{"id":1415,"date":"2021-10-31T09:56:16","date_gmt":"2021-10-31T14:56:16","guid":{"rendered":"https:\/\/vertice.grupopiramide.com.mx\/?p=1415"},"modified":"2021-10-31T09:56:16","modified_gmt":"2021-10-31T14:56:16","slug":"nuevo-cuento-mover-la-sangre-narrativa-yucateca-escritor-adan-echeverria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento\/nuevo-cuento-mover-la-sangre-narrativa-yucateca-escritor-adan-echeverria\/","title":{"rendered":"Cuento | Mover la sangre, por Ad\u00e1n Echeverr\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/stock-photo-silhouette-someone-holding-knife-murdering.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1416\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/stock-photo-silhouette-someone-holding-knife-murdering.jpeg\" alt=\"Sangre\" width=\"1024\" height=\"683\" srcset=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/stock-photo-silhouette-someone-holding-knife-murdering.jpeg 1024w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/stock-photo-silhouette-someone-holding-knife-murdering-768x512.jpeg 768w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/stock-photo-silhouette-someone-holding-knife-murdering-600x400.jpeg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>MOVER LA SANGRE<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>La sangre fluye de un cad\u00e1ver en presencia del asesino<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde temprana edad Martha pudo percatarse del suceso, su sola presencia hac\u00eda correr m\u00e1s r\u00e1pido la sangre de cualquier persona que estuviera cercano a ella. Cuando quiso volver hacia atr\u00e1s en sus reflexiones, se recuerda en la cuna \u2013contrario a lo que a todos nos pueda suceder-, y miraba el \u00e9xtasis que la sola mirada de su padre sobre su cuerpecito beb\u00e9 le inundaba; su padre herv\u00eda, y m\u00e1s tardaba en arropar a su hija que en volver a tomar el cuerpo de su esposa. C\u00f3mplices en el amor, hija y padre haciendo embellecer a la mujer.<\/p>\n<p>La madre de Martha siempre se notaba sonriente al darle pecho, porque la ilusi\u00f3n del contacto con su hija, hac\u00eda huir la soledad, y sentirse plena para el canto: duerme beb\u00e9, duerme cari\u00f1o, que tu mami linda se quiere ba\u00f1ar, duerme beb\u00e9, duerme cosita, que tu mami linda, se quiere peinar\u2026 Y Martha de una forma tan sutil, pod\u00eda verse reflejada en esos borbotones de blanca leche que sal\u00eda de los pezones de su madre.<\/p>\n<p>\u00bfMe ha dejado algo la nena?, dec\u00eda pap\u00e1 tan solo entrar a la rec\u00e1mara.<\/p>\n<p>Esta ni\u00f1a es glotona, y mientras m\u00e1s mama, m\u00e1s leche me sale de las tetas.<\/p>\n<p>Pues si la beba se ha llenado, es justo que me invite un poco de su madre.<\/p>\n<p>Al pap\u00e1 de Martha la maternidad de su esposa lo ten\u00eda loco. Esa suculenta carne que hab\u00eda quedado en su mujer, y los borbotones de leche que escurr\u00edan cuando la chupaba, de la boca al cuello, y hasta el pecho mientras sorb\u00eda con gula los negros pezones de su hembra. Martha lo recuerda bien. Se dorm\u00eda bajo el arrullo de los gemidos de su madre, bajo esa atm\u00f3sfera de aromas que le inundaba por completo la rec\u00e1mara, el cuarto, la cocina, toda la casa. Decenas de gatos se la pasaban maullando alrededor de la casa, por el techo, por los jardines, cada que sus padres se hac\u00edan el amor, olisqueando la leche derramada. Martha pod\u00eda escucharlos.<\/p>\n<p>\u00bfTe encanta ba\u00f1arte de leche, cari\u00f1o?<\/p>\n<p>Lo mismo que a ti te encanta que te llene con la m\u00eda.<\/p>\n<p>Eres un loco.<\/p>\n<p>Y la ni\u00f1a sonre\u00eda, daba pataditas a los barrotes de su cuna, golpeaba con las manos las figuras de su m\u00f3vil que colgaba sobre su cuna. Martha a\u00fan ten\u00eda esos recuerdos. A\u00f1os despu\u00e9s podr\u00eda darse cuenta de que lo que hab\u00eda vivido era diferente. En la secundaria pudo leer aquellos textos con la maestra de orientaci\u00f3n: La memoria empieza a los tres a\u00f1os de edad. Pero Martha sab\u00eda que en su caso el sue\u00f1o de los recuerdos hab\u00eda sido diferente. Se miraba como feto. Pod\u00eda mirar entre esa acuosa oscuridad, cada uno de los gestos de amor entre sus padres. Como le cantaban canciones, como la hab\u00edan esperado con tantas ganas. Incluso la voz del m\u00e9dico.<\/p>\n<p>Se\u00f1ora, tiene usted que calmarse. Su taquicardia no le hace bien al ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Pero mire, doctor, que hermosa la ha puesto el embarazo, dijo su coqueto padre.<\/p>\n<p>C\u00e1llate, Ernesto, deja que el doctor d\u00e9 su opini\u00f3n. Me siento bien, doctor. Quiz\u00e1 un poco ansiosa. Pero desde las primeras semanas que supe del embarazo, no puedo dejar esta felicidad, y las sensaciones de alegr\u00eda que me conectan con mi esposo y mi peque\u00f1a.<\/p>\n<p>Pero c\u00f3mo puede usted estar segura de que es una ni\u00f1a, si no ha querido hacerse un ultrasonido.<\/p>\n<p>Estoy muy segura doctor. No me pregunte c\u00f3mo. Lo s\u00e9. Es como si ella me lo hubiera dicho. Se llama Martha.<\/p>\n<p>Se llamar\u00e1, quieres decir, cari\u00f1o.<\/p>\n<p>No. Ella se llama Martha. Me lo ha dicho<\/p>\n<p>Se miraba dentro de la cuna. Y envuelta en el aroma que sal\u00eda del incendio que eran sus padres, sus memorias iban reconoci\u00e9ndolo todo. Cuando aprendi\u00f3 a caminar lo hizo de golpe. Se levant\u00f3 un d\u00eda para escaparse de la cuna, y llegar gateando hasta la cocina. Su madre se ve\u00eda tan alta, pegada a la estufa, cocinando. Al entrar Martha a la cocina, M\u00f3nica sinti\u00f3 que la leche le escurr\u00eda por los pezones como una llave de agua que de repente se abriera. Se levant\u00f3 la blusa para que no se le empapara, y en ese movimiento, la mir\u00f3: Martha, cari\u00f1o, que susto me has pegado, peque\u00f1a. Ven con mam\u00e1. La leche sal\u00eda a borbotones, y que mejor soluci\u00f3n que pegarse a la hija en las tetas. Se quit\u00f3 la blusa de algod\u00f3n y r\u00e1pida, la peque\u00f1a se meti\u00f3 el negro pez\u00f3n a la boca.<\/p>\n<p>Cuando Ernesto lleg\u00f3 del trabajo, corri\u00f3 persiguiendo la voz de su mujer que lo llamaba desde la habitaci\u00f3n de la peque\u00f1a. Mir\u00f3 a su esposa de rodillas junto a la puerta, y que su hija estaba parada dentro de su cuna. \u00bfQu\u00e9 haces, amor? Esp\u00e9rate, Ernesto, esp\u00e9rate y ver\u00e1s. Lo ha hecho toda la ma\u00f1ana. Venga, Martha, no me vas a dejar mal ahora, frente a tu padre, \u00bfverdad? Y la nena, como si entendiera cada palabra que su madre dijera, se cogi\u00f3 del barandal de la cuna, y se impuls\u00f3. El desesperado padre intent\u00f3 cogerla por temor a que se cayera de esa altura, pero su mujer lo detuvo, mientras la beba de casi un a\u00f1o se pusiera de cabeza, girara el cuerpecito, para con lentitud bajar poco a poco las piernas, hasta que sus pies tocaron el piso, y en una risa aguda corriera hacia sus padres. Ernesto entonces la tom\u00f3 en sus manos, y la levant\u00f3 por encima de su cabeza, devolvi\u00e9ndole la sonrisa. Pero qui\u00e9n es esta peque\u00f1a que es capaz de bajarse y corretear sin haber cumplido un a\u00f1o. Qui\u00e9n es esta beba, d\u00edgame usted. Martha se carcajeaba con esa su alegr\u00eda de beb\u00e9, mientras su madre respond\u00eda por ella. Es una ni\u00f1a que ha sido hecha con mucho amor. Ni que lo digas, impuso el padre, abrazando a su mujer, y cargando a su peque\u00f1a.<\/p>\n<p>Martha, ahora, a los doce a\u00f1os, conserva esas memorias, incluso las m\u00e1s m\u00ednimas formas de la voz, cada entonaci\u00f3n, cada rinc\u00f3n de aquella casa. Su devorar las palabras que iban llegando a sus o\u00eddos, sus paseos por el parque, sus visitas a los m\u00e9dicos, el aroma en la cocina de su madre. Las conversaciones, las siestas acostada en el pecho de pap\u00e1. Era natural que aquella noche cuando mataron a sus padres, no pudiera sac\u00e1rsela de la cabeza.<\/p>\n<p>Hab\u00eda sido un d\u00eda normal, lleno de risas, canciones de mam\u00e1, bromas de su padre desde la ma\u00f1ana. Ha intentado en todos estos a\u00f1os ir llenando los huecos. Los once a\u00f1os viviendo en casa de Silvia, la amiga m\u00e1s cercana de su madre, la compa\u00f1\u00eda de aquellos amigos que la acogieron como a una hermana m\u00e1s, le dieron forma a su personalidad, pero desde que era un feto se sab\u00eda diferente. Durante poco m\u00e1s de una d\u00e9cada hab\u00eda decidido no decir nada de lo que sab\u00eda, de lo que hab\u00eda escuchado, de lo que hab\u00eda olido, mirado, sentido. Recordaba, y tuvo la gracia y el poder para detener la acumulaci\u00f3n de recuerdos. Hoy Martha ten\u00eda fama por ser siempre distra\u00edda, por estar en las nubes, por tener bajo aprendizaje, poca concentraci\u00f3n en clases. Olvidaba las cosas m\u00e1s simples. Pero cuando ocurri\u00f3 aquel ataque, luego del asesinato de sus padres, se hab\u00eda propuesto no grabarse m\u00e1s memorias, no quer\u00eda que nada pudiera ocultar aquellos recuerdos que la consum\u00edan pero al mismo tiempo le daban aliento para la venganza.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, entre aquel beso tan prolongado de sus padres, luego de que le dieron aquella caricia arropadora de las buenas noches, los escuch\u00f3 como siempre tener uno de esos maratones sexuales, que desprend\u00edan florituras arom\u00e1ticas que se le met\u00edan por la nariz como un somn\u00edfero. Y entre los bufidos de su padre, los gemidos de mam\u00e1, el ladrido de los perros del vecindario y los gatos enloquecidos por sexo que corr\u00edan alrededor de la casa, se hab\u00eda quedado dormida, relajada tanto como su madre. Y una vez que Martha se dorm\u00eda, su poder sobre la sangre de pap\u00e1 iba perdiendo fuerza, y era la \u00fanica forma en que \u00e9l iba perdiendo la erecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Martha re\u00eda al recordar los coquetos ojos de su padre, y esa loca sonrisa en el rostro de mam\u00e1, ante cada erecci\u00f3n que su esposo le presum\u00eda. Todo era un acuerdo mutuo. \u00bfOtra vez? No estamos para desperdiciar, erecciones, cari\u00f1ito. Dec\u00eda pap\u00e1 mordi\u00e9ndole un pez\u00f3n, y haciendo salir un chisguete de leche. Creo que jam\u00e1s dejar\u00e9 de lactar si no dejas de cogerme y chuparme las tetas, amor m\u00edo. Qu\u00e9 desgracia, mujer, que lata de hombre tienes, \u00bfverdad? Ni que lo digas, y mam\u00e1 le hab\u00eda pegado con la mano en la entrepierna mientras arrancaba a correr hacia la rec\u00e1mara, riendo y gritando, seguida por su hombre que en el camino se iba quitando la ropa. No podr\u00e1s esconderte.<\/p>\n<p>Martha recuerda muy bien la hora. No hab\u00edan dado ni las doce de la noche. Supo reconocer los n\u00fameros apenas su madre se los fue nombrando con el reloj de la cocina. Y en los cubos de pl\u00e1stico que su padre hab\u00eda tra\u00eddo esa primera navidad, se aprendi\u00f3 la forma y nombre de cada uno. No hab\u00edan dado las doce de la noche, cuando Martha escuch\u00f3 pasos en el pasillo, por fuera de su habitaci\u00f3n. No sab\u00eda hablar, pero sab\u00eda que gritando pondr\u00eda en alerta a sus padres; pero algo la detuvo, tuvo miedo de las sombras. Eran m\u00e1s de una persona.<\/p>\n<p>Mientras Martha dorm\u00eda el sue\u00f1o con aquella placidez de ni\u00f1a amada, junto a ellos, en esa cuna que con tanto cuidado le hab\u00edan preparado; sinti\u00f3 en las narices un aroma nuevo, algo como de cobre mezclado con medicamentos. Ni a\u00fan ahora puede identificar bien el aroma, pero pudo reconocerlo en el hospital, su madre hab\u00eda quedado impregnada de aquel aroma que le causaba n\u00e1useas. Par\u00f3 las orejas, como un cachorro, y se puso boca abajo, para intentar levantarse ayudado de los barrotes de su cuna, cuando la puerta de su cuarto de abri\u00f3. Una figura negra hab\u00eda entrado, la mir\u00f3 y Martha pudo retener el color y la forma de los ojos. Era un hombre de piel blanca, jam\u00e1s lo podr\u00eda olvidar. Se llev\u00f3 un dedo a la boca y le escuch\u00f3 decir: Shhh, bebecita, vuelve a dormir.<\/p>\n<p>No supo cu\u00e1nto tiempo despu\u00e9s, pero el siguiente sonido fue un golpe seco, y el grito de su madre que fue apagado de manera inmediata. Escuch\u00f3 sus pataleos. La negra figura sali\u00f3 del cuarto y cerr\u00f3 la puerta. Escuch\u00f3 una voz decir: C\u00e1llate est\u00fapida, que nadie va a poder ayudarte. Y entonces la voz de su madre gritando Ernesto, Ernesto, el nombre de su padre desde aquella voz irreconocible de mam\u00e1, a\u00fan no la deja dormir. Martha pudo bajar de la cuna, como lo hab\u00eda hecho ya tantas veces, y camin\u00f3 hacia la puerta de su cuarto, que no supo c\u00f3mo abrir.<\/p>\n<p>Los olores de su madre empezaron a llegar hasta ella, pero esta vez hab\u00eda algo diferente, un aroma m\u00e1s picante comenz\u00f3 a molestarle, y entonces supo que los hombres igual que su padre, tendr\u00edan una enorme erecci\u00f3n por culpa de ella. Porque sab\u00eda que les impulsar\u00eda la sangre. Lo sab\u00eda ahora, a los doce a\u00f1os, cuando hab\u00eda podido hacer lo mismo con tantos otros chicos, haci\u00e9ndoles pasar verg\u00fcenza en el colegio, m\u00e1s cuando se acercaban a fastidiarla, o cuando se met\u00edan con sus hermanos, o con alguna amiga. Ella lograba moverles la sangre, y dirigirla hacia su pene, endureci\u00e9ndoselos, y los chicos no sab\u00edan c\u00f3mo controlarse. A los doce a\u00f1os sab\u00eda muy bien cu\u00e1l era el mecanismo en los hombres, y que era exactamente lo que ella pod\u00eda controlar. Y porqu\u00e9, por ejemplo no pod\u00eda controlar cualquier l\u00edquido, ten\u00eda que ver con la densidad, y la sangre, pose\u00eda las caracter\u00edsticas de viscosidad que le permit\u00edan a sus ondas cerebrales poder manipularlas.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o de edad eso no pod\u00eda saberlo, pero la angustia \u2013hoy est\u00e1 segura que esa fue la sensaci\u00f3n- la hicieron mover la sangre de esos hombres que tomaron a su madre, la golpearon; y mientras uno de ellos la agarraba de los brazos, la poseyeron por turnos. Despu\u00e9s de eyacular, el mayor de aquellos hombres, sinti\u00f3 que la erecci\u00f3n no ced\u00eda, y entonces al ver que ya hab\u00eda pasado su turno en el cuerpo de la mujer, tom\u00f3 el cuerpo moribundo de su padre, y tambi\u00e9n lo penetr\u00f3. Hoy Martha puede saber lo que significaron aquellas palabras.<\/p>\n<p>\u00bfPero qu\u00e9 diablos haces, est\u00e1s enfermo, eres un maldito enfermo hijo de puta?<\/p>\n<p>No puedo detenerme, y t\u00fa tienes a la perra para ti.<\/p>\n<p>Durante poco m\u00e1s de diez a\u00f1os Martha hab\u00eda reprimido los sentimientos, las memorias. Nadie abri\u00f3 la puerta, durante todo lo ocurrido. Y no fue sino hasta la ma\u00f1ana siguiente, cuando Silvia, la amiga de sus padres, la vecina, \u00a0hab\u00eda entrado, junto con la polic\u00eda a la casa. El padre de Martha no hab\u00eda llegado a trabajar, y de la oficina no paraban las llamadas, los mensajes, los correos electr\u00f3nicos. Adem\u00e1s, su madre no hab\u00eda salido por las botellas de leche ni por el peri\u00f3dico que se quedaron en la puerta, y el autom\u00f3vil estaba igual ah\u00ed aparcado.<\/p>\n<p>Silvia, la amiga de M\u00f3nica, y vecina, sab\u00eda que siempre al salir o volver de correr ve\u00eda a Ernesto o a la madre de Martha, y al no verlos en esta ocasi\u00f3n, se acerc\u00f3 a la casa, toc\u00f3 el timbre sin respuesta. Volvi\u00f3 a su casa, llam\u00f3 por tel\u00e9fono. Cogi\u00f3 el m\u00f3vil, y regres\u00f3 a pasearse por la casa, timbrando y mirando hacia adentro hasta que por una ventana, le pareci\u00f3 ver algo cerca de la escalera. Llam\u00f3 a la polic\u00eda. Ellos igual miraron lo que parec\u00eda un cuerpo en la segunda planta, y escucharon el llanto de Martha. Silvia sinti\u00f3 que la cara y la piel le ard\u00edan, y un nerviosismo se apoder\u00f3 de su cuerpo. Martha, encerrada en la habitaci\u00f3n se hab\u00eda quedado dormida luego de que todo hab\u00eda pasado, y no fue sino hasta que oy\u00f3 una voz femenina diciendo el nombre de su madre que comenz\u00f3 a llorar muy fuerte. Era la voz de Silvia.<\/p>\n<p>Cuando Silvia abri\u00f3 la puerta de su cuarto, y corri\u00f3 hacia ella para levantarla e intentar calmar su llanto, Martha supo que todo estaba mal. Ya no escuchaba el coraz\u00f3n de sus padres, ya no sent\u00eda esa energ\u00eda que antes inundaba la casa. Hoy, a los doce a\u00f1os, y mientras caminaba con Silvia por el supermercado, le pareci\u00f3 volver a sentir ese aroma, que la llevo diez a\u00f1os atr\u00e1s y volvi\u00f3 a verse en los brazos de Silvia, llorando, gritando, e intentando encontrar a sus padres. Pero Silvia, peg\u00f3 su cabeza a su pecho, para protegerla de la imagen, pero la memoria de Martha era demasiado libre como para no escapar; y algo que ella ha sabido llamar su memoria pudo volar por la casa y reconocer el cuerpo sin vida de su madre, y ese olor espantoso que hab\u00eda cubierto su dulzura, y meterse hacia el cuarto para mirar el cuerpo ensangrentado de su padre, con un corte en el pecho y el rostro, producto del machetazo que le hab\u00edan asestado cuando estaba dormido junto a su esposa.<\/p>\n<p>En el pasillo de ese s\u00faper mercado todo vino a su memoria de nuevo, todo se hab\u00eda vuelto a abrir, como si se abriera la tumba de sus padres, sus sonrisas luminosas, rasgadas por ese tufo, porque ese olor ahora estaba ah\u00ed, en el s\u00faper mercado, y entonces Martha solt\u00f3 la mano de Silvia, camin\u00f3 por los pasillos siguiendo ese aroma, que tanto tiempo hab\u00eda guardado en la memoria, y pudo darse cuenta por qu\u00e9 hab\u00eda decidido no almacenar m\u00e1s recuerdos; era precisamente para que no pudieran opacar lo que hoy estaba recordando, aquella memoria olfativa que la estaba conduciendo. Y Martha decidi\u00f3 dejar de controlarse, e hizo que el poder de su mente comenzar\u00e1 a agitar la sangre de todos los que estaban 20 metros a su alrededor, y las chicas, los chicos, las mujeres, los hombres, todos comenzaron a sentir esa urgencia sexual, que Martha sab\u00eda provocar, porque buscaba que agitando la sangre de todos, pod\u00eda hacer expulsar el aroma interno que tanto la estaba molestando. Y fue cuando lo vio.<\/p>\n<p>Ah\u00ed estaba, detr\u00e1s de los refrigeradores de las carnes fr\u00edas; el hombre, metido en un delantal blanco, bland\u00eda un enorme cuchillo, que iba raspando sobre una vara de metal, para sacarle filo. Martha caminaba hacia \u00e9l, mientras las parejas a su alrededor, comenzaban a besarse entre s\u00ed. Y las personas que no ten\u00eda pareja, corr\u00edan en busca de quien quisiera hacerle frente a su sexualidad. Los cuerpos iban ardiendo, mientras Martha caminaba hacia el mostrador, con sus zapatitos y sus calcetas altas, aun en su uniforme de ni\u00f1a de secundaria.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 al hombre, y supo que era \u00e9l. Aquellos mismos ojos, aquel dedo dici\u00e9ndole que se callara, que no hiciera ruido, y el olor tan penetrante, nauseabundo, como de cobre y medicamentos, como de orines, como de \u00e1cido \u00farico, como de huevo podrido, como de metales, le iban rasgando la nariz, sacando de sus adentros aquel rencor que crey\u00f3 dormido pero que ahora despertaba con toda su fuerza y determinaci\u00f3n. Martha puso toda su concentraci\u00f3n, una concentraci\u00f3n que llevaba practicando durante diez a\u00f1os, la puso en la sangre de aquel hombre, que entonces la mir\u00f3, y Martha le hizo recordar aquella bebita, de pie en la cuna, y aquel suceso todo, que pensaba que nadie m\u00e1s que su compa\u00f1ero, muerto ya, habr\u00eda podido recordar.<\/p>\n<p>Y el hombre supo que aquella ni\u00f1a en uniforme de secundaria que ahora ven\u00eda por el pasillo hacia \u00e9l, era la misma de la cuna. Pudo reconocer esos hambrientos ojos de la desesperanza, y comenz\u00f3 a sentir que se le elevaba la temperatura, que el calor iba subiendo por todo su cuerpo, quem\u00e1ndole por dentro, y busc\u00f3 gritar, quiso correr, pero estaba hipnotizado por los ojos de aquella peque\u00f1a que caminaba justo hacia \u00e9l, y la sangre comenz\u00f3 a salir por sus orejas, por sus fosas nasales, y por sus ojos que comenzaron a hincharse. Sangre y humo empezaron a aparecer por los poros de su piel y el calor era insoportable mientras m\u00e1s cerca se encontraba la chica.<\/p>\n<p>Alrededor de Martha mujeres y hombres se quitaban la ropa, y comenzaban a lamerse, a penetrarse, presas todos de una excitaci\u00f3n que no pod\u00edan apagar, por lo que Silvia, que igual se hab\u00eda encendido, busco despertarse de aquella sensaci\u00f3n que le mojaba la vulva y comenz\u00f3 a buscar a su peque\u00f1a Martha, mientras tomaba a uno de sus hijos del brazo, porque el otro, el mayorcito, ya se estaba besoteando con una chica de la escuela que tambi\u00e9n estaba en el s\u00faper mercado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Tambi\u00e9n te puede interesar:<\/strong><\/p>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"Lf3N1N76PQ\"><p><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento\/cuento-yucateco-testimonial-de-polvo-del-escritor-adan-echeverria\/\">Cuento | Testimonial de polvo, por Ad\u00e1n Echeverr\u00eda<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" title=\"&#8220;Cuento | Testimonial de polvo, por Ad\u00e1n Echeverr\u00eda&#8221; &#8212; V\u00e9rtice\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento\/cuento-yucateco-testimonial-de-polvo-del-escritor-adan-echeverria\/embed\/#?secret=1U2zBnKAF0#?secret=Lf3N1N76PQ\" data-secret=\"Lf3N1N76PQ\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">****<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1132 alignleft\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w.jpg\" sizes=\"auto, (max-width: 125px) 100vw, 125px\" srcset=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w.jpg 650w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w-300x300.jpg 300w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w-600x600.jpg 600w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w-100x100.jpg 100w\" alt=\"Minificciones\" width=\"125\" height=\"125\" \/><\/a>Ad\u00e1n Echeverr\u00eda<\/strong>. M\u00e9rida, Yucat\u00e1n, (1975). Profesor Investigador CISEAN-UANE. Doctor en Ciencias del Mar. Editor, columnista, poeta y narrador. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodr\u00edguez Cirerol (2011), Becario del FONCA, J\u00f3venes Creadores, en Novela (2005-2006). Sus libros m\u00e1s recientes: en poes\u00eda Ciudad abierta (2019), en cuento Tutlefem\/Lerotic (ITCA 2020), en novela El corredor de las ninfas (2017). 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