por los bosques que rodeaban la ciudad y este paseo, se convirti\u00f3 en el sentimiento m\u00e1s emotivo que compartieron. Se internaban en la profunda oscuridad de la noche, rastreando las presas que llevar\u00edan como trofeos al hogar. Junto a \u00e9l vivi\u00f3 su primer encuentro con la muerte, a los doce a\u00f1os, cuando debi\u00f3 liquidar a un conejo que hab\u00eda sobrevivido a los perdigones. Desn\u00facalo, dijo su padre. El animal desesperado daba zarpazos al aire y mov\u00eda su cabeza con los ojos llenos de espanto y, a causa de sus convulsiones, no pudo eliminarlo como le hab\u00eda mandado su padre y procedi\u00f3 a ahorcarlo, lentamente, como si acariciara la piel del abrigo de su madre. Palp\u00f3 con sus peque\u00f1as manos ese crep\u00fasculo hacia la nada de la muerte, junto al pavor y la ternura que producen. Pero en un momento, en unos segundos, las miradas del conejo y del joven cazador se encontraron frente a frente, como el chispazo de un rel\u00e1mpago. Permaneci\u00f3 contempl\u00e1ndolo hasta que el animal desplom\u00f3 su cabeza derrotado. Un suave hormigueo le recorri\u00f3 el est\u00f3mago, lo ech\u00f3 al morral\u00a0 y sigui\u00f3 a su padre.<\/p>\n<p>Claus se integr\u00f3 a las SA, las \u201c<strong>Tropas de Asalto\u201d<\/strong>, una milicia que hab\u00eda formado <strong>Hitler<\/strong> despu\u00e9s de la primera guerra mundial. Luc\u00eda orgulloso su camisa parda frente a sus padres y amigos. Siendo algo mayor, particip\u00f3 en lo que se denomin\u00f3 \u201cLa noche de los cristales rotos\u201d. Un memorable crep\u00fasculo en que miembros del Partido destrozaron m\u00e1s de siete mil tiendas y almacenes de jud\u00edos e incendiaron pr\u00e1cticamente todas las sinagogas. M\u00e1s de treinta mil\u00a0 fueron detenidos y doscientos asesinados en los dos d\u00edas de levantamiento. Las v\u00edctimas no cre\u00edan lo que les estaba sucediendo, miraban incr\u00e9dulos, como si fuera un error. Algo que siempre asombr\u00f3 a Claus, eran sus caras solicitando explicaciones y no devolviendo golpes como espera un soldado. Fue ah\u00ed cuando su odio se hizo aut\u00e9ntico y se desvaneci\u00f3 el poco respeto que le quedaba con esa gente.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, como soldado de carrera, ingres\u00f3 a las Waffen SS, un cuerpo especializado de defensa, fiel a Hitler y con mayor autoridad que los otros organismos armados. Pas\u00f3 por un largo entrenamiento y fue incorporado a los Escuadrones de la Muerte, alcanzando el grado de Coronel. En la hebilla de su correa reluc\u00eda con orgullo \u201cNuestro honor se llama Lealtad\u201d. Combati\u00f3 en el norte de \u00c1frica y tambi\u00e9n en el frente ruso, logrando varias medallas al m\u00e9rito. En Rusia perdi\u00f3 una pierna a causa de una granada bolchevique. Esta desgracia, sin embargo, no disminuy\u00f3 su elegancia ni destreza como oficial de ej\u00e9rcito, al contrario, subi\u00f3 su imagen en el Cuartel General. Rengueaba con desenvoltura, como si hubiese obtenido un galard\u00f3n.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, entr\u00f3 a su despacho en Berl\u00edn y encontr\u00f3 sobre su escritorio una invitaci\u00f3n para reunirse con su Comandante en Jefe. La ma\u00f1ana siguiente estaba frente a Himmler, quien le inform\u00f3 -despu\u00e9s de alabar su labor profesional \u2013 que hab\u00eda sido destinado a <strong>Auschwitz<\/strong>, considerando lo delicado del asunto y su vasta experiencia en inteligencia militar. Al principio le pareci\u00f3 extra\u00f1o, casi deshonroso que lo consignara a un campo de prisioneros, pero el Comandante en Jefe se encarg\u00f3 de aclararle la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00ad\u2014Es una misi\u00f3n secreta, Claus, una de las m\u00e1s trascendentales para el futuro de Alemania. Y mido bien las palabras, dijo observ\u00e1ndolo cuidadosamente. No s\u00f3lo resolvemos el problema alem\u00e1n -agreg\u00f3 &#8211; sino de todo el mundo civilizado.<\/p>\n<p>Disculpe, mi <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Reichsf%C3%BChrer-SS\">Reichsf\u00fchrer,<\/a> pero usted sabe que prefiero el campo de operaciones, dijo mir\u00e1ndolo a los ojos, tratando de descubrir la verdad detr\u00e1s su mirada, sin saber todav\u00eda si se trataba de un castigo o de una promoci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Es m\u00e1s f\u00e1cil dirigir una compa\u00f1\u00eda en batalla-sigui\u00f3 Himmler- que asumir este proyecto con visi\u00f3n de futuro que, adem\u00e1s de ser sobresaliente, tiene un sentido m\u00edstico. La <em>Soluci\u00f3n Final<\/em> es el inicio de una nueva era que requiere cautela, m\u00e1s bien diplomacia, dijo Himmler confidencial. Los ojos del mundo -prosigui\u00f3- est\u00e1n sobre todas las actividades del Reich y, al menos por ahora, no podemos disgustarnos con uno de nuestros principales clientes, los americanos. Ellos odian tanto como nosotros a los jud\u00edos, pero no pueden hacer p\u00fablica una verdad de esta envergadura. Son debilidades de la democracia, Claus, agreg\u00f3 el Comandante con disgusto.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, se\u00f1or, respondi\u00f3 von Deniken persuadido, pero \u00bfc\u00f3mo ocultamos las instalaciones? dijo reflexionando.<\/p>\n<p>\u2014Con prolijidad, agreg\u00f3 y estir\u00f3 los planos sobre la mesa.<\/p>\n<p>\u2014Son c\u00e1maras de gases, se\u00f1or, los americanos van a presionar a los ingleses.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 dice? Las c\u00e1maras de gases son instituciones p\u00fablicas en Am\u00e9rica, utilizadas generosamente y apoyadas fervientemente por el pueblo, respondi\u00f3 Himmler.<\/p>\n<p>\u2014Pero son nuestros enemigos, replic\u00f3 Claus.<\/p>\n<p>\u2014Ellos comprenden perfectamente que nosotros personificamos, digna y francamente, la \u00faltima barricada contra el comunismo y las hordas eslavas que, como bien sabe, no son otra cosa que b\u00e1rbaros hambrientos, pero con un ej\u00e9rcito inagotable, termin\u00f3 el Comandante en Jefe, se puso los guantes y subi\u00f3 a su coche.<\/p>\n<p>A la entrada de Auschwitz, sobre el imponente port\u00f3n finamente elaborado, luc\u00eda un cartel con el lema \u201cEl trabajo os har\u00e1 libres\u201d. Parec\u00eda el ingreso a un paseo p\u00fablico que m\u00e1s adelante exhib\u00eda su evangelio. Desde un enorme gancho de carnicero se balanceaba un esquel\u00e9tico hombre con las manos atadas a la espalda y los ojos desorbitados, con un r\u00f3tulo escrito en su pecho que dec\u00eda, \u201cIch bin nichts\u201d, no soy nada. Diariamente ahorcaban a un prisionero a la entrada del campo como una advertencia y mensaje ilustrativo. El procedimiento era simple y al azar, aunque ten\u00edan una deferencia especial con los prisioneros en condiciones de trabajar, especialmente los falsificadores de moneda.<\/p>\n<p>Antes de tomar posesi\u00f3n del cargo, von Deniken se inform\u00f3 prolijamente de los adelantos en la tecnolog\u00eda alemana, el gas Ziklon B ahorraba enormes recursos militares, tan necesarios en el frente ruso. Cuando entr\u00f3 por primera vez al lugar, mir\u00f3 las barracas de madera y las caras de sus moradores silenciosos. Se advert\u00eda en ellos ansiedad\u00a0 y una profunda confianza religiosa. Con las gargantas secas y asfixiadas miraban con una esperanza vac\u00eda hacia la nada. Una aglomeraci\u00f3n humana, sin aire ni espacio, que hizo pensar a Claus en la extra\u00f1a aversi\u00f3n que la gente le tiene a la muerte cuando se trata de un hecho tan natural, uno de los m\u00e1s humanos e inevitables\u2026as\u00ed como su olvido, se dijo en silencio. El oficial que lo conduc\u00eda abri\u00f3 la puerta del auto y se cuadr\u00f3 ante \u00e9l.<\/p>\n<p>El Comandante en Jefe, en su exposici\u00f3n inicial, le hab\u00eda dicho a Claus que el trabajo m\u00e1s indecoroso y sucio no lo realizaban directamente los soldados alemanes.<\/p>\n<p>\u2014Para eso est\u00e1n los mismos jud\u00edos, hab\u00eda revelado satisfecho. Los <em>Kapos<\/em> son un grupo seleccionado que se encarga de la ejecuci\u00f3n de las labores m\u00e1s odiosas. Son prisioneros de baja peligrosidad, religiosos, asaltantes, convictos de delitos comunes, comunistas y gitanos. Hay de todo, le hab\u00eda dicho, rusos, polacos, checos, croatas y serbios\u2026razas inferiores.<\/p>\n<p>Von Deniken determinaba, con criterio razonable el n\u00famero de jud\u00edos que ir\u00edan a las c\u00e1maras. Primero los enfermos, ancianos, ni\u00f1os y embarazadas, son inservibles para el trabajo. Los homosexuales y los comunistas se llevan en camiones, se tratan con mon\u00f3xido de carbono. Al final de la misi\u00f3n, terminaban en los hornos, por econom\u00eda y consideraciones sanitarias. El Coronel ten\u00eda la profunda convicci\u00f3n que no trataba con personas sino con una especie que correspond\u00eda exterminar. Esas son prioridades, indic\u00f3 categ\u00f3rico.<\/p>\n<p>Los que est\u00e1n en condiciones f\u00edsicas, deben trabajar o servir a las investigaciones del <strong>Dr. Mengele<\/strong>, orden\u00f3 el Coronel, el capit\u00e1n anotaba cuidadosamente las disposiciones en una hoja de servicio.<\/p>\n<p>En su visita de inspecci\u00f3n a las duchas, se ve\u00edan filas interminables de jud\u00edos temblorosos, de cabezas grises y ojos hundidos. Les ordenaban quitarse la ropa y, met\u00f3dicamente, los hac\u00edan entrar en grupos de diez para evitar el amontonamiento. Los <em>Kapos<\/em> divulgaban, a viva voz, la obligaci\u00f3n de ba\u00f1arse para impedir enfermedades. Al cerrar la puerta, un guardia sub\u00eda a la azotea, lanzaba el gas por las chimeneas y una vez terminada la operaci\u00f3n, trasladaban los cad\u00e1veres en carretillas a los hornos por una salida posterior y secreta para evitar que los otros prisioneros se dieran cuenta. La construcci\u00f3n era de hormig\u00f3n, m\u00e1s s\u00f3lida que las barracas de los dormitorios y los presos esperaban su turno con miradas curiosas, ins\u00f3litas, sin pena ni rabia, con una resignaci\u00f3n p\u00e1lida que Claus nunca hab\u00eda visto en el campo de batalla. La puerta de entrada a las c\u00e1maras era de color gris con una peque\u00f1a ventana a la que s\u00f3lo ten\u00edan acceso los guardias alemanes y los <em>Kapos. <\/em><\/p>\n<p>Luego visit\u00f3 el laboratorio de Mengele. Avanz\u00f3 por el pasillo del hospital entre el ruido seco de sus pasos y el sonido de los instrumentos. En la parte amplia del pabell\u00f3n, hab\u00eda gente sentada en butacas de madera, otros en camas a la espera de ser convocados por el doctor. En los recintos privados, cerrados\u00a0 por paneles sucios, se realizaban los experimentos selectos, aquellos de orden sexual y trasplantes de \u00f3rganos. Varias mesas de un blanco gris\u00e1ceo ornamentaban el lugar.<\/p>\n<p>Mengele se lav\u00f3 las manos y con una sonrisa que reflejaba su humanidad mec\u00e1nica, se acerc\u00f3 a Claus. Son asombrosos, le dijo orgulloso al Coronel. Estamos haciendo grandes avances para la ciencia alemana y mundial. La capacidad de respuesta al dolor, la fuerza del sexo entre parientes, los gemelos, todo dej\u00f3 de ser misterio para la ciencia. No tiene idea de c\u00f3mo el inconsciente guarda secretos que s\u00f3lo el miedo puede rescatar. \u00a1Nadie hab\u00eda comprobado semejantes cosas!, agreg\u00f3 satisfecho, mostrando el espacio entre sus dientes superiores.<\/p>\n<p>\u2014 No hay duda, dijo von Deniken y procedi\u00f3 a retirarse.<\/p>\n<p>Cuando sal\u00eda, Claus repar\u00f3 en una joven sentada al borde de una cama que miraba al muro como si esperara el inicio de un espect\u00e1culo. Sus ojos eran de una pureza inocente que parec\u00eda una l\u00e1mina medieval. El Coronel tuvo un instante de incertidumbre, vacil\u00f3 sin que nadie lo advirtiera, o al menos eso crey\u00f3. Record\u00f3, como un destello, la primera vez que conoci\u00f3 el sexo cuando a\u00fan no sab\u00eda que se llamaba as\u00ed. A los ocho a\u00f1os vio a su prima Elga orinando en el jard\u00edn, con sus calzones a los tobillos y la falda levantada, sostenida por sus peque\u00f1as manos. Claus no supo qu\u00e9 hacer con esa extra\u00f1a turbaci\u00f3n, tom\u00f3 un le\u00f1o y la golpe\u00f3 en la espalda. Fue castigado por sus padres bajo la amenaza que si lo hac\u00eda otra vez, ser\u00eda vendido a los gitanos. Desde ese d\u00eda, oculto en el granero, observaba a su prima cada vez que ella orinaba y acongojaba de alteraci\u00f3n su peque\u00f1o universo. Cuando m\u00e1s tarde conoci\u00f3 la vida sexual, como por accidente, casi por urbanidad, permaneci\u00f3 pudoroso, conservando secretos detr\u00e1s del esplendor de su apariencia.<\/p>\n<p>A pesar que todo sucedi\u00f3 muy r\u00e1pido, Mengele alcanz\u00f3 a percibir un ligero temblor en la mejilla de Claus y como si adivinara su pensamiento, le indic\u00f3 \u201ces un caso especial, Coronel\u201d. Tiene una mezcla original. Su madre es jud\u00eda, pero su padre alem\u00e1n de varias generaciones. Era actriz en Berl\u00edn\u2026 comunista, naturalmente. La mujer ten\u00eda el cabello rubio deste\u00f1ido, los ojos eran de un azul fr\u00edo y\u00a0 las piernas sutiles. Sobre su piel \u00e1spera resplandec\u00eda una luminosidad difusa, inalcanzable. Claus se acerc\u00f3 y le pregunto su nombre. Ella lo contempl\u00f3 con una sonrisa mec\u00e1nica, impersonal, como si mirara al mar y despu\u00e9s de un momento, dijo: Sara.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, las grandes chimeneas del campo diseminaban un polvillo que nublaba el cielo y salpicaban las enredaderas que crec\u00edan junto a la caba\u00f1a de Von Deniken. Sali\u00f3 al peque\u00f1o antejard\u00edn y luego se dirigi\u00f3 al laboratorio, donde encontr\u00f3 a Sara limpiando unos artefactos quir\u00fargicos. En su manera refinada, le pregunt\u00f3 si ten\u00eda un minuto.<\/p>\n<p>\u2014Son suyos, Coronel, respondi\u00f3 ella, como si lo esperara.<\/p>\n<p>\u2014Necesito una sirvienta en mi caba\u00f1a, dijo Claus con algo de turbaci\u00f3n que no ten\u00eda con sus subalternos y menos con los prisioneros. Ella se acerc\u00f3 para escuchar mejor lo que dec\u00eda y Claus advirti\u00f3 el olor a musgo, delicadamente \u00e1spero y esto lo estremeci\u00f3 de una manera impropia para su condici\u00f3n.<\/p>\n<p>Usted ordena, respondi\u00f3 Sara con una sonrisa prudente y un remoto gesto que distingue los misterios del hombre.<\/p>\n<p>Esa noche so\u00f1\u00f3 con sus hijos y en el sue\u00f1o apareci\u00f3 Sara y no su esposa, un espejismo confuso parecido a una pesadilla, que exhib\u00eda entre ellos una intimidad aterradora. Sara le tomaba la mano y le ped\u00eda que la acompa\u00f1ara a una cama enorme, parecida a la de sus padres en la ciudad de Amberg. Claus, hechizado, con un sentimiento que oscilaba entre el horror y el placer, la segu\u00eda por el dormitorio y luego se confund\u00edan las im\u00e1genes en un espejismo de cuerpos y miradas que no eran de este mundo. Amaneci\u00f3 mojado por la transpiraci\u00f3n y el semen.<\/p>\n<p>De a poco, von Deniken dej\u00f3 de ir a cenar a Krakov. Prefer\u00eda quedarse en la casa del Campo, para supervisar mejor, dec\u00eda. Mientras le\u00eda, segu\u00eda con sus ojos a Sara cuando ella preparaba la comida y limpiaba la caba\u00f1a. Ella no lo miraba directamente y al Coronel esa intimidad indiferente le parec\u00eda tan escalofriante como un fen\u00f3meno inesperado de la naturaleza, parecida a la atracci\u00f3n irresistible de un suicida frente al abismo. No hablaban mucho, se escudri\u00f1aban a hurtadillas, como animales que se preparan para actuar. Ella desaparec\u00eda una vez que dejaba todo ordenado, se retiraba al subterr\u00e1neo donde ten\u00eda su habitaci\u00f3n, en la bodega de vinos. \u00c9l bajaba, tarde en la noche, a buscar innecesariamente botellas que luego consum\u00eda para disimular su ansiedad. Claus trataba de maniobrar su intelecto con razonamientos que lo apartaran de esa conmoci\u00f3n. Los jud\u00edos, pensaba, han aprendido a sobrevivir durante toda su historia. Su t\u00e9cnica fue siempre la de soportar para sobrevivir. Por eso consideran asombroso que tengamos la intenci\u00f3n de exterminarlos, pens\u00f3 el Coronel. Algo as\u00ed notaba en la actitud de Sara, un espanto sin fulgor que, para \u00e9l, encarnaba el secreto del poder total sobre la vida y muerte de un ser humano, el poder divino. No obstante, esta vez no se trataba de un pensamiento, era una zozobra que proven\u00eda de su cuerpo, de agitaciones m\u00e1s profundas y primitivas. \u201cDebemos llegar a los treinta mil diarios\u201d, recapacit\u00f3 como un son\u00e1mbulo.<\/p>\n<p>Nuevamente so\u00f1\u00f3 con Sara, pero ahora frente a la puerta met\u00e1lica de las duchas. En el sue\u00f1o, hab\u00eda un enorme bosque detr\u00e1s de las instalaciones. Ella lo ayudaba a despojarse de sus ropas, le sacaba el cintur\u00f3n militar y le dec\u00eda \u201cya es hora\u201d, con la ingenuidad de un conejo que mete el hocico en un recipiente con pasto.\u00a0 En el espejismo, miraba fijo a un objeto, que no era un espejo pero que deslizaba im\u00e1genes inexplicables de la muchacha, como si danzara a su rededor sin dejarse tocar, s\u00f3lo lo rozaba. Cuando quiso alcanzarla, se encontr\u00f3 mir\u00e1ndola detr\u00e1s de la ventanilla de las duchas. Despert\u00f3 agitado y bebi\u00f3 una copa de co\u00f1ac y luego cuatro m\u00e1s. Baj\u00f3 al s\u00f3tano.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, reuni\u00f3 a sus oficiales y les dijo que las \u00f3rdenes se deb\u00edan cumplir con mayor rapidez. El Estado Mayor necesita soluciones y no excusas, afirm\u00f3 categ\u00f3rico. Ese d\u00eda ejecutaron a treinta y cinco mil personas, entre jud\u00edos, comunistas y gitanos. Von Deniken particip\u00f3 personalmente para agilizar la labor de los guardias y controlar personalmente las operaciones. Las camisas y los pantalones rayados se acumulaban en un inmenso mont\u00edculo al lado del edificio de las duchas.<\/p>\n<p>\u2014Es una guerra santa, gritaba el Coronel. La humanidad habr\u00e1 ganado cuando quede limpia de jud\u00edos. Es una misi\u00f3n gloriosa, es la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Cuando regres\u00f3 a la caba\u00f1a, Sara ten\u00eda preparada su comida, pero \u00e9l se mostr\u00f3 indiferente y se sirvi\u00f3 otra copa de co\u00f1ac. Al terminar la botella, ten\u00eda los ojos rojizos y la cara desencajada. Le dijo que se acercara. Ella obedeci\u00f3 y se quit\u00f3 todo sin que se lo pidiera. Apareci\u00f3 ante Claus la l\u00ednea escu\u00e1lida pero refinada de su cuerpo y en el rostro, un aire de instintos primitivos.<\/p>\n<p>\u2014Puede hacer lo que quiera, Coronel, dijo Sara sollozando por primera vez. El gemido no era de miedo, era un suspiro de hembra.<\/p>\n<p>La curiosidad de Claus se transform\u00f3 en deseo y el deseo se inflam\u00f3 en sentencia. El poder absoluto lo excitaba hasta el ahogo. Le palpitaban las sienes, se le nublaba la vista y se estremec\u00eda como un ni\u00f1o ajeno a su coraz\u00f3n y a su verdad. Profanaba un misterio sin necesidad de sus soldados y lejano de sus p\u00e1nicos. Las l\u00e1grimas de Sara eran un vino que lo embriagaba hasta la fascinaci\u00f3n. Dej\u00f3 de lado todo razonamiento y se ofreci\u00f3 al deseo, a la degradaci\u00f3n y al dolor sin arrepentimiento. Sinti\u00f3 que le tomaba el pulso al mundo con sus propias manos. Sara no era indiferente a la dominaci\u00f3n que la estrujaba con\u00a0 fervor tan inspirado. Ella saldaba una culpa primitiva, la bendici\u00f3n le produc\u00eda un dulce y asombroso placer.<\/p>\n<p>Von Deniken no se movi\u00f3 de su caba\u00f1a en varios d\u00edas, pero los trabajos en el campo continuaban con la normalidad establecida. Al atardecer del quinto d\u00eda, sali\u00f3 al corredor con una barba que hac\u00eda juego con la suciedad de su camisa. El oficial que cuidaba su puerta, se cuadr\u00f3 por reflejo, pero estupefacto al ver este espectro que cojeaba como una sombra del Coronel, con la expresi\u00f3n r\u00edgida, en trance, donde lo \u00fanico que son\u00f3 real fue la orden taxativa que le dirigi\u00f3\u2026 co\u00f1ac, traiga m\u00e1s co\u00f1ac\u2026 \u00a1y la lista de prisioneros que hoy deben entrar a las duchas!, concluy\u00f3 con rigor.<\/p>\n<p>El teniente se retir\u00f3 perplejo por el pasillo y Claus baj\u00f3 lentamente las escalas de la terraza dirigi\u00e9ndose a las instalaciones para disponer personalmente las maniobras. Todo era tan incomprensible que necesit\u00f3 algunos puntos de apoyo en su cabeza y en el cuerpo. Camin\u00f3 por el campamento atiborrado de holl\u00edn, se detuvo maquinalmente detr\u00e1s de una gran fila y pens\u00f3 en su madre. Si Dios no quisiera esto, madre, le bastar\u00eda un solo gesto para detenerlo. Pero no es as\u00ed. Es su voluntad y le digo am\u00e9n desde Auschwitz. Si hemos logrado esta maravilla es \u00fanicamente porque el Creador nos entreg\u00f3 la f\u00f3rmula.<\/p>\n<p>Los recuerdos de su madre, de Sara, del conejo, de su prima y sus hijos, fueron violentamente interrumpidos por un guardia checo jud\u00edo, un <em>Kapo<\/em>, que lo sac\u00f3 de la fila y le aull\u00f3 en un deplorable alem\u00e1n:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La camisa, jud\u00edo de mierda, no tenemos todo el d\u00eda!<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*****<\/p>\n<p>(*) <strong>Mario Torres Dujisin<\/strong>, de nacionalidad chilena y croata, naci\u00f3 en Santiago de Chile y actualmente reside en la Riviera Maya, M\u00e9xico, donde representa a la Sociedad de Escritores de Chile (SECH).<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1809 alignleft\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/mario.jpg.png\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/mario.jpg.png 367w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/mario.jpg-54x60.png 54w\" sizes=\"auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><\/p>\n<p>Estudi\u00f3 Econom\u00eda en Croacia, ex Yugoslavia, para egresar m\u00e1s tarde de Sociolog\u00eda en la Universidad Cat\u00f3lica de Chile. Al t\u00e9rmino de los estudios en Zagreb, vive en Roma, luego en Mozambique e India. Despu\u00e9s de 14 a\u00f1os en el extranjero, regresa a Chile y crea una editorial de revistas especializadas (Mercado Moderno, FerMarket, RayClub entre otras). Publica el libro \u201cLos dioses oscuros\u201d y participa en varias antolog\u00edas literarias en Chile y Croacia. Obtiene dos a\u00f1os consecutivos el Fondo Nacional de las Artes para la publicaci\u00f3n de la revista cultural para j\u00f3venes ARTEFACTO. Durante 10 a\u00f1os fue profesor en la UNIACC y UNIVERSIDAD MAYOR en Santiago de Chile. 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