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Opinión | El Minotauro || Coronavirus e infamia laboral / Nicolás Durán de la Sierra

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Por Nicolás Durán de la Sierra

Tiempos raros estos de la pandemia, sin duda. Apenas inicia la reactivación económica estatal, sobre todo en la zona norte, y la segregación aparece. Según reportes del Instituto Mexicano del Seguro Social, (IMSS), de cada diez plazas laborales recuperadas, siete se dieron a los hombres y sólo tres a las mujeres y, por si ello no fuera suficiente, se trata de una tendencia nacional.

Este análisis coincide con los resultados de la encuesta nacional “Covid-19 y Mercado Laboral” realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en la que se indica que el 76 por ciento de las mujeres despedidas tiene dificultades para ser recontratadas o para hallar otro trabajo. Se estiman que, entre marzo y mayo, sólo en el estado, 56 mil mujeres perdieron sus empleos.

Si bien los estudios no explican el fenómeno —hasta hay posturas risibles como “ellas no soportan el estrés como los hombres”—, si bien las conclusiones de los estudios son especulativas, entre ellas resalta la que afirma que las empresas privilegian al hombre porque es la cabeza de la familia e importa darles ingresos, mientras que las mujeres están en el hogar.

Tal es un muy pobre consuelo para las miles de mujeres de Quintana Roo que son jefas de familia. En el Estado hay cerca de 600 mil hogares y de estos el 27 por ciento tienen jefatura femenina, es decir que casi 200 mil casas son lideradas por mujeres y, como se dijo, la tendencia va a la alza. Según informe de 2019 del Inegi, en el país tres de cada diez hogares son sostenidos por mujeres.

Por lo que toca al reporte de la segregación laboral del IMSS, por desgracia sus números son un asomo de la realidad. El Estado lidera el rol nacional del esquema del outsourcing, o de subcontratación, por lo que gran cantidad de plazas perdidas por la llegada del Covid-19 —quizá unas 50 mil—, no pudieron ser contadas y buena parte de ellas de seguro estaban ocupada por mujeres.

Tiempos extraños estos de la pandemia, sin duda, pero su rareza no excusa la infamia, y la segregación laboral es eso, una infamia. Es tiempo de solidaridad social y la solidaridad no sabe de distinciones de sexo. El trabajo es necesario tanto para unos como para otras.

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