{"id":1238,"date":"2021-08-15T10:59:24","date_gmt":"2021-08-15T15:59:24","guid":{"rendered":"https:\/\/vertice.grupopiramide.com.mx\/?p=1238"},"modified":"2021-08-15T10:59:24","modified_gmt":"2021-08-15T15:59:24","slug":"narrativa-triptico-de-ojos-un-cuento-del-escritor-yucateco-adan-echeverria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento\/narrativa-triptico-de-ojos-un-cuento-del-escritor-yucateco-adan-echeverria\/","title":{"rendered":"Cuento | Tr\u00edptico de ojos, de Ad\u00e1n Echeverr\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/cuento-adan.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-1240 size-full\" title=\"Tr\u00edptico\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/cuento-adan.jpeg\" alt=\"Tr\u00edptico\" width=\"800\" height=\"533\" srcset=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/cuento-adan.jpeg 800w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/cuento-adan-768x512.jpeg 768w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/cuento-adan-600x400.jpeg 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Tr\u00edptico de ojos<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Por Ad\u00e1n Echeverr\u00eda<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Atr\u00e1s han quedado los cotos de caza, desocupados a\u00fan. Ya no hay m\u00e1s carretera, la l\u00ednea gris en que hab\u00eda depositado la mirada se ha vuelto este polvoriento camino de arenas, con yerba a los costados y en el centro. Hemos entrado quiz\u00e1 demasiado r\u00e1pido en el recorrido de las dunas, ya se ve el faro de El Palmar. Las entradas al humedal marcadas por letreros que van desde el No tirar basura, Prohibido cazar, hasta Zona de Cacer\u00eda permitida nos van saludando marcialmente. Los dos estamos fumando para espantarnos un poco los moscos.<\/p>\n<p>Fabi\u00e1n me llam\u00f3 a las once de la noche para pedirme el favor de acompa\u00f1arlo. Yo estaba en casa de Leticia, saboreando el sudor persistente de su carne. No pod\u00eda negarme; lo hab\u00eda dejado claro.<\/p>\n<p>\u2014Me la debes Alejandro.<\/p>\n<p>Conoc\u00ed a Fabi\u00e1n dentro de las ci\u00e9nagas, me ayud\u00f3 a evitar que me detuviera la guardia forestal pues hab\u00eda salido de cacer\u00eda sin permisos y cobr\u00e9 varias especies protegidas.<\/p>\n<p>Las manos duras y el cuerpo el\u00e1stico de ese hombre no me permitieron confiar desde el principio. Fue el encanto que tiene al expresarse, el movimiento en los ojos, las risas y albures de su pensamiento \u00e1gil. Era el centro de atenci\u00f3n de los que lo acompa\u00f1aban. Esbelto, chaparro, pero con los m\u00fasculos exactos que le hacen verse m\u00e1s ligero de lo que en verdad es; sab\u00eda ganarse la atenci\u00f3n de los dem\u00e1s, esas fingidas amistades que siempre percibo en otros, pero por las que jam\u00e1s me he dejado arrastrar. Ahora que lo he mirado violentarse, reconozco esa mirada endurecida cada que se topaba con un silencio. Siempre estaba sobre los dem\u00e1s, reconociendo sus gestos, arqueando las cejas y tensando los m\u00fasculos cuando alguien al fin lograba ganarle un juego de palabras:<\/p>\n<p>\u2014Ora s\u00ed ca\u00edste, putito \u2014dijo Carlos y Fabi\u00e1n sonri\u00f3, mientras sus ojos parec\u00edan arrancarle la piel. Su humor desapareci\u00f3 una fracci\u00f3n de segundos. Al recordar, lo hago cuadro por cuadro, los signos de su furia ah\u00ed estaban. No deb\u00ed venir, deb\u00ed negarme a acompa\u00f1arlo, fingir cualquier cosa. No quise darme cuenta. No pude preverlo. M\u00e1s bien, no ten\u00eda oportunidad de zafarme de su invitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La madrugada cuando lo conoc\u00ed su grupo de cacer\u00eda hab\u00eda ganado el chuk que los gu\u00edas que contrat\u00e9 monitorearon desde la tarde anterior. Por eso quer\u00edan, a punta de escopeta, competir por recuperarlo. Los compa\u00f1eros de Fabi\u00e1n no estaban dispuestos a irse, y nos hicimos de palabras. Nunca he sido adicto a la violencia, menos cuando me muevo en la ilegalidad, no hay que llamar demasiado la atenci\u00f3n. Me gusta ir de cacer\u00eda, sin aspavientos, jam\u00e1s respeto las reglas del juego, sobre todo cuando puede costar muchos pesos; por eso no permit\u00ed la ri\u00f1a, prefer\u00ed retirarme. A disgusto de sus compa\u00f1eros, Fabi\u00e1n me pidi\u00f3 que me quedara.<\/p>\n<p>\u2014Hay lugar para uno m\u00e1s, no hagas caso a estos cabrones. Qu\u00e9date. Me gustan los hombres que no les tiembla la mano. \u2014Carlos mir\u00f3 a mi reciente amigo, y dispar\u00f3 hacia las cercetas que cruzaron tras de m\u00ed. No me mov\u00ed, miraba de frente a Fabi\u00e1n, y su rostro de sorpresa me arranc\u00f3 la sonrisa.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda la jornada no estuvo mal. Cobr\u00e9 m\u00e1s de dos veces las aves permitidas: cercetas, gallinolas, patos mayores. Cuando nos cay\u00f3 la guardia forestal, Fabi\u00e1n entreg\u00f3 el n\u00famero de cintillos suficientes que ampararan su cacer\u00eda y la m\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Viene conmigo\u2014 dijo, y no me solicitaron la licencia de caza, que por supuesto no ten\u00eda.<\/p>\n<p>Nos hicimos compa\u00f1eros para el campo. Comenc\u00e9 a verlo seguido, yo hab\u00eda doblado la guardia. \u00cdbamos de cacer\u00eda haciendo bromas sobre las mujeres y las conquistas. Confi\u00e9 en \u00e9l, y dej\u00e9 crecer la calidez entre nosotros. Hablamos de los fracasos de ambos, de las p\u00e9rdidas y del miedo. La cacer\u00eda se hizo m\u00e1s humana.<\/p>\n<p>Mientras esper\u00e1bamos la luz del sol, flotando sobre los cincuenta cent\u00edmetros de profundidad de agua ambarina, Fabi\u00e1n habl\u00f3 de su reciente matrimonio. Yo, de mi paso fugaz por las mujeres. \u00c9l hab\u00eda despilfarrado los a\u00f1os, y a sus cuarenta (once a\u00f1os m\u00e1s que yo) pens\u00f3 en sentar cabeza, al menos, as\u00ed lo har\u00eda parecer para la sociedad en que se desenvolv\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Hay cosas que no se puede evitar \u2014aclar\u00f3 mientras encend\u00eda un cigarro, con la sonrisa sincera; signos de una amistad que yo no buscaba pero que tampoco quise evitar\u2014 no te negar\u00e9 las canitas al aire. Pero hay que dar a la gente lo que quiere. Ella est\u00e1 feliz en casa, en espera que un cr\u00edo la marque socialmente. Yo puedo distraerme en lo que quiera, sin que me moleste. Mientras no le niegue nada, ella lo permite todo.<\/p>\n<p>Subimos los escalones hacia la cima del faro. Las piernas se hacen cada vez m\u00e1s pesadas. \u00c9l va adelante, su decisi\u00f3n ha endurecido los m\u00fasculos, y su piel tiene un brillo, por la sudoraci\u00f3n abundante. Subo con lentitud, quisiera prolongar el momento. La humedad y la cal con que han recubierto las paredes de los escalones me hacen estornudar.<\/p>\n<p>Fabi\u00e1n tiene una cicatriz en la frente que le cruza el rostro hasta la sien derecha. En ocasiones, cuando la luz del sol apenas asomaba entre los mangles y el agua de la ci\u00e9naga s\u00f3lo es una alfombra color durazno, en esa bruma matutina, el rostro de Fabi\u00e1n me hac\u00eda estar precavido, era como una m\u00e1scara para el d\u00eda de muertos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Esto! \u2014se\u00f1al\u00f3 su frente descubriendo mi morbo \u2014Un cocodrilo sali\u00f3 del agua, y echamos a correr. Ca\u00ed sobre una rama antes que un compa acertara su disparo. Estuvo as\u00ed de cerca.<\/p>\n<p>Con ayuda de un spotlight hemos encontrado desde la altura del faro, el sitio donde Carlos dej\u00f3 su camioneta aparcada, ahora vamos a su encuentro. Duna tras duna, el grito de las garzas que levantan el vuelo con el sonido del motor incendia mi fe en la naturaleza. Ah\u00ed nos esperar\u00eda, seg\u00fan Fabi\u00e1n, que se ve\u00eda bastante excitado, sonre\u00eda tal vez demasiado, y eso me pon\u00eda nervioso.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 por m\u00ed quince minutos luego de colgar el tel\u00e9fono. Me prest\u00f3 ropa, y accesorios; hab\u00eda llevado a cenar a Leticia y me qued\u00e9 con ella. Fabi\u00e1n no quer\u00eda perder el tiempo en permitirme ir a mi casa por mis cosas. Ya en carretera me ofreci\u00f3 cerveza. La beb\u00ed de golpe, fum\u00e9 un cigarro y no quise beber m\u00e1s. Estaba enojado por haber accedido a acompa\u00f1arlo as\u00ed de improviso.<\/p>\n<p>\u2014Me la debes, Alejandro \u2014deb\u00ed mandarlo a la chingada.<\/p>\n<p>Empez\u00f3 a hablarme de Carlos. Yo lo recordaba poco, de esa vez cuando Fabi\u00e1n me ayud\u00f3. Pero nunca lo volv\u00ed a ver, y no recuerdo que \u00e9l lo mencionara demasiado. Ahora cazar\u00edamos los tres. Uno debe cazar con sus propias armas, pero hoy tendr\u00e9 que usar las de Fabi\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014Pinche Carlitos, nunca ha podido conmigo, y esc\u00fachalo bien, jam\u00e1s podr\u00e1.<\/p>\n<p>Yo escuchaba el rugido del motor de la camioneta 4 x 4, y buscaba que el viento me golpeara el rostro, tener un poco de frescura, sudaba por el calor de esa noche, calor artero, y por el recuerdo de la desnudez de mi Leticia, sus exquisitas piernas.<\/p>\n<p>Parqueamos la camioneta junto a la de Carlos. Estaba solo. Lo supe por las huellas en el fango. Iremos hacia \u00e9l en otro alijo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">2.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando uno es cazador suceden dos cosas en cuesti\u00f3n de mujeres: que se acostumbren a tus largas ausencias o que te acompa\u00f1en en las aventuras. Se emocionan y te acompa\u00f1an al principio, pero cuando entienden que, durante la temporada de cacer\u00eda, uno tiene que estar de jueves a domingo en el monte, en los humedales, dejan de disfrutarlo. Todo es coger un poco con ellas y largarse a la espera, bajo las hojas de mangle, con las botas moj\u00e1ndose, y la ropa enlodada. Ellas se quedan enojadas, buscando olvidarnos.<\/p>\n<p>Cuando el tel\u00e9fono me hizo dejar el cuerpo de Leticia, no pude negarme a acompa\u00f1arlo. Colgu\u00e9 y ya nada pudo decidirme al orgasmo. Me qued\u00e9 disfrutando, sosamente de mi novia, acariciarle el cabello, tan largo, mientras pensaba en la voz de Fabi\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014Lo siento\u2014 alcanc\u00e9 a decir mientras perd\u00eda la erecci\u00f3n. Y ella se recost\u00f3 sobre mi pecho. Se levant\u00f3 y arrastrando la desnudez, goteando el sudor sobre el suelo, marcando en sus huellas el calor que iba cediendo, se alej\u00f3 hacia el tocador. Se sent\u00f3 en el taburete, de frente al espejo y comenz\u00f3 a peinarse los cabellos.<\/p>\n<p>Encend\u00ed un cigarro e intent\u00e9 no pensar en ella. Pero Leticia vino a m\u00ed desde esa calle donde nos cruzamos. Donde casi la arroll\u00e9 con el jeep. Dej\u00f3 caer las cosas que cargaba por el susto, y me baj\u00e9 a ayudarla. Yo vest\u00eda mi ropa de campo, camuflajeada hasta la gorra.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s bien? \u2014se hab\u00eda llevado las manos a la boca. Le invit\u00e9 a subir al jeep y la llev\u00e9 a su casa\u2014 Me quedar\u00e9 un rato hasta que se sienta bien.<\/p>\n<p>Nos vimos despu\u00e9s hasta volvernos cari\u00f1osos, sin sentimentalismos de por medio. Han pasado seis meses. Me he acostumbrado al movimiento de su cuerpo durante el orgasmo. Pienso que quiz\u00e1 no pueda alejarme ya de esta mujer. A pesar de sus constantes silencios cuando me voy de cacer\u00eda. Siempre que regreso y le hablo, me permite ir a su casa a pasar la noche bebiendo el sudor de su piel.<\/p>\n<p>Horas despu\u00e9s, sigo pensando en ella, tratando de rumiar el enojo. Ella y las preguntas constantes, el silencio imaginario de su alma. Escucha mis aventuras sin \u00e1nimo, no comparte el amor por la cacer\u00eda, ni por la persecuci\u00f3n de adrenalina, su silencio era un triunfo para su car\u00e1cter.<\/p>\n<p>Sentada en el taburete del tocador, ella volte\u00f3 hacia m\u00ed. Sus peque\u00f1os pechos respingados, el costillar midiendo su respiraci\u00f3n, la vellosidad humedecida del pubis.<\/p>\n<p>\u2014Hoy no quiero que vayas&#8230;<\/p>\n<p>No quise contestar. Di una chupada larga al cigarrillo.<\/p>\n<p>Ella encendi\u00f3 el propio y baj\u00f3 la vista para mirarme las piernas, mientras yo me levantaba de la cama para ir hacia el ba\u00f1o&#8230;<\/p>\n<p>\u2014O quiz\u00e1 sea mejor que no regreses&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando Fabi\u00e1n termin\u00f3 la oraci\u00f3n, arrastr\u00f3 la letra r como un presagio que se elev\u00f3 al viento, y fue qued\u00e1ndose detr\u00e1s de la camioneta, junto al pensamiento de Leticia; y haci\u00e9ndolo a un lado. No deb\u00ed haber aceptado acompa\u00f1arlo.<\/p>\n<p>\u2014Lo voy a matar. \u2014y sosten\u00eda la sonrisa hacia m\u00ed, yo dejaba que el aire me acomodara los o\u00eddos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 dices? \u2014En ese momento supe que deb\u00eda prestarle atenci\u00f3n; regres\u00e9 el cassette de mi subconsciente, para intentar recordar las palabras que hab\u00eda estado pronunciando mientras manejaba; dej\u00e9 de pensar en las posibilidades amatorias que ten\u00eda en puerta. Quer\u00eda imaginarme al lado de Leticia, y las sombras de mi soledad me gritaban al o\u00eddo que nunca se acostumbrar\u00eda. No est\u00e1s hecho para vivir en pareja, lo tuyo es la soledad, la espera, el vivir entre lodo, yerba, sol, lluvia, eres una bestia acostumbrada a la libertad. Entre los pensamientos recuper\u00e9 algunas frases del hombre que manejaba: Es necesario \u00bfno lo crees? En ocasiones esta gente merece un escarmiento. Bebe un poco. Leticia y sus humores, esos olores que me cubren la piel durante d\u00edas enteros, y nada, con la brisa, solo moscos y sonidos nocturnos. Me empin\u00e9 la botella de whisky, el sabor me rasp\u00f3 la garganta y me volvi\u00f3 a la vida. Ten\u00eda que estar alerta.<\/p>\n<p>Leticia fue disolvi\u00e9ndose en la bruma. Las estrellas quietas en el cielo. No hay viento. Las cigarras hacen estallar sus ruidos, empuj\u00e1ndolos hasta el o\u00eddo.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfMe traes para que sea testigo? \u00bfQu\u00e9 te hizo?<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfAcaso la muerte debe tener razones? Si lo encuentro se lo lleva la chingada, ni hablar. Es un par\u00e1sito.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfY yo que tengo que ver?<\/p>\n<p>\u2014 Me lo debes.<\/p>\n<p>\u2014 Me ayudaste con la chota; \u00bfqu\u00e9 cosa te debo?<\/p>\n<p>\u2014 Me debes la emoci\u00f3n. (Hizo una pausa cargada de una mueca idiota) Esto te encantar\u00e1. No quer\u00eda que te lo perdieras. \u2014re\u00eda, el muy est\u00fapido.<\/p>\n<p>Lo supe en su mirada, en sus movimientos. Nada har\u00eda que se echara para atr\u00e1s. Las armas son de \u00e9l, y s\u00f3lo \u00e9l sabe si est\u00e1n cargadas. Es m\u00e1s fuerte que yo, y por mucho. Ante cualquier intento de mi parte, me acabar\u00eda sometiendo. En su cara quedaron marcadas las formas de la violencia. Esa cicatriz. La luna es una moneda gigante tirada al aire que se qued\u00f3 pegada al firmamento, y el azar tiene mi vida en vilo. \u00c9l maneja las escopetas y carga el malet\u00edn con la caja de tiros.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfSer\u00e1 un accidente de caza?<\/p>\n<p>\u2014 No comas ansias, Alejandro.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfTe traicion\u00f3 en los negocios?<\/p>\n<p>\u2014 Velo como parte de la diversi\u00f3n. \u2014La marca que le cruza la frente se arruga y alisa, como si estuviera habl\u00e1ndome.<\/p>\n<p>Al bajar la nevera, unas gotas de sangre me embarran las botas. Fabi\u00e1n me pone la escopeta sobre el cuello.<\/p>\n<p>\u2014 \u00c1brela \u2014En el interior est\u00e1 la cabeza de una mujer dentro de una bolsa de pl\u00e1stico; pedazos de carne humana, bajo de algunas cervezas. Retrocedo\u2014 \u00a1Vamos, bebe una! \u2014La destapo y bebo de un golpe todo el contenido. El viento que hab\u00eda comenzado a soplar, de nuevo se apaga. No se mueve ni una hoja. Los moscos arrecian. La luna me arranca la sombra y la estira hacia el agua de la laguna costera.<\/p>\n<p>Me ordena subir la nevera al alijo. Me da los remos y me pide navegar sobre las aguas oscuras del humedal. Puedo escuchar los aleteos de las cercetas que pasan a mi lado, el chapoteo de los peces que se alejan de nosotros. El chirriar de las cigarras. El eco de los disparos, a lo lejos, es el punto al que nos dirigimos.<\/p>\n<p>Fabi\u00e1n tiene su l\u00e1mpara de cazador apagada. No hay viento. Arrecia el calor por el nerviosismo de tenerlo de frente empu\u00f1ando la escopeta. Carlos tiene su luz encendida. La mueve y sin saberlo nos se\u00f1ala el camino. Fabi\u00e1n me explica lo dif\u00edcil que ser\u00e1 ser considerado persona de credibilidad, por vivir en la ilegalidad constante. Soy su coartada. Estoy con \u00e9l en esto, aunque yo no quiera. Deb\u00ed tramitar mi maldita licencia de caza.<\/p>\n<p>\u2014A esta pendeja le romp\u00ed el cuello. \u2014patea la nevera mientras bebe\u2014 Es hora de arreglar cuentas con Carlos. \u2014\u00bfDebe importarme? Las piernas de Leticia apret\u00e1ndome las caderas. Es rico llegarle al fondo. \u201cO quiz\u00e1 sea mejor que no regreses\u201d. \u00bfA d\u00f3nde huir? Esto es en verdad la soledad.<\/p>\n<p>\u2014Quita esa cara de espanto. S\u00f3lo es otro d\u00eda m\u00e1s de cacer\u00eda.<\/p>\n<p>Giro el alijo para llegar por la espalda a la silueta de Carlos que una luna tenue nos permite advertir, Fabi\u00e1n se agazapa, hago lo mismo. Le llegamos por atr\u00e1s en silencio.<\/p>\n<p>Dejamos que el impulso del \u00faltimo remazo nos acerque a la sombra de la presa. Fabi\u00e1n salta al agua, mientras levanta la escopeta y suelta el primer disparo que le atina en la pierna. No hubo aviso alguno. El rostro de Carlos no me conmueve. Nada tiene sentido. Las aves se levantan hacia todos lados. Una regla dice: Jam\u00e1s salgas al campo solo, Carlos debi\u00f3 saberlo.<\/p>\n<p>\u2014Grita todo lo que quieras. \u2014Fabi\u00e1n r\u00ede\u2014 \u00bfQui\u00e9n tiene la \u00faltima palabra ahora, eh, putito, eh, putito?<\/p>\n<p>La sangre se vierte sobre los cad\u00e1veres de las aves que Carlos hab\u00eda cazado. La poca corriente hace que la barcaza oscile lentamente en su flotaci\u00f3n. El rostro de Carlos muestra los signos de una borrachera apenas comenzada. Los mocos y las l\u00e1grimas se pierden en el agua pantanosa que le ha pringado el rostro. Grita, grita tanto que no logro escuchar nada, sus gritos han saturado mis o\u00eddos.<\/p>\n<p>\u2014Vamos hasta el cenote. \u2014me ordena Fabi\u00e1n.<\/p>\n<p>Al fondo del humedal, por la zona del faro, hay un cenote donde acostumbr\u00e1bamos a ir a pescar s\u00e1balos. Es una garganta de la tierra, no tiene fondo, o si lo tiene sobrepasar\u00e1 la media centena de metros. Fabi\u00e1n enreda una soga a las piernas de Carlos. No est\u00e1 muerto, pero sus ojos han enloquecido. La mordaza le impide gritar por el terror cercano de la muerte.<\/p>\n<p>\u2014 No que muy machito. \u00bfQui\u00e9n es el ching\u00f3n ahora? Como te gustaba mi vieja, te la vas a llevar contigo. \u2014Con la misma cinta adhesiva con que le he cerrado la boca, amarra la nevera con los restos de la mujer en su interior al torso y brazos de Carlos. Son varios los objetos del contrapeso: la nevera, las armas y la caja de municiones de Carlos. Servir\u00e1n como plomada para enviar los dos cuerpos hacia abajo.<\/p>\n<p>La camioneta de Carlos ha quedado abandonada en el sitio en el que la dej\u00f3. Pasar\u00e1n al menos dos d\u00edas para que vengan a verla y comiencen a preguntar \u00bfqu\u00e9 ha sucedido? Fabi\u00e1n hab\u00eda dejado la casa de su esposa hac\u00eda dos semanas. Esta noche ella y Carlos \u201cvendr\u00edan de cacer\u00eda juntos\u201d. Sorprendi\u00f3 a la mujer prepar\u00e1ndose.<\/p>\n<p>\u2014 Esta zona est\u00e1 plagada de cocodrilos. Las distracciones pasan. No se debe ir solo de cacer\u00eda, una regla es una regla.<\/p>\n<p>Cuatro treinta de la ma\u00f1ana. Nos detenemos en otro indicadero de caza, hay otras camionetas. Fabi\u00e1n se baja. Lo saludan los cazadores que se preparan para entrar al humedal.<\/p>\n<p>\u2014Cre\u00edmos que no vendr\u00edas\u2014 se acercan a saludar.<\/p>\n<p>\u2014Quieres una cerveza\u2014 dice uno de los hombres. Agarro una lata con la mano temblorosa a\u00fan. Las piernas de Leticia y el largo silencio de despedida pasean por mis labios, se atoran en mi garganta, me pican en la lengua. Fabi\u00e1n sonr\u00ede y platica animado, es el mismo de siempre, atrayendo la conversaci\u00f3n. Comienza a amanecer y, a lo lejos, puedo ver la luz del faro de El Palmar, dentro de esta bruma que se extingue. Leticia se recoge el cabello y sin voltear a verme deja salir las \u00faltimas palabras: \u201cNo quiero volver a verte\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Tambi\u00e9n te puede interesar:<\/strong><\/p>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"u2ycBM2hv4\"><p><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento\/narrativa-todo-de-blanco-cuento-del-escritor-yucateco-adan-echeverria\/\">Cuento | Todo de blanco, por Ad\u00e1n Echeverr\u00eda<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" title=\"&#8220;Cuento | Todo de blanco, por Ad\u00e1n Echeverr\u00eda&#8221; &#8212; V\u00e9rtice\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/cuento\/narrativa-todo-de-blanco-cuento-del-escritor-yucateco-adan-echeverria\/embed\/#?secret=Y5T7tSFReY#?secret=u2ycBM2hv4\" data-secret=\"u2ycBM2hv4\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">****<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1132 alignleft\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w.jpg\" sizes=\"auto, (max-width: 125px) 100vw, 125px\" srcset=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w.jpg 650w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w-300x300.jpg 300w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w-600x600.jpg 600w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w-100x100.jpg 100w\" alt=\"Minificciones\" width=\"125\" height=\"125\" \/><\/a>Ad\u00e1n Echeverr\u00eda<\/strong>. M\u00e9rida, Yucat\u00e1n, (1975). Profesor Investigador CISEAN-UANE. Doctor en Ciencias del Mar. Editor, columnista, poeta y narrador. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodr\u00edguez Cirerol (2011), Becario del FONCA, J\u00f3venes Creadores, en Novela (2005-2006). Sus libros m\u00e1s recientes: en poes\u00eda Ciudad abierta (2019), en cuento Tutlefem\/Lerotic (ITCA 2020), en novela El corredor de las ninfas (2017). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabi\u00e1n (2014).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Tr\u00edptico de ojos &nbsp; Por Ad\u00e1n Echeverr\u00eda &nbsp; &nbsp; Atr\u00e1s han quedado los cotos de caza, desocupados a\u00fan. 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