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Opinión | Los parecidos / David Lara Catalán

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Por David Lara Catalán

 

Por lo regular, cuando nace un bebé se empieza a hurgar en su fisonomía. Entonces, las especulaciones o aseveraciones acerca de si se parece al papá o a la mamá, a los abuelos paternos o maternos tienen lugar y se vuelven una constante.

A veces la búsqueda de los parecidos llega hasta los tatarabuelos, no falta quien diga “sí, es igualito al abuelo que vivió hace cien años”. No falta tampoco quien afirme: “qué bonito o bonita”, pero también es posible oír la expresión “está feíto, se parece a su papá, pero ya se compondrá con los años”.

Parece haber una gran necesidad entre todos nosotros, miembros de la raza humana, en comparar y encontrar en los recién nacidos todos los parecidos posibles, así sea el mínimo rasgo, como si esto fuera la prueba contundente de que nuestro linaje continuará. Nos enorgullece, claro está, encontrar en nuestros hijos o hijas nuestros propios rasgos físicos. Desde luego, nuestros descendientes nos parecen maravillosos, únicos e incomparables.

De pronto, los años pasan y los que fueron bebés se han convertido en adultos, sin embargo, la búsqueda de los parecidos no ceja. “Es tan inteligente como su papá”, “tiene una madurez y creatividad como la de su mamá”. Sin embargo, si ese adulto tiene manías que nos desagradan entonces se parece al pariente menos apreciado y, ya en casos extremos, se asegura desconocer el origen de esas manías: “quién sabe dónde lo habrá aprendido porque en nuestra familia no habíamos tenido un caso como este”.

Poco se advierte que, ya sea en el plano físico o conductual, los parecidos son solamente eso: parecidos. Cada uno trae, al final de cuentas, lo muy particularmente suyo, justo eso que lo hará diferente de todos los demás, aunque a veces no exista, en uno mismo, mucha conciencia de esas diferencias.

Diferencias

Me gusta, de modo particular, pensar en las diferencias, incluso aquellas mínimas, casi imperceptibles para una mirada no experimentada en percibir lo que dice un gesto, una palabra o una actitud. Todo detalle cuenta, pero si ha de servir para enriquecer una idea o un punto de vista, debe ser una mirada capaz de ir más allá de lo fenoménico.

Las diferencias nos marcan, nos separan a unos de otros, y no en un mal sentido sino justo y necesariamente en lo que nos da un toque de singularidad. Pero si hemos de ser diferentes hay que decir que esto requiere agudeza, agilidad, comprensión de lo propio y de lo ajeno.

Es decir, si nos hemos de reconocer verdaderamente diferentes, hemos de ser conscientes y responsables de lo que somos y de lo que hacemos. Alcanzar a comprender nuestros límites será de gran importancia.

Perdonen el ex abrupto intelectual: en alemán existen dos sentidos del término conciencia. Por un lado, el que alude a la conciencia moral (Bewusstsein) y, por otro, el que refiere a una conciencia epistémica (Gewissen). Es decir, es importante lo que sabemos, pero también es importante lo que hacemos con lo que sabemos. En algún momento esto lo podemos considerar congruencia, lo que también marca diferencia entre todos nosotros.

Adaptación

Justo después de este periplo, a esto quiero llegar, es decir, al tema de la congruencia. Si hemos de seguir disfrutando de la convivencia humana, de una plática o de un café, entonces hemos de empezar a cuidarnos y protegernos, entre humanos y de parte de los humanos hacia la naturaleza.

Si hemos de seguir cultivando nuestras ideas, ha de ser necesaria la lectura, el diálogo franco, respetuoso y enriquecedor. Tal vez nos gustaría ir al parque y sentarnos en la hierba mientras respiramos el aire fresco, por lo cual sería fabuloso cuidar de esos ambientes naturales.

Seguramente esto, cuidado y respeto, habrán de marcar la diferencia en la era post pandémica, en donde es muy probable que tendremos escenarios que no se parecerán más a los que hemos vivido y considerado normal por muchos años.

¿Cómo nos habremos de adaptar a las diferencias que hemos de vivir en el porvenir? Darwin señaló en “El origen de las especies” que: “Las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

Recibo con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com

 

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