{"id":1234,"date":"2021-08-07T16:10:01","date_gmt":"2021-08-07T21:10:01","guid":{"rendered":"https:\/\/vertice.grupopiramide.com.mx\/?p=1234"},"modified":"2021-08-07T16:11:46","modified_gmt":"2021-08-07T21:11:46","slug":"ensayo-sobre-cuentos-de-juan-carlos-onetti-por-adan-echeverria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/ensayo\/ensayo-sobre-cuentos-de-juan-carlos-onetti-por-adan-echeverria\/","title":{"rendered":"Ensayo | Vidas sin salida en los cuentos de Juan Carlos Onetti, por Ad\u00e1n Echeverr\u00eda"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_1235\" aria-describedby=\"caption-attachment-1235\" style=\"width: 523px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/onetti_juan_carlos.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1235\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/onetti_juan_carlos.jpg\" alt=\"Onetti\" width=\"523\" height=\"401\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-1235\" class=\"wp-caption-text\">Foto: Juan Carlos Onetti.<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Vidas sin salida en los cuentos de Juan Carlos Onetti<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Ad\u00e1n Echeverr\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">\u201clos h\u00e9roes de Onetti eran los m\u00e1s pac\u00edficos,<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">los m\u00e1s perezosos, los m\u00e1s in\u00fatiles del mundo.\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Antonio Mu\u00f1oz Molina<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEntre <strong>Borges<\/strong> y <strong>Cort\u00e1zar<\/strong>, entre ambas generaciones, hay que situar<strong> la obra de Onetti<\/strong>\u201d ha escrito el poeta <strong>Joaqu\u00edn Marco<\/strong> (Barcelona, 1935-2020). Coincido en parte con \u00e9l; y es que en este tr\u00edo de cuentistas sudamericanos cada quien establecer\u00e1 su propia idea de qui\u00e9n ocupa cada lugar seg\u00fan sugieran sus gustos. Algunos enlistar\u00e1n Borges-Onetti-Cort\u00e1zar, y otros muchos cambiar\u00e1n el orden, dejando a Cort\u00e1zar en segundo lugar. Habr\u00e1 quienes decidan meter a <strong>Quiroga<\/strong>, o a <strong>Felisberto<\/strong> o quiz\u00e1 se atrevan con <strong>Donoso<\/strong>. Y existir\u00e1n los muy exquisitos que incluso se\u00f1alen que en los primeros sitios de la cuent\u00edstica sudamericana no se puede dejar de lado ni a <strong>Lispector<\/strong> ni a <strong>Ocampo<\/strong>, ni a Ribeyro y tampoco a <strong>Juan Emar<\/strong>. Lo cierto es que los lectores tenemos la dicha de poder disfrutarlos a todos por igual. Y las preferencias por alguna cuent\u00edstica, m\u00e1s all\u00e1 de cualquier impulso editorial, ser\u00e1 la que llene nuestras propias b\u00fasquedas lectoras. Onetti llena con mucho la m\u00eda, al menos m\u00e1s que muchos de los cuentos de Cort\u00e1zar, con una capacidad para tocar mis venas como la que algunos cuentos de <strong>Ribeyro<\/strong> logran, o con esa furia vital que me desarma, tal como me sucede con alg\u00fan cuento de <strong>Juan Emar<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>El atractivo con que me ha atrapado Onetti es el descaro con que construye la historia de sus personajes.<\/strong> Ese supremo deseo de tapar la salida del laberinto a la rata que intenta recorrerlo. La falta de finales felices en que permean sus historias, pues en Onetti todos los personajes principales terminan por fracasar, algunos se jactan de darse cuenta, otros incluso disfrutan constatar el fracaso de los otros, y otros deciden evadirse de la realidad, ya sea muri\u00e9ndose o volvi\u00e9ndose locos. Nuestro autor se empe\u00f1a en que los lectores logremos sentirlo; como si nos permitiera asomarnos a la mediocridad de los otros, para que nuestras preclaras ideas de optimismo queden destrozadas y podamos verlas irse por el desag\u00fce. Ya lo va a conseguir, s\u00ed, pero como fantasma. Ella alcanz\u00f3 la felicidad, logr\u00f3 su sue\u00f1o, pero loca, o tal vez muerta. O es que tal vez en la mentira al fin puedan intentar ser lo que jam\u00e1s pudieron ser en vida, y deciden fingirse:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cAs\u00ed, hasta que el otro Baldi fue tan vivo que pudo pensar en \u00e9l como en un conocido. Y entonces, repentinamente, una idea se le clav\u00f3 tenaz. Un pensamiento lo afloj\u00f3 en desconsuelo, junto al perramus de la mujer ya olvidada.<\/p>\n<p>Comparaba al mentido Baldi con \u00e9l mismo, con este hombre tranquilo e inofensivo que contaba historias a las Bovary de plaza Congreso. Con el Baldi que ten\u00eda una novia, un estudio de abogado, la sonrisa respetuosa del portero, el rollo de billetes de Antonio Vergara contra Samuel Freider, cobros de pesos. Una lenta vida idiota, como todo el mundo.\u201d<\/p>\n<p>(El posible Baldi)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cAlgo extra\u00f1o estaba sucediendo a mi derecha, donde estaban los otros, y cuando quise pensar en eso tropec\u00e9 con Blanes que se hab\u00eda quitado la gorra y ten\u00eda un olor desagradable a bebida y me dio una trompada en las costillas, gritando:<\/p>\n<p>\u2014 No se da cuenta que est\u00e1 muerta, pedazo de bestia.<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 solo, encogido por el golpe, y mientras Blanes iba y ven\u00eda por el escenario, borracho, como enloquecido, y la muchacha del jarro de cerveza y el hombre del autom\u00f3vil se doblaban sobre la mujer muerta comprend\u00ed qu\u00e9 era aquello, qu\u00e9 era lo que buscaba la mujer, lo que hab\u00eda estado buscando Blanes borracho la noche anterior en el escenario y parec\u00eda buscar todav\u00eda, yendo y viniendo con sus prisas de loco\u201d<\/p>\n<p>(Un sue\u00f1o realizado)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cNo s\u00e9 si nunca en el pasado he dado la bienvenida a In\u00e9s con tanta alegr\u00eda y amor como diariamente le doy la bienvenida a Bob al tenebroso y maloliente mundo de los adultos. Es todav\u00eda un reci\u00e9n llegado y de vez en cuando sufre sus crisis de nostalgia. Lo he visto lloroso y borracho, insult\u00e1ndose y jurando el inminente regreso a los d\u00edas de Bob. Puedo asegurar que entonces mi coraz\u00f3n desborda de amor y se hace sensible y cari\u00f1oso como el de una madre.\u201d<\/p>\n<p>(Bienvenido, Bob)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Juan Carlos Onetti naci\u00f3 en <strong>Montevideo, Uruguay <\/strong>en el a\u00f1o de 1910 y muri\u00f3 en<strong> Madrid, Espa\u00f1a<\/strong> en el a\u00f1o de 1994, a los 84 a\u00f1os recostado en su cama, como un fara\u00f3n, o quiz\u00e1 todav\u00eda mejor, como imitando a aquel <strong>\u00d3scar Matzerath<\/strong> ideado por<strong> G\u00fcnter Grass<\/strong>, solo que a nuestro Onetti le faltar\u00eda apenas el tambor de hojalata, lo cual no le ha impedido llenarnos el alma del dolor humano con que ha impregnado sus historias, no sin la astucia que todo poeta necesita para la sugerencia:<\/p>\n<p>\u201c\u2014Porque usted, naturalmente, se arruin\u00f3 dando el Hamlet\u2014. O tambi\u00e9n: \u2014 S\u00ed, ya sabemos. Se ha sacrificado siempre por el arte y si no fuera por su enloquecido amor por el Hamlet&#8230;\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En este fragmento de <em>Un sue\u00f1o realizado<\/em>, el personaje se prepara para el recuerdo. La broma con que <strong>Blanes<\/strong> le critica sobre su decidido amor al teatro contra su propia econom\u00eda, da pie a la historia que decide relatar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La sugerencia de los mundos diferentes que colisionan por un espacio de tiempo, en los que se desata una pasi\u00f3n cuajada por la angustia:<\/p>\n<p>\u201cSe casaron, y Risso crey\u00f3 que bastaba con seguir viviendo como siempre, pero dedic\u00e1ndole a ella, sin pensarlo, sin pensar casi en ella, la furia de su cuerpo, la enloquecida necesidad de absolutos que lo pose\u00eda durante las noches alargadas.<\/p>\n<p>Ella imagin\u00f3 en Risso un puente, una salida, un principio. Hab\u00eda atravesado virgen dos noviazgos \u2014un director, un actor \u2014, tal vez porque para ella el teatro era un oficio adem\u00e1s de un juego y pensaba que el amor deb\u00eda nacer y conservarse aparte, no contaminado por lo que se hace para ganar dinero y olvido.\u201d<\/p>\n<p>(El infierno tan temido)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En esta historia es la joven actriz <strong>Gracia C\u00e9sar<\/strong>, quien no pretende perdonar la cobard\u00eda de <strong>Risso<\/strong> \u2014que le lleva veinte a\u00f1os\u2014 y su falsedad a los acuerdos del romance; por lo cual decide pisotearle la soledad, hasta que la tristeza se convierta en la propia tumba para resguardarse, una tristeza por lo que pudo ser y no fue, por lo que crees que eres, pero ya no logras seguir siendo; la actriz decidi\u00f3 hacerlo envi\u00e1ndole fotograf\u00edas de ella con otros hombres, al trabajo, a la pensi\u00f3n en que viv\u00eda, e incluso a su peque\u00f1a hija, arrastr\u00e1ndolo al suicidio.<\/p>\n<p>La burla es el recurso de la venganza. Y el suicidio apenas la oportunidad para alejarse del escarnio. Es la culpa ante la muerte lo que mueve tambi\u00e9n a sus personajes:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c\u2014 S\u00ed. Veintiocho d\u00edas.<\/p>\n<p>\u2014 Y hasta los ten\u00e9s contados \u2014 sigui\u00f3 Arturo \u2014. Me conoces bien. Lo digo sin desprecio. Veintiocho d\u00edas que ese infeliz se peg\u00f3 un tiro y vos, nada menos que vos, jugando al remordimiento. Como una solterona hist\u00e9rica. Porque las hay distintas. Es de no creer.<\/p>\n<p>Se sent\u00f3 en el borde de la cama para secarse los pies y ponerse los calcetines.<\/p>\n<p>\u2014 S\u00ed \u2014 dije yo \u2014. Si se peg\u00f3 un tiro era, evidentemente, poco feliz. No tan feliz, por lo menos, como vos en este momento.<\/p>\n<p>\u2014 Hay que embromarse \u2014 volvi\u00f3 Arturo \u2014. Como si vos lo hubieras matado. Y no vuelvas a preguntarme&#8230; \u2014 Se detuvo para mirarse en el espejo \u2014 no vuelvas a preguntarme si en alg\u00fan lugar de diez y siete dimensiones vos result\u00e1s el culpable de que tu hermano se haya pegado un tiro.<\/p>\n<p>Encendi\u00f3 un cigarrillo y se extendi\u00f3 en la cama.\u201d<\/p>\n<p>(La cara de la desgracia)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y es en la mujer en donde todos los personajes de Onetti terminan por sucumbir, y hacer sucumbir al propio lector:<\/p>\n<p>\u201cEra indudable que la muchacha me hab\u00eda liberado de Juli\u00e1n, y de muchas otras ruinas y escorias que la muerte de Juli\u00e1n representaba y hab\u00eda tra\u00eddo a la superficie; era indudable que yo, desde una media hora atr\u00e1s, la necesitaba y continuar\u00eda necesit\u00e1ndola.\u201d<\/p>\n<p>(La cara de la desgracia)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero ahora necesita reconocer como cad\u00e1ver a la misma mujer que le ha ayudado a superar el trauma del suicidio de su hermano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEstaba de espaldas cuando dijo:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfPor qu\u00e9 te casaste conmigo?<\/p>\n<p>El hombre le mir\u00f3 un rato las formas flacas, el pelo enrevesado en la nuca; luego camin\u00f3 hacia atr\u00e1s, hacia el sill\u00f3n y la mesa. Otra copa, otro cigarrillo, r\u00e1pido y seguro. La pregunta de la mujer hab\u00eda envejecido, marcaba arrugas, se extend\u00eda en desorden como una planta de hiedra aferrada a un muro con sus u\u00f1as. Pero tuvo que ganar tiempo; porque la mujer, aunque nunca llegaron a saberlo ellos, aunque nunca lo supo nadie, era m\u00e1s inteligente y desdichada que el hombre flaco, su marido.<\/p>\n<p>\u2014 No ten\u00edas dinero, no fue por eso \u2014 trat\u00f3 de bromear el hombre \u2014. El dinero vino despu\u00e9s, sin culpa m\u00eda. Tu madre, tus hermanos.<\/p>\n<p>\u2014 Ya estuve pensando en eso. Nadie lo hubiera adivinado. Y adem\u00e1s, no te interesa el dinero. Lo que es peor, se me ocurre a veces. Entonces vuelvo: \u00bfpor qu\u00e9 te casaste conmigo?<\/p>\n<p>El hombre fum\u00f3 un rato en silencio, diciendo que s\u00ed con la cabeza, dilatando los labios exang\u00fces encima de la copa.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfTodo? \u2014 pregunt\u00f3 por fin; estaba lleno de cobard\u00eda y de l\u00e1stima.<\/p>\n<p>\u2014 Todo, claro \u2014la mujer se incorpor\u00f3 en la cama para verle enflaquecer la cabeza endurecida y resuelta.<\/p>\n<p>\u2014 Tampoco lo hice porque estuvieras esperando un hijo de Mendel. No hubo piedad, ning\u00fan deseo de ayudar al pr\u00f3jimo. Entonces era muy simple. Te quer\u00eda, estaba enamorado. Era el amor.\u201d<\/p>\n<p>(Tan triste como ella)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Como en las anteriores historias, la muerte sigue planeando sobre los personajes sin salida que dibuja Onetti<\/strong>. La mujer atrapada en esa casa del campo de amplios jardines. Donde ni el deseo, ni el sexo, ni la maternidad le son suficientes. Y el hombre apenas es una compa\u00f1\u00eda parasitaria, que no deja de sentir curiosidad: \u201cEs posible que mi matrimonio contigo haya sido mi \u00faltima curiosidad verdadera\u201d.<\/p>\n<p>O puede convertirse en carne para la venganza: \u201cSe acostumbr\u00f3 a escupirlo y cachetearlo, pudo descubrir, entre la pared de zinc y el techo, un rebenque viejo, sin grasa, abandonado. Disfrutaba llam\u00e1ndolo con silbidos como a un perro, haciendo sonar los dedos. Una semana, dos semanas o tres.\u201d<\/p>\n<p>El enga\u00f1o, la traici\u00f3n, la infidelidad, el deseo, la cobard\u00eda, las vengancitas sobre la carne, el fingimiento, pueden tener su culmen en \u201cLa novia robada\u201d donde la mentira se vuelve para todo el poblado la realidad, todo con tal de evitar el sentimiento de culpa. La mentira que todos deciden aceptar: \u201cNada sucedi\u00f3 en <strong>Santa Mar\u00eda<\/strong> aquel oto\u00f1o hasta que lleg\u00f3 la hora \u2014 por qu\u00e9 maldita o fatal o determinada e ineludible \u2014, hasta que lleg\u00f3 la hora feliz de la mentira\u201d; porque todos (toda Santa Mar\u00eda) participaron de la burla, formaron parte del fingimiento, decidieron acrecentar la mentira en aquella mujer, en aquella prometida, en seguirle el juego e impulsarlo:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cPero fue as\u00ed, vestido, salto de cama, camis\u00f3n y mortaja. Para todos, los que hab\u00edan preferido con prudencia refugiarse en la ignorancia, para los que hab\u00edan elegido formar una dislocada guardia de corps, reconocer su existencia y proclamar que proteger\u00edamos, en lo que nos fuera posible, el vestido de novia que envejec\u00eda diariamente, que se acercaba sin remedio a una condici\u00f3n de trapo, proteger el vestido y lo ignorado, imprevisible, que llevaba dentro.\u201d<\/p>\n<p>(La novia robada)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfAcaso no se repite la idea y sensaci\u00f3n de <em>Un sue\u00f1o realizado<\/em>? Pero, claro, el escenario ha crecido, ya no es solo fingir en un teatro para alguien que te ha contratado, sino fingir como parte de la sociedad, intentando mantener la mentira del otro, y haci\u00e9ndola propia, para acompa\u00f1ar la locura de Moncha Isaurralde.<\/p>\n<p>Ya lo se\u00f1alaba Marco, los de Onetti son \u201cseres grises, aunque de tr\u00e1gico destino\u201d, hemos podido apreciarlo, es momento de que cojamos de nuevos sus cuentos y aprendamos a disfrutar de ese dolor para referenciar nuestras propias vivencias.<\/p>\n<p>Durante estas lecturas nos hemos topado con diferentes suicidas: Risso en <em>El infierno tan temido<\/em>, vemos a otro en <em>La cara de la desgracia<\/em>, el hermano del protagonista; y la mujer de <em>Tan triste como ella<\/em>. Vemos tres tipos diferentes de fingimientos: el que hace Baldi, el que preparan Blanes y el director del teatro; y el que hace toda Santa Mar\u00eda con la pobre novia, que se presiente tan fantasmal como la mujer que luego de dispararse coge su valija mientras \u201cremonta la cuesta interminable (\u2026) hasta hundirse en la luna\u201d. O tan enigm\u00e1tica como la mujer que se empe\u00f1a en que act\u00faen para ella un sue\u00f1o que ha tenido, o quiz\u00e1 incluso tan furiosa como Gracia C\u00e9sar que posa sexualmente ante la lente fotogr\u00e1fica. He ac\u00e1 los fantasmas, los fracasos, los personajes oscuros con los que Onetti logra enfrentarnos, que nos seguir\u00e1 gritando: Bienvenidos todos, al mundo de los adultos, la vida es tr\u00e1gica, temible, dura, y por lo tanto digna de vivirla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Tambi\u00e9n te puede interesar:<\/strong><\/p>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"0cfQYwv7Xm\"><p><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/ensayo\/ensayo-sobre-cuatro-cuentistas-latinoamericanos-por-adan-echeverria\/\">Ensayo | La sensaci\u00f3n del otro&#8230;en algunos cuentistas, por Ad\u00e1n Echeverr\u00eda<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" title=\"&#8220;Ensayo | La sensaci\u00f3n del otro&#8230;en algunos cuentistas, por Ad\u00e1n Echeverr\u00eda&#8221; &#8212; V\u00e9rtice\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/literatura\/ensayo\/ensayo-sobre-cuatro-cuentistas-latinoamericanos-por-adan-echeverria\/embed\/#?secret=fzV3HNR5sv#?secret=0cfQYwv7Xm\" data-secret=\"0cfQYwv7Xm\" width=\"600\" height=\"338\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">****<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1132 alignleft\" src=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w.jpg\" sizes=\"auto, (max-width: 125px) 100vw, 125px\" srcset=\"https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w.jpg 650w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w-300x300.jpg 300w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w-600x600.jpg 600w, https:\/\/grupopiramide.com.mx\/vertice\/wp-content\/uploads\/2021\/06\/ADAN-ECHEVERRIA-WEB-b30a2fc4-960w-100x100.jpg 100w\" alt=\"Minificciones\" width=\"125\" height=\"125\" \/><\/a>Ad\u00e1n Echeverr\u00eda<\/strong>. M\u00e9rida, Yucat\u00e1n, (1975). Profesor Investigador CISEAN-UANE. Doctor en Ciencias del Mar. Editor, columnista, poeta y narrador. Premio Estatal de Literatura Infantil Elvia Rodr\u00edguez Cirerol (2011), Becario del FONCA, J\u00f3venes Creadores, en Novela (2005-2006). Sus libros m\u00e1s recientes: en poes\u00eda Ciudad abierta (2019), en cuento Tutlefem\/Lerotic (ITCA 2020), en novela El corredor de las ninfas (2017). En literatura infantil ha publicado Las sombras de Fabi\u00e1n (2014).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Vidas sin salida en los cuentos de Juan Carlos Onetti &nbsp; Ad\u00e1n Echeverr\u00eda &nbsp; &nbsp; &nbsp; \u201clos h\u00e9roes de Onetti eran los m\u00e1s &hellip; <\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":1235,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[411,369,374,409,408,410],"class_list":["post-1234","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo","tag-cuento-hispanoamericano","tag-ensayista-yucateco","tag-ensayo-peninsular","tag-escritores-clasicos","tag-escritores-latinoamericano","tag-literatura-uruguaya","latest_post"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v28.3 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Ensayo | Vidas 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